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    ¿La nueva oposición fiel?
Alberto Aziz Nassif
6 de marzo de 2007

El PRI se ha convertido en un partido de oposición desde que perdió la Presidencia de la República en el año 2000. Pero esta nueva condición ha tenido dos etapas: la primera vez que perdió el poder presidencial el partido se sumió en un bache profundo, pero pronto empezó a salir con la expectativa de regresar a Los Pinos en el 2006. Año con año y elección con elección el priísmo se preparó para recuperar el poder. Fue un bloqueador profesional en el Congreso para que no se movieran las reformas foxistas, pero al mismo tiempo una parte del PRI mantuvo alianzas importantes con el gobierno panista.

La segunda fase fue la derrota del pasado 2 de julio que dejó un escenario ruinoso. No es lo mismo haber perdido por unos cuantos puntos y tener la expectativa real del regreso en la siguiente elección, como sucedió en el año 2000, que haber sido derrotado de forma amplia y contundente, haber bajado al tercer lugar y perder en todos los estados del país. La forma de la derrota marca la nueva condición del partido y su futuro próximo.

La cuarta Asamblea Nacional Extraordinaria del PRI era una fecha que estaba pensada no sólo para que llegara la nueva dirigencia del partido, sino para fijar las nuevas reglas del juego. Por lo pronto, la definición ideológica, base fundamental para un partido político, se pospuso porque los priístas juzgaron que no era el momento. La definición del PRI como una organización de centro-izquierda, proyecto discursivo de la nueva presidenta del Comité Ejecutivo Nacional, Beatriz Paredes, provocó demasiados desacuerdos internos. Una encuesta señala que 68% de los priístas dicen que deberían ser de centro-derecha (Reforma, 2/III/2007).

La derrota es huérfana; quizá por eso hasta después de ocho meses el PRI pudo enunciar -en voz de Mariano Palacios- un discurso de autocrítica. Con grandes trazos marcó los errores que eran ampliamente conocidos: la división interna, el pragmatismo, el desdibujamiento ideológico, el encierro de su dirigencia. Y le faltó mencionar el perfil de su candidato, que tuvo durante toda la campaña una pesada imagen negativa que lo ubicó en el tercer sitio todo el tiempo. También se dejó de lado el papel que jugaron algunos gobernadores impresentables, como el góber precioso de Puebla o el góber terrible de Oaxaca.

El PRI quedó borrado de la polarización que protagonizaron el PAN y el PRD en 2006; por eso estuvo al margen de los imaginarios de poder y la competencia fue de sólo dos actores y no de tres. Pero este borramiento no es sólo un momento coyuntural, sino un factor que representa sus retos más urgentes: ¿qué posición tendrá el PRI en el espectro político partidista actual? Si el PAN es el partido de la derecha que dice impulsar el desarrollo económico y la estabilidad, y el PRD tiene el discurso de la izquierda, la justicia social y la política para las masas populares, qué lugar le queda al PRI. Por ello no es menor que su definición ideológica haya sido postergada, porque de ese proyecto depende su ubicación estratégica en los próximos años.

En otros países que dejaron atrás el socialismo real en Europa central, los viejos partidos gobernantes perdieron el poder, pero luego regresaron a la competencia con un perfil renovado, con nuevo proyecto, discurso y otra generación de líderes al frente. Por lo pronto, no se ven los cambios en el PRI. A diferencia de otros países con régimen de partido hegemónico, el PRI tuvo que aprender a competir electoralmente para enfrentar a una oposición fuerte. Su estructura electoral le ha servido hasta ahora para ganar elecciones locales: tiene todavía 17 gubernaturas, pero fue muy poco eficiente en la elección presidencial pasada en donde sólo obtuvo 22%. Entre la sucesión presidencial de 1994 y la del 2006 el PRI pasó de tener más de 17 millones de votos a sólo un poco más de 9 millones de sufragios; perdió casi la mitad de su potencial electoral. Una maquinaria antes invencible es hoy una carcacha.

El PRI se fue quedando con los sectores de menor escolaridad y nivel económico; pero incluso en esa parte del electorado, el PRD le ha ganado espacios muy importantes. En 2006 los territorios más pobres, que eran bastiones del PRI, fueron votos para el perredismo. Además, la fractura entre Madrazo y Gordillo le quitó a ese partido una parte muy importante de su estructura electoral, la que maneja el sindicato de maestros.

Al mismo tiempo, la proliferación de alianzas locales de varios gobernadores, que jugaron con otros candidatos a la Presidencia, terminó por desfondar al priísmo. Tal vez por ello se ha relativizado el supuesto de que el PRI es el único partido con estructura a nivel nacional, porque eso ya no sirve para ganar la Presidencia de la República.

La otra parte importante que necesita definir el PRI de cara a su futuro próximo es la relación con el gobierno de Felipe Calderón. Por supuesto que hay coincidencias estructurales que llevarán al PRI y al PAN a proteger ciertos intereses fácticos, y en eso no hay ni discusión. Pero existen otros temas de la agenda en donde el PRI tendrá que jugar a la bisagra: ser oposición, pero al mismo tiempo colaborar con el gobierno. El PRI asume el papel que antes tenía el panismo: ser la nueva oposición fiel, como principal identidad. Un dato interesante es que para 78% de los ciudadanos la oposición fuerte es el PRD (EL UNIVERSAL, 5/III/2007).

A pesar de todas las dificultades anteriores, el PRI tiene al menos tres ventajas: el hecho de que el sistema de partidos políticos se encuentre en su nivel más alto de desprestigio le permite dejar de ser el único protagonista apestado en el escenario. El buen o mal desempeño del gobierno, tanto a nivel local como federal, no depende ya del signo partidista, sino de factores extrapartidistas, lo cual es una carga menos para el PRI. El hecho de que la agenda de cambio democrático se haya agotado distribuye las cargas simbólicas entre las fuerzas políticas y le quita al PRI la presión simbólica de haber sido un partido gobernante y hegemónico.

En los próximos meses y años vamos a ver en qué consiste la cuarta etapa del PRI.

Investigador del CIESAS

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.
 
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