| Aburrida. Así describo la reunión entre los presidentes Felipe Calderón y George W. Bush. Paradójicamente, desde la perspectiva diplomática, en el aburrimiento recae el éxito rotundo de la gira, ya que no hubo ninguna nota de color, ningún comentario fuera de lugar por parte de los mandatarios, al tiempo que las primeras damas se mantuvieron a la sombra de sus esposos, la forma en que se vistieron los presidentes y sus comitivas no se prestó para comentarios chuscos o burlas por parte de los analistas. Bueno, fue tan aburrida la visita que, imagínese, querido lector, que los medios de comunicación y los analistas ¡tuvimos que enfocar nuestra atención en el contenido y el mensaje de la reunión! A diferencia del manejo de las visitas oficiales y de la política exterior durante la era Fox, en la que indudablemente el presidente, la primera dama o alguien del gabinete soltaba alguna ocurrencia, payasada o contradicción, Calderón y su equipo mantuvieron una disciplina férrea en el mensaje y en los objetivos que buscaban de esta visita. También, a diferencia del sexenio anterior, el gobierno mexicano y hasta el mismo presidente Calderón, buscaron reducir significativamente las expectativas de los resultados de la reunión. Y ¿cuáles fueron los resultados de la visita de Bush a México? Pocos resultados concretos para la relación bilateral, pero muchas buenas intenciones expresadas por ambos mandatarios. Y tal vez era lo único que se podía esperar ante la debilidad política y los escándalos que enfrenta Bush en casa. De hecho, tal vez el presidente Bush hubiera preferido quedarse unos días más en Mérida para evitar regresar a Washington y enfrentar el escándalo más reciente que involucra a su procurador de Justicia, Al Gonzales, quien podría renunciar como resultado de esta crisis. Lo que sí se debe subrayar es que los comentarios y los compromisos hechos por ambos presidentes fueron mucho más realistas y menos idealistas. El presidente Bush de nuevo se comprometió a promover la reforma migratoria de su país, pero volvió a advertir que su aprobación por parte de la Legislatura estadounidense no es definitiva y que finalmente no incluiría provisiones para darle amnistía a los indocumentados. ¿Honestidad valiente? Yo diría pragmatismo político. La pregunta es cuánto sacrificio político está dispuesto a soportar el presidente Bush en aras de presionar a legisladores de su partido para votar a favor una reforma migratoria viable y que no excluya un programa de trabajadores temporales y un procedimiento que permita legalizar a largo plazo la presencia de millones de mexicanos que trabajan sin documentos en ese país. Aunque difícil de creer, ambos presidentes aseguraron que el tema energético no fue abordado y Calderón reiteró que no existe el propósito ni la intención de privatizar Pemex. Por su lado, respecto de la renegociación del TLC, otro de los temas radiactivos de la relación bilateral, ambos mandatarios destacaron la necesidad de "suavizar la transición hacia el comercio pleno de sectores tales como el de los productos agrícolas". El solo hecho de que se mencionara la voluntad de intensificar las discusiones en el marco del grupo bilateral sobre maíz y frijol, puede considerarse otra medallita para el presidente Calderón de la visita, aunque se mantenga en el ámbito de las buenas intenciones. Uno de los pocos momentos interesantes de la visita fue cuando un corresponsal le preguntó al Presidente mexicano sobre el estatus legal de sus parientes que viven en EU. La respuesta de Felipe Calderón fue brillante y políticamente correcta: aseguraba que desconocía su situación jurídica, pero lo que sí podía afirmar era que el trabajo de sus familiares contribuía al bienestar de los estadounidenses. Estos comentarios son probablemente la prueba más contundente de cómo ha cambiado el contexto político del tema migratorio en México. Hace algunos años, los mexicanos que abandonaban del país en busca de oportunidades eran tachados por los políticos y por una gran parte de la población como "traidores a la patria" por abandonar sus familias, a sus comunidades y a su país. Ahora, hasta el mismo Presidente no sólo acepta públicamente tener parientes migrantes en Estados Unidos, sino que reconoce en una conferencia de prensa internacional los esfuerzos de éstos por contribuir al american way of life. salazaopina@aol.com Analista política |