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    En conciencia
Julián López Amozurrutia
26 de abril de 2007

La despenalización del aborto en el Distrito Federal deja abiertas graves cuestiones que no se resolverán en agitadas polémicas parlamentarias ni en debates mediáticos, sino en la vida cotidiana de las personas. Tal vez no entren en el rubro de la "salud pública", pero influirán sin duda en el ánimo colectivo y en los comportamientos de los ciudadanos, en sus opciones políticas y religiosas y en las relaciones familiares y sociales.

La ley no sólo cumple la función de regular la convivencia social, sino también la de indicar de manera pedagógica los valores y principios que sustentan el ethos de la colectividad. Tal como ha quedado, con el argumento de la libertad de decisión sobre el propio cuerpo se ha lanzado un equívoco mensaje sobre el valor de la vida humana indefensa y sobre la responsabilidad que los varones tienen delante de un embarazo.

Habiéndose llegado al extremo de redefinir la palabra "aborto", debo aclarar que la utilizo aquí no de acuerdo con la nueva legislación, sino con la definición del Diccionario de la Real Academia, como interrupción del embarazo, sin especificar tiempos, entendido bajo la acepción de cuando es deliberadamente provocado.

Dos cuestiones quedan ahora planteadas, ambas referidas a la conciencia personal. En primer lugar, es necesario definir los mecanismos que garanticen la objeción de conciencia en la práctica de abortos. No se trata sólo de médicos, sino de todo el personal sanitario y administrativo que trabaja en el ámbito de la salud. Se ha esgrimido que la nueva ley no obliga a nadie a abortar, y por lo mismo tampoco podría obligar a nadie a ocuparse en dicho campo.

Sin embargo, de hecho reclama la existencia de instituciones con personas "disponibles" para ello. ¿Hemos de entender, por lo tanto, que en principio todos los médicos han de estar disponibles, y sólo los que no estén de acuerdo deberán argumentar objeción de conciencia para que no se les involucre en dicha acción? O bien, ¿contaremos con elencos de médicos que estén disponibles para practicar abortos?

La mayor parte de los médicos orientaron su vida por tal opción vocacional a partir de la convicción de la bondad de la lucha por la vida, y dudo que sean muchos los que tengan deseos de ser identificados públicamente con dicha práctica. ¿Habrá que añadir una cláusula al juramento hipocrático?

La otra cuestión se refiere al acompañamiento humano de las mujeres que han abortado y las personas que han colaborado en abortos. Se trata de un tema ampliamente ignorado, pero cualquier consejero, trabajador social, sicólogo o sacerdote conoce los estragos que el aborto deja en la conciencia de las personas.

Por más que la ley lo "permita", el reclamo natural permanece. La misma polémica de estos meses me ha hecho testigo de gran número de casos que volvieron a sentir abiertas las heridas de su historia personal vinculada a casos de aborto. A este propósito, especialmente entre católicos es necesario retomar el rostro misericordioso de nuestra fe.

Es verdad que en el debate se ha hablado con crudeza del aborto y sus consecuencias canónicas. Contemplar imágenes del proceso de gestación no puede sino mover profundamente la conciencia y plantear con seriedad la responsabilidad de todos nuestros actos y el sentido definitivo de la existencia.

La experiencia pastoral demuestra la infinidad de casos que concluyen con un doloroso y sincero arrepentimiento que se convierte en un renovado compromiso por la vida. Es momento de recuperar la fuerza sanadora del perdón en la conciencia.

teyamoz@prodigy.net.mx

Sacerdote y teólogo católico

 
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PERFIL
 
Participó en la Ciudad del Vaticano como Auxiliar en la Secretaría del Sínodo de los Obispos durante la Asamblea Extraordinaria para América en noviembre y diciembre de 1997. Desde el año 2001 es Director Espiritual adjunto en el Seminario Conciliar de México. De 2001 a 2003 es Coordinador Académico del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos, del cual es desde el 2003 Director General. Desde el 2001 es también profesor en la Universidad Pontificia de México en el área de Dogmática. Ha colaborado también en otros centros, entre los que destaca el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, y ha fungido como perito en Teología en distintas actividades eclesiásticas, así como conferencista en diversos centros educativos. Actualmente es también miembro del Consejo de Bioética de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Ha participado en diversas publicaciones especializadas y de divulgación como autor y editor.
 
Editoriales anteriores
 
Sartori y el ´homo videns´ 12-abril-2007
 
El derecho de vivir 29-marzo-2007
 
La pendiente del aborto 15-marzo-2007
 
 
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