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    Ejército y política
José Fernández Santillán
22 de mayo de 2007

En este inicio de sexenio el presidente Felipe Calderón ha puesto en el primer lugar de su agenda el combate al narcotráfico y como protagonista de esa lucha al Ejército. Ordenó, inmediatamente, sendos operativos en distintos estados y ciudades del país. Para no dejar lugar a dudas sobre la relevancia otorgada a las Fuerzas Armadas, el pasado 19 de febrero, Día del Ejército, el primer mandatario anunció mejoras sustanciales a los sueldos y prestaciones de los soldados y oficiales. Hay una intención evidente del jefe del Ejecutivo por granjearse el apoyo de los militares. Con ese respaldo quiere hacer efectivo el eslogan de campaña "mano firme contra el narcotráfico".

Poner por delante al Ejército para restablecer el orden muestra que las otras instancias de seguridad fallaron. Los cuerpos policiacos regulares y especializados junto con la procuración de la justicia han resultado inoperantes para detener la barbarie.

Frente a este panorama vale la pena recordar que un Estado bien constituido se organiza como una especie de círculos concéntricos en los cuales el núcleo está constituido por el poder soberano. En esta disposición estratégica el Ejército constituye el anillo último de protección del eje rector conformado por las instituciones de la República. Por ello, recurrir a los militares para que suplan la incompetencia de los demás mecanismos de defensa es síntoma de debilidad y de riesgo inminente de descomposición social.

Para empeorar las cosas resulta que el Ejército no ha podido contener a las agrupaciones mafiosas y, en cambio, está recibiendo duros reveses como el ocurrido en Carácuaro la noche del 1 de mayo cuando cinco militares fueron asesinados con sicarios del narco. Y es que, de suyo, la misión de las Fuerzas Armadas no es esa. Hay una falta de perspectiva en el planteamiento gubernamental: la "guerra contra el narcotráfico" es una contradicción en los términos porque una guerra implica dos ejércitos en combate regular. Estamos, en cambio, en presencia de una "asimetría" entre los protagonistas. Valga la metáfora: se quiere exterminar una plaga de marabuntas a cañonazos.

Son otros los medios que se deberían utilizar para combatir a los cárteles de la droga. Por ejemplo, una estrategia diversificada en términos institucionales y sectoriales: la reestructuración de las fuerzas policiacas, la detección bancaria y financiera del lavado de dinero y el desmembramiento de las redes de apoyo político que cubren a los narcotraficantes.

Mientras tanto Calderón sigue empeñado en un juego demasiado arriesgado: le está dando una importancia no solamente operativa, sino sobre todo política al Ejército. Cuidado: recordemos que la clave de la conformación de la República tal y como la conocemos fue el paso del militarismo al civilismo. A lo largo del siglo XX, ningún otro país iberoamericano, salvo México, logró meter a los militares en los cuarteles para dar lugar a gobiernos civilistas. Esa fue la base de la estabilidad política y de la paz social de las que gozó el país durante tantas décadas. Hoy, al contrario, se pretende rehabilitar al Estado con base en una militarización soterrada.

Convendría traer a la memoria la célebre frase de Talleyrand-Périgord: "Con las bayonetas se pueden hacer muchas cosas, menos sentarse en ellas".

jfsantillan@itesm.mx

Académico del ITESM-CCM

 
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PERFIL
 
Director del Centro de Investigaciones en Humanidades, ITESM-CCM. Es doctor en Ciencias Políticas por la UNAM y la Universidad de Turín, Italia. Recibió el Premio Nacional en Administración Pública del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP) en 1980 y el Premio Nacional Universitario en Ciencias Sociales. Es reconocido como investigador nacional. Ha escrito ampliamente en las áreas de administración pública y democracia.
 
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Repunte del sindicalismo 8-mayo-2007
 
Iglesia y Estado 24-abril-2007
 
 
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