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    Lecciones de Blacksburg
Jorge Montaño
19 de abril de 2007

Por sus dimensiones, la masacre ocurrida en el Tecnológico de Virginia, en la que murieron 33 personas y otras tantas resultaron heridas, no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Eventos similares como los ocurridos en Austin, Columbine o en una comunidad Amish en Pensilvania se quedaron cortos frente a esta "tragedia de proporciones monumentales" , como la calificó el rector de la institución. En estas horas tan próximas a ese desenlace, aún no logramos rebasar la etapa de los adjetivos y de las culpas superficiales. Adicionalmente, quienes rehúyen el debate profundo se han encontrado con el dato jugoso de que el autor es un estudiante asiático, lo que facilita reabrir la discusión sobre la perversidad innata de los extranjeros.

El clima de inseguridad que se ha fortalecido en México en los últimos meses no está alejado de algunas de las hipótesis que explican el drama de Blacksburg. Pocas cosas enorgullecen más a los constitucionalistas estadounidenses que el texto original se ha preservado casi en su totalidad, manteniendo la letra y el espíritu de los padres fundadores. Las modificaciones, denominadas sutilmente enmiendas, son mínimas y han sido discutidas a profundidad. Lamentablemente, este orgullo teórico ha significado mantener tesis originalmente correctas que con el tiempo se han convertido en disposiciones obsoletas o en aberraciones dañinas para la convivencia social. Es el caso de la interpretación sesgada de la segunda enmienda de la Constitución, redactada antes de que hubiera Ejército y Guardia Nacional. La ausencia de instituciones de defensa fundamentaba una milicia ciudadana que garantizara un Estado libre y soberano, protegiendo el derecho y la responsabilidad de tener un arma. Obviamente esta explicación histórica está más que rebasada.

En el cabildeo washingtoniano destaca el activismo de la Asociación Nacional del Rifle, que a través de representaciones en todo el país preserva la integridad del entrañable amor a las armas que radica en la esencia del estadounidense. Hasta donde recuerdo, este tema nunca ha estado en la agenda de alguna elección presidencial ni municipal, simplemente porque se ha elevado a niveles de intocable. Por el contrario, lo aceptable en términos políticos es la presencia de los candidatos enfundados en ropas de cazadores, recordatorio innegable de que la posesión de las armas es un derecho natural invulnerable. Este efectivo lobby ha contado siempre con recursos ilimitados y voceros de prestigio social, para hacer frente a cualquier cortapisa a la posesión de armas, que se pretenda imponer a nivel nacional o local. La consecuencia ha sido un mercado libre, en el que con frecuencia lo único que se requiere para adquirir un artefacto de esta naturaleza es liquidar el monto señalado como precio.

Conociendo en forma directa esta beligerancia sancionada legalmente, no resulta fácil aceptar los simplismos reduccionistas que pretenden atribuir masacres como la de Virginia a los medios de comunicación, presumiblemente responsables únicos de la entronización de la violencia. En un mundo globalizado, donde en esencia todos vemos y oímos lo mismo, resulta inaceptable esta tesis escapista, que pretende condonar nuevamente la libre circulación de armas en territorio estadounidense, con el consiguiente efecto nocivo en esa sociedad y en otras, especialmente en la vecindad donde contribuye a exacerbar la inestabilidad cotidiana. Esta no se puede explicar de otra manera, si se analizan las restricciones que señala la ley mexicana para adquirir armas.

El duelo de la comunidad estudiantil de Blacksburg debe ser de todo el pueblo estadounidense, que sigue aferrado a defender miméticamente su derecho a poseer e incluso a acumular armas, sin aceptar que este es el origen de lo ocurrido. Las explicaciones tradicionales sobre la psique de los asesinos o la violencia a la que está expuesta esa sociedad son fórmulas de mercadotecnia para no enfrentar los costos del libre tránsito de rifles, pistolas y objetos de mayor capacidad destructiva. Esta tolerancia inaceptable se vuelve alarmante al observar los efectos de este trasiego al sur del río Bravo. El gobierno mexicano debería iniciar una cruzada para que los países de la región asuman como lección estos lamentables sucesos e incorporen en sus agendas una demanda invariable para que el gobierno de Estados Unidos asuma responsabilidad y controle la exportación de estos artefactos.

montesco98@yahoo.com

Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

 
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PERFIL
 
Internacionalista, diplomático de carrera, consultor y profesor del ITAM.

Ex Embajador de México en Naciones Unidas y ante el gobierno de Estados Unidos. Es Vice Presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y Presidente del Consejo Editorial de Foreign Affairs en Español.

 
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Conflictos impunes 4-abril-2007
 
Intolerancia a la carta 21-marzo-2007
 
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