| El deceso de don Antonio Ortiz Mena ha removido un gracioso equívoco popular sobre el llamado "desarrollo estabilizador", la época en que el hoy finado presidió la Secretaría de Hacienda (1958-1970). Es oportuno recordar que sus políticas fueron todo lo opuesto a la apertura comercial y a la obsecuencia hacia la inversión extranjera que sus admiradores profesan. Ortiz Mena es el más mexicanista de los secretarios de Hacienda del México moderno, pues mexicanizó su industria. Echeverría y López Portillo fueron más abiertos que él. Puede decirse que amamantó a los grandes grupos industriales que entonces surgieron al amparo del proteccionismo y la sustitución de importaciones, políticas que Ortiz Mena manejó con astucia y responsabilidad para alumbrar una clase industrial-bancaria propiamente mexicana. En busca de este fin, ejecutó incentivos y apoyos directos de tal magnitud que mencionarlos en su funeral habría sido políticamente incorrecto. Sus políticas tuvieron éxito, pero las consecuencias no deseadas provocaron un giro hacia lo desconocido. Ninguno de sus admiradores aceptaría reducir a la mitad los impuestos a quienes formen empresas con 51% de capital nacional, reservar la explotación de recursos naturales a empresas con 66% de capital nacional, darles crédito sin intereses y limitar las marcas y modelos de autos para que mexicanos las controlaran. Pues bien, esto es lo que Ortiz Mena hizo en minería, construcción, cemento, siderurgia, teléfonos, cerveza, tabaco, azúcar, turismo, transporte y empresas estatales con el fin de alcanzar el mayor grado de integración industrial nacional. Con razón la industria creció esos 12 años mucho más que el PIB -de por sí alto-, hasta aportar más de la tercera parte del producto en 1970. Por desgracia, muchos industriales y banqueros estaban desviando recursos para su propio beneficio. Las medidas de Echeverría para frenar esta sangría en las industrias del azúcar, el turismo y otras, y su intento de introducir una reforma fiscal para ajustar los incentivos de Ortiz Mena provocaron que los intereses creados se atrincheraran y retrajeran la inversión. Fue la época de la "atonía" (strictly for the birds). Echeverría no buscó subvertir la política de Ortiz Mena (o de Díaz Ordaz), sino atajar sus consecuencias. De ahí su increpación a los empresarios para que regresaran a la sociedad lo que ésta les había dado ("desarrollo compartido"). Echeverría estaba presionado por la explosión demográfica (consecuencia del éxito económico precedente) y el radicalismo de una clase universitaria que no encontraba acomodo en el estado de cosas. Todo parecía un jaloneo, pero sucedió algo impensado: los prestamistas globales andaban en busca de deudores soberanos. Echeverría aceptó endeudarse y el hilo se rompió por lo más delgado. Adiós reforma fiscal, adiós "desarrollo compartido". El Estado iba a asumir la tarea que Ortiz Mena había asignado a los empresarios. La explosión de la deuda externa con Echeverría y López Portillo fue causada por la imprudencia de los propios prestamistas externos y el gobierno, e indirectamente por el nudo doméstico que las políticas de Ortiz Mena ocasionaron. Las relaciones del gobierno con los viejos empresarios se tornaron amargas. La deriva de la deuda externa desembocó en la crisis de 1982 y luego en los arreglos económicos de todos conocidos. Una vez negociada la deuda e iniciadas las pláticas para firmar el TLC, Salinas fue a Chihuahua a homenajear a Ortiz Mena, como si fuera el precursor de la apertura económica, algo completamente fuera de la pantalla de su radar nacionalista. Según recuerdo, Ortiz Mena subrayó el deber de la responsabilidad fiscal, pero sobre la apertura guardó discreción. El actual secretario de Hacienda dice admirar a Ortiz Mena. Hay asuntos que podrían aclarar su admiración, por ejemplo la solicitud de empresas constructoras de imponer un determinado porcentaje de contenido nacional en obras públicas, la oposición de televisoras nacionales a licenciar competidores sin que la competencia se abra para ellas en el extranjero, la demanda de productores agropecuarios de frenar la competencia de productos extranjeros subsidiados, demandas que Ortiz Mena habría apoyado sin vacilar. blascota@prodigy.net.mx Analista político |