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    PND: resignación a la mediocridad
José Luis Calva
8 de junio de 2007

Después de reconocer que durante las últimas décadas "el crecimiento promedio de la economía mexicana ha sido insuficiente", el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 presenta una comparación de México con exitosos países en desarrollo y reciente industrialización, la cual "deja en claro que se puede acelerar el crecimiento económico a partir de la implementación de políticas públicas adecuadas".

Destaca especialmente el caso de China, con un prodigioso crecimiento acumulado de 757% en su PIB per cápita durante el periodo 1981-2006; y Corea del Sur, cuyo PIB per cápita se incrementó 331% en igual periodo; mientras que el PIB per cápita de México apenas registró un crecimiento acumulado de 26% durante ese cuarto de siglo.

Sin embargo, el PND 2007-2012 no propone para México un crecimiento de magnitudes asiáticas. En su primer escenario -en el cual el Congreso de la Unión aprueba las "reformas estructurales" propuestas por el gobierno del presidente Calderón-, la economía mexicana alcanzaría un crecimiento de 5% anual en 2012, lo cual implicaría un crecimiento promedio de alrededor de 3.9% anual durante el sexenio (suponiendo un crecimiento cercano a 3% durante 2007).

El segundo escenario es, desde luego, peor: si las reformas propuestas por Calderón no son aprobadas, el PND pronostica un crecimiento promedio de "alrededor de 3.5% por año". De este modo, al término del segundo gobierno del PAN, incluso en el mejor de sus escenarios, México continuará siendo un país subdesarrollado, con un PIB per cápita inferior a 10 mil dólares. Ergo, para alcanzar la meta de un PIB per cápita de 29 mil dólares propuesto en la Visión 2030, los gobiernos que vengan son quienes deberán hacer prácticamente toda la tarea.

La resignación a la mediocridad es tan palmaria, que hasta el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Armando Paredes Arroyo, observó que incluso en el escenario "supeditado a la aprobación de las reformas estructurales", "la meta de crecimiento de 5% prevista en el PND es "conservadora", pues el país cuenta con el potencial para avanzar a tasas de 7%" (EL UNIVERSAL, 1 de junio de 2007 y El Financiero, 1 de junio de 2007).

No obstante, la estrechez de objetivos no es lo más inquietante.

Lo peor es que aun las metas mediocres podrían resultar exageradas, puesto que se mantiene sin cambios la estrategia económica neoliberal, que ha traído consigo casi un cuarto de siglo perdido para el desarrollo. Recuérdese que la diferencia entre el éxito económico de China, Corea del Sur y otros países versus el pésimo desempeño de la economía mexicana durante este periodo deriva de las diferencias en sus estrategias de desarrollo. México aplicó la ortodoxia del Consenso de Washington, id est, una estrategia neoliberal que comprendió: la apertura comercial unilateral y abrupta; la supresión o brutal reducción de las políticas de fomento económico general y sectorial; la liberalización acelerada e imprudencial del sistema financiero; la liberalización a ultranza de la inversión extranjera; y, por si fuera poco, la ortodoxia macroeconómica que atiende solamente la inflación y el balance fiscal, pero cancela la función contracíclica de las políticas macroeconómicas (monetaria, cambiaria y fiscal) para sostener el crecimiento del producto nacional y del empleo.

Contrario sensu , las estrategias económicas desplegadas por los exitosos países asiáticos nada tienen que ver con el Consenso de Washington. Sus modelos de desarrollo se han basado, más bien, en la combinación de políticas sustitutivas de importaciones con una promoción agresiva de sus exportaciones, apoyadas ambas en un fuerte intervencionismo del Estado (como planificador, regulador y promotor de la industrialización a través de múltiples instrumentos: fiscales, crediticios, administrativos y promociónales específicos); en un fuerte impulso institucional al desarrollo tecnológico endógeno y adoptado; en una fuerte base de acumulación endógena (la tasa de ahorro interno supera 30% del PIB en Corea del Sur, 40% del PIB en China, etcétera, mientras que en México apenas alcanzó 20.1% del PIB durante el pasado sexenio), combinada con una regulación sustancial, aunque decreciente, de la inversión extranjera; en la regulación y subordinación del sistema financiero a su estrategia de industrialización; y en la aplicación de políticas macroeconómicas (monetaria, fiscal y cambiaria) orientadas al crecimiento sostenido de la economía real y no sólo al control de la inflación y del balance fiscal.

Por eso, lo realmente preocupante es la resignación al modelo neoliberal como realidad inamovible o destino manifiesto. De hecho, el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 reitera la fidelidad a la ortodoxia macroeconómica (que erige el binomio estabilidad de precios-equilibrio fiscal, en objetivo prioritario a ultranza), así como el apego a los demás dogmas del Consenso de Washington (la liberalización a ultranza del comercio exterior, de los mercados financieros, etcétera). Causas iguales producen efectos iguales: eo ipso, durante el periodo de operación del PND 2007-2012, el miserable desempeño de la economía mexicana será otra vez el resultado de la ortodoxia neoliberal.

Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM

 
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PERFIL
 
Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. Especialista en economía agrícola y desarrollo rural, fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo en 1999, por artículo de fondo publicado en EL UNIVERSAL, donde colabora desde mayo de 1995. Ha impartido numerosos cursos en universidades de México y el extranjero y participado como ponente en más de 200 seminarios y congresos científicos. Entre sus logros se cuentan también el Premio en Investigación Económica "Maestro Jesús Silva Herzog" 1999, el Premio Universidad Nacional 2001 en ese mismo ramo y el Primer Premio Nacional de Periodismo en Análisis Económico 2001, otorgado por el Club de Periodistas de México, A.C.
 
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