| Nos queda la sensación de no haber aprendido nada con el transcurrir de la historia, y si bien el hombre parece estar condenado a repetir sus errores, la evolución, los avances técnicos, informáticos, y una supuesta conciencia social con la trascendencia del reconocimiento de los derechos del hombre, debieran hacer que nuestra conmemoración de un nuevo día del trabajo, permitiera recordar a los Mártires de Chicago, obreros ejecutados por reclamar con valor sus legítimos derechos, una jornada máxima de ocho horas de trabajo, como un evento histórico superado; recordarlo como lo que fue, el origen de una Jornada Mundial de Reivindicación, que de haber visto culminados sus reclamos, mantendríamos hoy a 121 años de distancia tan sólo en el recuerdo. Sin embargo, es necesario reconocer que se han olvidado los reclamos de una clase trabajadora que cada día ve cómo se van desvaneciendo aquellos logros que propiciaron un mejor nivel de vida, de ingreso, con acceso a seguridad social integral, que incluye la salud del trabajador y su familia, recreación, capacitación, obtención de vivienda; en fin, mejores expectativas de vida y patrimonio, que ahora disminuyen ante la incapacidad de generar empleo, estable, seguro, bien remunerado y de establecer y hacer efectivas condiciones que impidan el trabajo de los menores y las peores formas de explotación que condena la Organización Internacional del Trabajo, a la que pertenecemos. Ante la responsabilidad del Estado impuesta por la Constitución, contrariamente ha permitido con la "flexibilización" laboral, la falta de garantías y un estado de indefensión en los trabajadores y hoy, un escenario que no atina a evaluar con claridad el entorno laboral. Frente a los logros hasta hoy obtenidos por los trabajadores en México al igual que en todo el mundo, producto de las conquistas del movimiento obrero organizado, plasmadas en contratos, leyes e instituciones, los cambios en las estructuras económicas, el crecimiento poblacional, la migración, el cambio en la vocación productiva y la falta de inversión para la producción, han ido minando el desarrollo de las sociedades y la superación en las condiciones de vida. Si las organizaciones sindicales, o cualquier otra forma de organización que les sustituya recobraran la credibilidad, coadyuvarían a la obligación del Estado para crear una auténtica mejora social y laboral, frenando el desempleo, la pobreza y la marginalidad. Los trabajadores deben recuperar el sentido y la fuerza, el sentido de lucha y de clase hoy tan en desuso. En el marco de éste día cuya celebración en México se instituyó en 1923 como una fiesta de la clase obrera, es propicio invitar a evaluar los errores cometidos y los temas a resolver, rescatar y fortalecer nuestras instituciones de seguridad social con acceso real a la salud y bienestar, a una pensión suficiente para la vejez, las instituciones de trabajo, la impartición pronta y expedita de justicia laboral y valorar responsablemente las condiciones en que una reforma laboral conlleve al progreso con garantías para todas las partes involucradas en la relación de trabajo, y de ninguna manera retroceso, con instrumentos que hagan efectivos derechos, que otorguen seguridad jurídica, que propicien desarrollo. La reflexión en éste día me lleva a la demanda lamentablemente todavía vigente que conforma la búsqueda de la verdadera justicia social. Miembro de BMA.Colegio de Abogados |