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    Gasto en desarrollo e investigación
Carlos Bazdresch
16 de marzo de 2007

Como es sabido, en México, a pesar de su importancia para el futuro del país, las actividades de investigación y desarrollo, hasta la fecha, han podido obtener sólo un financiamiento muy limitado. Además, en los últimos años, este financiamiento ha descendido de tamaño relativo respecto del volumen de la economía en general. Es decir, aparentemente, ya no sólo nos movemos muy despacio en este campo, sino que, aparentemente, comenzamos a hacerlo hacia atrás.

Así, por ejemplo, mientras Brasil -país con un ingreso per cápita menor que el mexicano- en 2004, gastó 0.95% de su PIB, y 76.1 dólares per cápita, en actividades de I+D. Chile, en el mismo año, gastó en estas actividades el equivalente a 0.60% de su PIB, con un gasto de 64.1 dólares per cápita. Por su parte, México, en ese mismo año, gastó en I+D sólo 0.41% del PIB, cantidad equivalente a un gasto de 42.2 dólares por persona. Estados Unidos gasta por persona 20 veces más que México; España cinco veces, etcétera. Aun Turquía gasta más que México.

¿Por qué es esto así? Ciertamente no es sólo porque México es un país pobre ya que otros países como Brasil con un ingreso per cápita menor que el nuestro, gasta mucho más que México. Es cierto que en nuestro país, hay, a veces, un marcado pesimismo que lleva a muchos mexicanos a decir que "no podemos". Que la ciencia no es para nosotros. Asertos que son negados de manera fehaciente por la habilidad de los estudiantes mexicanos de ciencias en el extranjero, por la capacidad de la ciencia mexicana para participar con sus trabajos en las publicaciones de ciencia más reconocidas a nivel mundial, etcétera.

El hecho de que los científicos y tecnólogos mexicanos tengan fondos y equipamiento muy escaso, así como que las empresas que desean innovar dispongan, en general, de una ayuda nula, o muy pobre del Estado, sólo puede deberse a que a los grupos con poder para movilizar al Estado y/o a las empresas poderosas -empresarios y políticos- no les interesa promover este tipo de apoyo.

Posiblemente creen que los resultados de lograr un apoyo serio a la generación de innovación en México, además de complicado, y riesgoso, traería resultados efectivos, sí acaso, después de muchos años. Y, finalmente, ellos no ganarían mucho con todo esto.

Los políticos, aun si tuvieran éxito en lograr cierto apoyo a la ciencia, no obtendrían mucho a cambio, pues el apoyo político de los científicos no les traería muchos votos. Los empresarios -con algunas notables excepciones- piensan que ellos, en lo particular, si requieren apoyo de la ciencia lo pueden comprar en el extranjero. ¿Para qué desarrollar un sistema de innovación en el país si lo que se necesita ya está afuera del país? Basta ir a algunas universidades del sur de EU y ver ahí los agradecimientos de las empresas mexicanas, todas ellas de gran tamaño.

Sin embargo, en los últimos años han ido cambiado las cosas. La SHCP aceptó que los subsidios a la innovación a las empresas los maneje el Conacyt, lo que ha redundado en un aumento significativo en el volumen de estos subsidios. Por fin se cuenta con una regulación que hace posible la formación en el país de compañías de riesgo.

Por su parte los empresarios -medianos y pequeños y algunos grandes- han puesto más interés en la necesidad de promover la innovación. Han surgido diplomados sobre la innovación en muchas universidades del país. Además, los actuales programas para apoyar la innovación que está desarrollando el Conacyt desde el sexenio anterior han tenido un éxito significativo, y, hoy en día, son muy solicitados.

Así, si bien persiste el clima general de apatía hacia la urgencia de acelerar el desarrollo científico y tecnológico nacionales, las cosas están mejorando, lo que hay que aprovechar. Es importante ampliar el exiguo presupuesto del Conacyt. Debe aprovecharse el mayor interés actual de empresas medianas y pequeñas por la innovación, cuidando la calidad de diplomados, cursos, etcétera. Pero, sobre todo hay que apoyar al empresario innovador emergente. Más de esto dentro de 15 días.

Profesor e investigador del CIDE

 
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PERFIL
 
Maestro en Economía y candidato a Doctor por parte de la Universidad de Harvard. Líneas de investigación: 1) Historia económica mexicana 2) Economía de la Ciencia y la Innovación.

Recientes publicaciones: El pensamiento de Juan F. Noyola, (compilador et. al.) Fondo de Cultura Económica, Noviembre 1984; México. Auge crisis y ajuste, tres volúmenes, Fondo de Cultura Económica, 1992; "La macroeconomía del populismo y la distribución del ingreso en América Latina" con Santiago Levy en E. Dornbush: Populism in Latin America, National Bureau of Economic Research, Chicago Illinois, Octubre 1991.

Correo electrónico: carlos.bazdresch@cide.edu

 
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Para salir del subdesarrollo 2-marzo-2007
 
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