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    Modificación ¿profunda?
Macario Schettino
30 de abril de 2007

El miércoles pasado se instaló la comisión del Congreso que se hará cargo de impulsar la reforma del Estado. La ley que le da origen se publicó el 14 de abril, así que en ese mismo día, en 2008, habrá terminado el proceso de cambios profundos al Estado mexicano. Finalmente, la ley sólo consideró cinco puntos generales sobre los que se buscará la reforma: la forma de gobierno, el asunto electoral, el federalismo, el Poder Judicial y las garantías sociales. La reforma hacendaria se dejó fuera, posiblemente para no contaminar los otros cinco puntos, o tal vez por su magnitud. No lo sabemos con certeza.

Desde que se anunció la idea de tener una ley que obligara a los acuerdos, muchas voces han expresado dudas al respecto. Sin embargo, hay que considerar que estamos ahora más cerca de lograr reformas que en cualquier momento previo. Durante el sexenio de Fox, a pesar de su llamado a renovar la Constitución, nunca hubo avance significativo. Ahora no sólo la ley fue aprobada, por unanimidad, sino que además el evento de instalación de la comisión permitió un acercamiento de fuerzas políticas poco común en los últimos tiempos.

Por otra parte, hay condiciones estructurales que favorecen los acuerdos. Entre ellas, que estamos bastante lejos de una elección presidencial, y aunque hay muchos que ya se apuntan para 2012, no hay urgencias. Otro factor a favor es que, a pesar del conflicto postelectoral del año pasado, las fuerzas representadas en el Congreso parecen haber entendido que necesitan negociar, y hacen esfuerzos para ello.

Hay también factores que juegan en contra. El más importante, a mi forma de ver, es la tensión interna de los partidos políticos, que les hace difícil tener posiciones internas coherentes. Hay al menos dos fuerzas claramente separadas al interior del PAN y el PRD, que posiblemente alcancen un equilibrio hacia fines de este año, pero que hoy mismo no permiten prever la dirección que cada partido tomará. En el caso del PRI, el asunto parece ser todavía más complicado, puesto que parecen existir más de dos fuerzas, y varias personas que, a pesar de lo dicho arriba, están apostando por la Presidencia demasiado temprano. Finalmente, no debemos menospreciar a un par de partidos pequeños que han mostrado capacidad política y legislativa muy superior a su tamaño relativo.

Aunque en la visión global no se puede prever la dirección en que se lograrán los acuerdos, me parece que sí es posible esperar que se alcancen. Hay en la clase política una comprensión mayor de la magnitud de los problemas que enfrenta el país, y de la necesidad de modificar algunos asuntos antes de llegar a la elección intermedia. Varios de los congresistas que están en la comisión han mencionado el tema electoral, por ejemplo. Parece evidente que habrá cambios en este tema, pero no podemos determinar la dirección. Sería bueno, para la sociedad, que fuese más fácil hacer partidos políticos y que al mismo tiempo hubiera menos dinero para estas organizaciones. Pero esto no necesariamente conviene a todos los involucrados en la negociación.

En otros temas hay todavía menos claridad en la agenda. Con respecto al federalismo, por ejemplo, nos sobra retórica, y nos falta un mundo en la práctica. No hay federalismo si las entidades federativas (y municipios) no son capaces de financiarse sanamente, y no pueden hacerlo. Tampoco lo hay cuando las policías locales y estatales no sirven para nada, como parece ser evidente. Nos decimos federales por pura costumbre. Pero este país es central, y en buena medida por desidia de las autoridades estatales y municipales, que prefieren extender la mano a la Federación a cobrar ellos los impuestos.

Si la comisión logra impulsar acuerdos en el orden en que se presentan los temas, vamos por buen camino. Los dos elementos más importantes para que los cambios funcionen son los dos primeros: forma de gobierno y reforma electoral. Los cambios en las reglas del juego político permitirán mejores decisiones, en el futuro, sobre los otros temas. Sin embargo, sería bueno insistir en que la reforma no debe servir para venganzas políticas, sino para tener un mejor gobierno. Eso esperamos los ciudadanos, al menos.

macario@macarios.com.mx

Profesor de la EGAP del ITESM-CCM

 
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PERFIL
 
Director de Investigación y Programas Doctorales en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), campus Ciudad de México. También es director de Negocios de EL UNIVERSAL y director general de Análisis y Prospectiva Económica, S. C. Se ha desempeñado como coordinador de Planeación del Gobierno del Distrito Federal, así como asesor en organismos públicos y privados.
 
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Propuestas tributarias 16-abril-2007
 
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Heberto y el PRD 3-abril-2007
 
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