| Al fin el pasado martes se aprobó en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal la propuesta para, bajo ciertas condiciones, despenalizar el aborto en esta ciudad. Esperamos que poco a poco esta medida pueda ser extendida a todo el territorio nacional, para protección de las mujeres, especialmente aquellas de pocos recursos que, como siempre, son a las que peor les va en este tema. Al tiempo que se daba esa discusión, a escasos metros de la Asamblea, en el Senado de la República se firmaba un convenio por medio del cual este órgano de gobierno y la Universidad Nacional Autónoma de México colaborarán, entre otros temas, en las celebraciones del bicentenario de la Independencia, el sesquicentenario de la Constitución de 1857 y el centenario de la Revolución. En dicha reunión, el rector de la UNAM expresó que "una democracia o es laica o no es democracia". La tesis es totalmente oportuna ante lo que ocurre hoy en nuestro país, fundamentalmente como producto de la grosera injerencia de una de las iglesias registradas, la católica, en ámbitos que corresponden al orden civil. El tema de la despenalización del aborto ha sido utilizado por los jerarcas religiosos y fundamentalmente el Partido Acción Nacional para atacar a las instituciones civiles con argumentos trasnochados, como hemos visto en los mensajes televisados del PAN, a los que hasta la Suprema Corte de Justicia, que de revolucionaria tiene poco, ha cuestionado y solicitado su retiro de la pantalla. Al finalizar la citada reunión para la firma del convenio, el senador Santiago Creel mencionó a la prensa que el tema de la laicidad estaba resuelto desde el siglo XIX y que mal haríamos en airearlo. El verdadero problema radica en que quienes están promoviendo de nuevo la revisión del tema son precisamente la Iglesia católica y sus aliados, como el PAN. Es sorprendente la beligerancia que en los últimos días ha tenido la Iglesia católica, llegando al extremo, según ha aparecido en la prensa, de tener que enfrentar un proceso administrativo iniciado por la Secretaría de Gobernación en contra del cardenal Rivera y su vocero, por violaciones a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. La soberbia del cardenal es conocida y reconocida por todos, por lo que había que ponerle límites. Han cometido error tras error, comenzando por el mensaje del Papa, las intervenciones de altos funcionarios del gobierno en el tema, la utilización de los sermones dominicales para alentar la división, entre otros. Lo que ocurre es que desde las modificaciones al artículo 130 de la Constitución mexicana, en el régimen priísta de Carlos Salinas, la Iglesia católica ha creído que cada día debe ir por más, hasta lograr que este país sea un Estado confesional, y para ello ha contado con la complicidad de los gobernantes. Es por eso que la afirmación del rector De la Fuente debe ser tomada en cuenta por todos. La única forma en que este país puede salir adelante es a través de la democracia, pero una democracia laica, al igual que la tienen otros muchos países, cuyos pueblos son mayoritariamente católicos, pero claramente tienen definida la separación del Estado de las cuestiones religiosas. La Constitución y las leyes mexicanas permiten que cada ciudadano crea en lo que quiera y da un margen de actuación para las diversas iglesias. Por cierto, a excepción de la católica, el resto de ellas han sido respetuosas con las decisiones de la autoridad civil; quizás por eso cada día son más los creyentes que abandonan al catolicismo y optan por otras creencias. A nadie se le persigue por lo que piensa, pero a todos se nos pide respeto a ley, y por lo visto esto es en lo que no están de acuerdo los jerarcas de la Iglesia católica. Temas como la salud y la educación deben estar al margen de las creencias religiosas. Si no, las sociedades no avanzan. En materia de salud hay que estar del lado del desarrollo científico y la protección de todos los seres humanos; por tanto, el uso del condón, la despenalización del aborto y la futura discusión sobre la eutanasia son todas ellas medidas en favor de los seres humanos. Es sintomático que en estos temas la Iglesia católica se ponga en contra, con argumentos sacados de la superchería tan rica que tienen y conservan desde hace siglos. La educación también es otro tema delicado, ante el cual el Estado debe ser el conductor de ella en todos los niveles. Por ello preocupan algunas actividades del gobierno en esta materia, como la recientemente creada fundación Mexicanos Primero, donde, supuestamente mediante un catálogo, los hombres más ricos de este país van a mejorar la educación en todos los rubros. Entre los puntos del catálogo hay algunos inquietantes, como son el cambio en la proporción del gasto público para la educación o de participación ampliada de la sociedad en la toma de decisiones. Querer convertir a la educación en un "teletón" es un grave error del gobierno y no es el camino adecuado para mejorarla. Además, tenemos también el tema de la educación religiosa, que día a día cobra mayor auge en nuestro país, lo cual tampoco es una buena noticia para la democracia mexicana. El conocimiento es algo científico, no materia de enseñanzas tergiversadas por la religión, por lo que el gobierno debe estar muy atento a esto. Es por lo anterior que hoy cobra vigencia el planteamiento del rector en defensa de la laicidad, ya que, como ocurrió en los siglos pasados, es primordial, especialmente considerando las embestidas de la Iglesia católica, que como es bien sabido no es de las más evolucionadas en el mundo. El gobierno debe actuar de manera decidida para poner a cada quien en su lugar: las cuestiones civiles, a los civiles; las cuestiones religiosas, dentro de sus templos. Analista político y economista |