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    La libertad de enseñar
Roger Díaz de Cossío
8 de marzo de 2007

En diversas ocasiones he escrito que, a mi juicio, uno de los más grandes males de nuestro sistema educativo es el autoritarismo. Todo está regimentado. Planes de estudio y libros de texto para la educación básica que cubren todas las horas del año escolar, a los que maestros y alumnos tienen que ajustarse. Los contenidos son iguales para todo el país, da lo mismo que se trate de un niño de Ixtepec, Oaxaca, que de otro de Monterrey, Nuevo León. Los alumnos no tienen libertad de aprender ni los maestros de enseñar.

Por estas razones me llamó mucho la atención un reportaje del periódico español El País del 14 de febrero de 2007, que comentaré a continuación. La nota se llama "El país de los maestros", escrita por Ana Carbajosa, y debajo del título dice: "En Finlandia, que encabeza las clasificaciones educativas de la OCDE, los docentes gozan de gran prestigio social y autonomía".

Así comienza: "Deciden qué enseñan, cómo lo enseñan, a quién y a qué ritmo. Tienen tanta libertad como preparación. Son los maestros de Finlandia, venerados por el resto de la sociedad y una de las claves de que su país lidere desde finales de los 90 la lista educativa de la OCDE, más conocida como Informe Pisa". ¿Qué tal? ¿Qué les parece a nuestros lectores mexicanos? Nosotros quedamos en último lugar del Informe Pisa. Tuvieron que inventar una categoría inferior a la mínima para colocar a nuestros alumnos.

Pero sigamos hablando de Finlandia. El país dedica 6.25% del PIB a la educación, un punto más que nosotros. Pero lo más importante, el Consejo Nacional de Educación de Finlandia (equivalente a nuestra Secretaría de Educación) elabora contenidos mínimos que luego los profesores, todos con licenciatura o más, desarrollan según sus criterios.

"Les damos mucha libertad y eso es fundamental para la motivación del profesorado", comentó un funcionario del Consejo Nacional. En la escuela los maestros mandan, deciden en qué gastar el dinero, elaboran su propio programa, salen de excursión cuando quieren y eligen alguno de los libros de texto. Unos pescan en el hielo en la clase de naturales, otros van al museo o usan internet para la clase de geografía. Los grupos tienen un máximo de 16 alumnos.

La otra clave de la excelencia es la evaluación. Cuando termina el año escolar los alumnos se sientan con padres y maestros. Evalúan si alcanzaron los objetivos que se fijaron al principio del año y se califican a sí mismos.

Lo que importa es la evaluación continua durante todo el año establecida por ellos mismos. Dice un profesor de la Facultad de Pedagogía de Helsinki que esta es la única manera sensata de funcionar, "el ser humano tiene que ser capaz de fijarse sus propios objetivos y, después, ser capaz de evaluarse. A los alumnos hay que hacerles responsables de su propia vida desde el principio, que aprendan a no delegar en la sociedad la responsabilidad de sus actos".

Añade: "El maestro no tiene que saber mucho, tiene que saber escuchar. A veces es más importante escuchar a un alumno y compartir sus conocimientos. En Finlandia los profesores y los alumnos se respetan mucho, pero no desde la jerarquía sino desde la igualdad".

Al final la reportera se pregunta ¿qué hace que en un país la educación se convierta en el eje sobre el que gira la sociedad? ¿Qué conduce a un país a venerar a sus maestros? Las respuestas tienen que ver con la cultura y con la historia. Finlandia luchó mucho contra el dominio sueco y el ruso, y basó su nacionalismo en la lengua finlandesa. Apostó por la educación y el aprendizaje del finés como herramienta de emancipación cultural. Para ello se crearon ya en el siglo XX las escuelas públicas, que ahora son más de 80% del total.

No somos iguales, pero podemos aprender muchas lecciones de Finlandia. Apostemos por la educación, por capacitar y capacitar a los maestros, por disminuir los contenidos de la educación básica. Por la libertad y el reconocimiento de la diversidad cultural y económica. Por hacer responsables a profesores de sus actos y a los alumnos de su aprendizaje.

rogerdc@prodigy.net.mx

Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana

 
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PERFIL
 
Es presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana (FSMA), vicepresidente de la Fundación Javier Barros Sierra, y asesor del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA). Además, es profesor e investigador del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en donde también fungió como director. Del mismo modo, fue subsecretario de Educación Pública (SEP).
 
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El círculo de estudio 22-febrero-2007
 
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