| La semana pasada hablé en este espacio de la pobreza, tratando de dar una visión somera por supuesto, de algunas de las muchas formas que hay ahora de definirla. Yo no sabía, y una amable lectora me lo hizo ver, que para la conceptualización del término y de quiénes caben en él, ha corrido y sigue corriendo sangre, pues verdaderas batallas se pelean cotidianamente entre los especialistas. Y entendí también que esto no es banal, porque de lo que se concluye dependen las políticas públicas que se ponen en práctica y quienes son sus beneficiarios. Uno supondría que es muy sencillo y que los beneficiarios de las políticas públicas contra la pobreza son los pobres. Y supondría que si se pregunta ¿quiénes son los pobres?, la respuesta sería las personas que carecen de los bienes y servicios considerados básicos e indispensables, y que carecen además de la posibilidad y la oportunidad de acceder a ellos. Pero el problema surge, como vimos, con la definición de lo que es básico e indispensable, pero también con quiénes caben en los parámetros de carencia de oportunidades. Por ejemplo, para Geremek los pobres son "esa masa amorfa de contornos mal definidos que son descritos con expresiones genéricas pero expresivas: los miserables, los desheredados, los debiles". Mientras que para Gans son los que realizan el trabajo sucio, pesado y repetitivo, con horarios extensos y rígidos. Hay en estas dos visiones por lo menos una diferenciación entre quienes tienen empleo, por malo que sea, y quienes ni eso. De allí que si se pregunta ¿cuál es la manera adecuada de resolver esta situación? La respuesta tampoco será fácil. Se supone que para todos los pobres debe haber una primera fase "remedial", pero necesariamente hay que pasar a la siguiente etapa, en la que se genere acceso a los servicios y bienes, y a los derechos y oportunidades de empleo, educación, producción, mercado. En México hemos tenido siempre prácticas remediales, desde las de caridad o beneficencia que hacen personas, grupos o instituciones particulares, hasta las asistencialistas que hace el gobierno. Y a partir de mediados del siglo XX, también tenemos las de seguridad social. Aquéllas tienen que ver con el auxilio directo (dinero, alimentos, medicinas, techos, ropa) para atender a la necesidad inmediata, mientras que éstas tienen que ver con un derecho de los ciudadanos de recibir salud, educación, vivienda y nutrición. El asistencialismo puede incluir a quienes tienen empleo y a quienes no, pero la seguridad es solamente para quienes sí lo tienen y están organizados. Si se hubiera cumplido lo que nos prometieron, a estas horas ya no sería necesaria la asistencia remedial porque todos tendrían derechos como ciudadanos. Pero resulta que no es así. Con todo y que desde hace un siglo nuestro discurso público se sostiene sobre la afirmación de que el objetivo principal del desarrollo y la misión central de nuestros gobiernos consiste en conseguir la justicia social, y que eso significa combatir la pobreza, la marginación, la vulnerabilidad y la falta de oportunidades; y que para eso se han creado leyes, instituciones y programas que "garantizan" los derechos sociales. Con todo y que en todo este tiempo nos han dado cifras del incremento en el acceso a la escolaridad y a la salud, de construcción de vivienda y dotación de servicios, de las "toneladas de víveres" y "de obsequios útiles" que se han regalado, de los "cientos de créditos y préstamos" que se han hecho accesibles; con todo y que cada vez que suben el precio de la gasolina dicen que es para "ayudar a la lucha contra la pobreza" o cuando aumentan el precio de la luz aseguran que es "para financiar la educación básica" y con todo y que una y otra vez nos han asegurado que esas acciones han sido "éxitos rotundos", la seguridad está en franca crisis por falta de recursos y mal manejo de los mismos y en las prácticas asistenciales no están todos los que son; millones no tienen acceso a ellas. En síntesis: no hemos visto disminuir de manera significativa la cantidad de pobres en el país (con cualquier definición de pobreza y de pobres que se quiera) ni la profundidad de la pobreza para usar una expresión de Julio Boltvinik. Entonces tanta sangre derramada en debates conceptuales, tanto gasto en leyes, instituciones, planes y programas, tantas personas y organismos gubernamentales y no gubernamentales empleados en este asunto, tantas mediciones y cálculos. y los pobres allí siguen y no me cabe duda que queriendo ser beneficiarios de alguna política pública, la que sea, pero alguna. sarasef@prodigy.net.mx Escritora e investigadora en la UNAM |