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    Una real democracia
Esteban Moctezuma Barragán
20 de abril de 2007

La democracia a la que aspiramos los mexicanos no es solamente una estructura jurídica y un régimen político, sino un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo, pero los partidos políticos han secuestrado el concepto de la democracia y la limitan a bandera electoral.

Por ello, el desafío que tenemos los mexicanos para consolidar la democracia está más relacionado con un esfuerzo de profundización cultural que de modificación de leyes y de instituciones.

Democrático es reconocer y apoyar una iniciativa de otra fuerza política distinta a la propia, si abona al mejoramiento económico del pueblo.

Democrático es apoyar un programa de un gobierno de otro signo político, si fortalece el desarrollo social del país.

Democrático es participar en procesos de diálogo y discusión de las ideas, que profundicen la cultura de inclusión y equidad en nuestra sociedad.

Pero hay muchos signos que muestran la lentitud con la que avanzamos en el verdadero ideal democrático.

No sólo los partidos están en falta; los mismos gobiernos federal, estatales y municipales no seleccionan a los funcionarios públicos con base en sus perfiles y capacidad para responder a las necesidades de la colectividad, sino de acuerdo con su militancia partidista.

Primero es la lealtad al partido en el poder y después las capacidades y competencias para el encargo, lo que ha generado una creciente ineficiencia gubernamental, en todos los órdenes.

Samuel Huntington decía en su conocido análisis del cambio político en las sociedades en transición que lo más relevante en una nación no es tanto su forma de gobierno, sino su grado de gobierno.

En México hemos caído en la exaltación de la democracia para arribar al poder, pero una vez instalados los gobiernos, lejos de pensar en la próxima generación sólo piensan en la próxima elección.

Los resultados son el debilitamiento del aparato estatal, la falta de efectividad para aplicar la ley y la falta de solidez en la moral pública, frente a graves amenazas del crimen organizado.

El viejo anhelo conservador de "paz y orden" no se alcanza. Ni vivimos en paz, ni mucho menos en orden. El viejo anhelo progresista de "justicia y equidad" no se alcanza. Ni generamos una sociedad justa, ni mucho menos equitativa.

Así, el reto del PAN es volver los ojos a las necesidades reales de la sociedad y quitarlos del 2012.

El reto del PRD es construir una oferta política progresista que esté a la altura de su presencia y crecimiento en el espectro político nacional.

El reto del PRI es poner su experiencia al servicio del cambio estructural del país.

Pero el mayor reto, es el de la sociedad mexicana que no vive de la política porque ésta debe participar cada vez más activamente en el fortalecimiento de una cultura democrática.

El liderazgo debe surgir, fortalecerse y prevalecer en todos los ámbitos de la vida nacional: el comunitario, el académico, el profesional, el sectorial, el vecinal, generando respuestas de las partes al todo, de abajo hacia arriba, en un real empoderamiento ciudadano que proponga y exija.

Sólo así se manifestará el México todavía no representado. La democracia de hoy es alimentada y sirve al México moderno, pero no le ofrece nada al tradicional y mucho menos al marginado.

Cuando la democracia tenga que ver con el reconocimiento del racismo en México, cuando signifique verdaderas oportunidades de movilidad social, cuando esté presente en el sistema de justicia y cuando mida a los gobiernos por sus resultados, entonces sí estaremos construyendo el anhelo expresado en el artículo tercero constitucional.

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca

 
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PERFIL
 
Presidente ejecutivo de Fundación Azteca. Fue secretario de Gobernación durante los primeros años del sexenio de Ernesto Zedillo y, posteriormente, secretario de Desarrollo Social. En su partido, el Revolucionario Institucional (PRI), desempeñó el cargo de secretario general del Comité Ejecutivo Nacional.
 
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