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    Dos varas
Enrique del Val Blanco
19 de julio de 2007

Como una muestra más de la pobreza cultural de los gobiernos panistas, nos encontramos con lo que ha acon-tecido en los casos de los reconocimientos internacionales obtenidos, en primer lugar, por el campus central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que fue designado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y en segundo, por Chichén Itzá, elegido como una de las “siete nuevas maravillas del mundo”, promovido por una fundación privada.

De inicio habría que mencionar cómo han sido los dos procesos para llegar a tales determinaciones. En el caso del campus de Ciudad Universitaria ha sido un camino iniciado desde el año 2003, a partir de las varias visitas que se hicieron por parte de expertos designados, quienes recorrieron exhaustivamente las instalaciones e hicieron sus observaciones en el transcurso de estos casi cuatro años hasta llegar a la fecha de la designación por la UNESCO.

La reunión decisoria fue en la ciudad de Christchurch, en Nueva Zelanda, donde se presentaron ante los miembros de la UNESCO las candidaturas. Se presentaron más de 45, de ellas fueron escogidas menos de mitad, y el 29 de junio pasado, por unanimidad, se acordó que la propuesta de Ciudad Universitaria se declarara Patrimonio Cultural de la Humanidad, agregándose a las otras cuatro que ya habían sido reconocidas de nuestro país.

En el caso de Chichén Itzá, el organizador del evento es una fundación privada creada en el año 2001 por un aventu-rero (así dice su página oficial en internet) de origen suizo, y que se le ocurrió que habría que designar las nuevas siete maravillas del mundo a través de la votación por internet.

Para ello, organizó un panel que preside el señor Federico Mayor, y en Lisboa, con la presencia del secretario de Turismo y el gobernador de Yucatán, hace unos días fueron anunciadas las “nuevas siete maravillas del mundo”, entre las cuales se incluyó a Chichén Itzá.

Como se puede claramente apreciar, son dos procesos muy diferentes y, so-bre todo, de distinta calidad cada una de las decisiones.

En el caso de Patrimonio Cultural de la Humanidad, se trata de expertos de un organismo internacional cuyas decisiones están alejadas del mercado y, éste es un punto importante, sólo atienden a aspectos culturales previamente establecidos para llegar a la toma de sus decisiones.

En el caso de las “nuevas siete maravillas” se trata de una fundación privada que gana dinero y lo dice claramente. Del dinero que han recogido mediante el cobro de las llamadas de internet, 50% se destinará a las “siete maravillas” y el otro 50% quién sabe para quién será, más allá del aventurero suizo.

Sin embargo, lo que a muchos no ha dejado de llamarnos la atención ha sido la actitud del gobierno mexicano a través del jefe del Ejecutivo federal, quien el en caso de Chichén Itzá incluso puso al servicio del aventurero suizo la página oficial de internet de la Presidencia de la República, donde se llamó a la población a gastar su dinero, emitiendo su voto a favor. Hubo en la página un enlace directo en la fundación. También han organizado en la página gubernamental una trivia para que la gente diga cuáles son los cinco sitios mexicanos declarados patrimonio de la humanidad, y al que acierte le van a regalar discos o libros de “los proveedores”. Así lo dice la página.

El Presidente fue a Yucatán a congratularse de la decisión de la fundación privada e incluso muy oportunamente canceló la primera emisión del timbre postal en honor a Chichén Itzá en frente de la gran pirámide. Todo esto está muy bien, más allá de haberse prestado la Presidencia de la República a promocionar un negocio particular, respaldado por supuesto por los medios electrónicos, ya que para ellos era como un concurso de belleza, donde la población tiene que votar.

Pero en el caso de la declaratoria de la Ciudad Universitaria por parte de la UNESCO, hasta la fecha el Presidente no ha dicho públicamente ni media palabra, quizás porque no le han avisado, o quizás porque tiene un problema personal con la universidad pública, dado que cuando quiso estudiar en ella no pudo hacerlo y periódicamente lo manifiesta. La última vez fue en la entrega de unos premios deportivos y se lo mencionó al representante de la UNAM.

Es una lástima que el gobierno no se congratule de igual forma en ambos casos, sobre todo porque los dos son parte fundamental de la nación mexicana, son parte de su patrimonio y deberían ser orgullo de todos.

Podríamos agregar que, en el caso del campus de la UNAM, la decisión no ha sido cuestionada por nadie en el mundo, dado el reconocimiento de los procesos serios y rigurosos que lleva la UNESCO para estos casos, mientras que en el asunto de Chichén Itzá en muchos lados se ha criticado, no a este sitio, sino a varios de los otros elegidos, como por ejemplo el Cristo Redentor de Río de Janeiro, Brasil, y por no haber incluido entre otras a Machu Picchu en Perú, la Acrópolis en Grecia, que incluso la propia UNESCO la utiliza como emblema, o los jardines de la Alhambra en Granada, España, por citar algunos.

Es clara la desproporción que hay en el mundo en esto de las votaciones vía internet, según el acceso y el dinero que la población tiene a dicho sistema.

Aquí en México el gobierno y los medios electrónicos invadieron con propaganda para que la gente votara, cosa que no sucedió en otras partes del mundo donde con mayor conciencia de lo que se trataba no le entraron al negocio particular.

Estamos una vez más ante el mercado, donde se privilegia el espectáculo y no la cultura. Quizás esto esté bien para los medios electrónicos y los aventureros, pero para un gobierno que se respete debería ser diferente.

Analista político y economista

 
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PERFIL
 
Analista político y economista. Secretario general de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también actuó como contralor general. En el ámbito público, fue subsecretario de la Contraloría y subsecretario de Desarrollo Social.
 
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