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    El lector de inconscientes
María Teresa Priego
26 de abril de 2007

"Desafortunadamente no podemos cerrar las bibliotecas del mal, ni destruir sus cinetecas que se reproducen como virus infectos". Amato, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En el momento de la declaración, se celebraba el Día Mundial del Libro. En otro espacio. Ciertamente. En homenaje a la pasión por el verbo. A Cervantes y a Shakespeare. Qué choque de trenes esos dos mundos. El del verbo prescrito, despótico e inapelable de Amato. Y el del verbo escrito y por escribirse. Ya no pueden quemar los libros. ¿Las palabras de quién enviarían a los sótanos? O más bien. ¿Las palabras de quién no?

En la declaración de Amato. En las palabras del ahora "difamado" Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis, reencontré una cierta Iglesia católica. De la que tantas/os salimos corriendo. No porque defienden la vida desde la concepción. Sino por la manera en que pretenden defenderla. Como los jueces enfurecidos del spot que el PAN está obligado a retirar. Los conocen bien. Se inspiraron de cerca. El "Gran Otro" da un martillazo sobre la mesa. Ellos saben. Ellos hablan por todas y cada una de las mujeres. Responderle a Valdemar se convierte en un ataque contra la entera Iglesia. Valdemar no es una institución ambulante. Es un ser humano responsable de las palabras que enuncia. Nadie deja de admirar la obra de Santa Teresa de Ávila, por afirmar que el vocero "llamaba al odio". Es inexacto: no lo llamaba. Parecía traerlo dentro.

"Encabezamos nuestra peregrinación con la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe. ellas seguramente llevarán a la Santa Muerte al frente porque son protagonistas de la muerte, del homicidio, del holocausto, de la masacre de los no nacidos". Fue justicia poética constatar en un diario. Que los adoradores de la "santa muerte" se sumaron a la peregrinación "por la vida", y parece que les aportaron además miles de firmas contra la despenalización. Lección para Valdemar: no es bueno andar estereotipando a sus aliados potenciales.

Su "lectura" del inconsciente de María Consuelo Mejía, directora de Católicas por el Derecho a Decidir, a quien llamó "la mataniños", y del inconsciente de "las feministas". Es una joya del "sicoanálisis" de alcantarillado. Poveretto Segismundo Freud. Quien además encabezaría las listas de las bibliotecas clausuradas. Valdemar dixit: "Lejos de defender los derechos de la mujer, con sus acciones, estos grupos muestran un complejo de inferioridad terrible y el enorme odio que le tienen a su género. solamente una mujer que odia a otra la puede incitar al asesinato de su propio hijo, y lo que ellas buscan es que la mujer no acepte su maternidad".

El señor Valdemar se interesó en las vidas de las feministas. Deseos más íntimos. Complejos y mecanismos inconscientes. No querríamos no devolverle la cortesía: ¿cómo fue ese llamado suyo hacia un proyecto de vida, que lo llevó a renunciar al don de la paternidad? ¿Se da cuenta de que su elección sería ampliamente interpretable desde la misma técnica sicoanalítica de aguas negras? ¿Le gustó Tótem y tabú? ¿Y él? ¿Qué siente hacia las mujeres que no tienen razón -ni sinrazón- alguna para reconocerlo en el lugar del "padre", las que están más allá de su poder? Las que miran hacia otro lado. Las que leen otros libros y creen en otras palabras.

Valdemar sabe que la despenalización del aborto. No obliga a nadie a abortar. Sabe que allí donde su palabra de "padre" sea eficaz. Las mujeres continuarán sus embarazos. Que allí donde los "hombres de la Iglesia" sean capaces de acercarse a sus fieles y transmitir sus enseñanzas, el óvulo fecundado será reconocido como persona. ¿Cuál es entonces su "miedo paranoico"? Ya no hay manera. De cerrar las bibliotecas. Pero la fuerza de su verbo. Es toda suya.

Escritora

 
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