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    ¿Qué quiere Espino?
Jorge Chabat
2 de marzo de 2007

Desde que asumió la Presidencia del Partido de Acción Nacional, Manuel Espino la trae contra Calderón. Nunca fue sucandidato para la Presidencia y ya habiendo sido nombrado como tal, se dedicó a sabotearle la campaña de manera pública. Recuérdese, por ejemplo, la frase del "chaparrito, pelón, de lentes". Ahora bien, hasta antes de que Calderón ganara la Presidencia esta estrategia podía tener cierta lógica: evitar que llegara al poder alguien quien no les era afín. Claro, habría que preguntarse si la victoria de López Obrador les iba a beneficiar. Probablemente no en el corto plazo, pero es factible que la dirigencia del PAN estaba pensando que, con la derrota de Calderón, el grupo de Espino tendría oportunidad de apoderarse del PAN y eventualmente designar al candidato panista a la Presidencia en el 2012.

Pero al triunfar Calderón, lo lógico era que el grupo ultraconservador de la dirigencia del PAN reconociera su derrota y se alineara con el nuevo Presidente. Sin embargo, ello no ha ocurrido. Espino ha seguido boicoteando a Calderón en todas las formas posibles, desde la propuesta para declarar la desaparición de poderes en Oaxaca hasta aquella declaración crítica de Zapatero hecha en España durante la visita de Calderón. Y a últimas fechas habría que añadir la declaración de Carlos Abascal, ex secretario de Gobernación con Fox y actual secretario general adjunto del PAN, de que Calderón fue el candidato idóneo pero no el mejor.

Más allá de las explicaciones cantinflescas de Abascal y Espino sobre tal declaración, lo que ésta revela es que, en efecto, el candidato de ese grupo era Creel y no Calderón. Y ciertamente Creel era el mejor candidato. pero para López Obrador. Pues si Creel hubiera sido el abanderado panista, hoy estaría despachando en Los Pinos el ex jefe de Gobierno del Distrito Federal. Si ésa era la intención secreta de Espino y Abascal, es claro que ése ya es un asunto que sólo lo puede explicar la siquiatría, pues la ciencia política ya no da para más.

Pero si suponemos que, ciertamente, ni Espino ni Abascal ni Fox querían que López Obrador fuera presidente y que más bien esperaban que Creel fuera el candidato panista y ganara la Presidencia, lo que ya no tiene explicación son los constantes ataques contra Calderón una vez que tomó posesión de la Presidencia. ¿Qué buscan ahora Espino, Abascal y Fox? ¿Por qué los intentos por deslegitimar a Calderón? La única explicación coherente es que están ya pensando en las próximas elecciones.

Es muy probable que lo que busque Espino es afianzarse en el PAN para controlar las candidaturas al Congreso para las elecciones de 2009 y de 2012, así como las candidaturas a varias gubernaturas y, desde luego la candidatura presidencial. Incluso se ha sugerido que el propio Espino tiene aspiraciones presidenciales, lo cual es perfectamente creíble. Si esa es la meta, es obvio que la estrategia seguida es sumamente riesgosa. Espino está enfrentando a un Presidente que, a diferencia del anterior inquilino de Los Pinos, sí sabe de política. Ya se vio en la negociación del presupuesto. Calderón, sin hacer ruido, negoció su aprobación con un éxito rotundo, que Fox jamás tuvo a la hora de tratar con el Congreso.

En otras palabras, si bien es cierto que Espino es un político duro y exitoso, se está enfrentando a un político experimentado, también exitoso y que, además tiene el poder de la Presidencia de la República. Entonces, ¿a qué le tira Espino? Da la impresión que lo que busca es aguantar el vendaval desde el PAN y la ODCA, con la esperanza de que Calderón se debilite. Pero para ello tiene que seguir al frente del PAN durante muchos años. Ese es el único barco con el que cuenta en el mar de la política mexicana. En el momento en que deje la Presidencia del PAN se le acabó el juego. Y ello va para él y para sus compañeros de aventura.

Así pues, todo indica que los siguientes doce meses van a ser decisivos para el futuro del PAN, de Espino y del propio presidente Calderón. Si Espino se reelige en la presidencia de su partido en 2008, el gobierno de Calderón tendrá que seguir soportando la piedra en el zapato que es el presidente del PAN y tendrá problemas para ejercer el poder durante el resto del sexenio.

En cambio, si como consecuencia de la renovación de su Consejo Nacional, el PAN nombra a otro presidente, vamos a ver a un presidente de la República con un gran margen de maniobra y Espino y su grupo tendrán que replegarse políticamente al menos por los siguientes cuatro años.

Es probable que la apuesta de Espino sea producto de la inercia y de la certeza de que seguirá al frente del PAN durante varios años. Sin embargo, es una mala apuesta. Calderón ha demostrado con creces que sabe ir contra la corriente y ganar. Ya lo veremos pronto.

jorge.chabat@cide.edu

Analista político e investigador del CIDE.

 
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PERFIL
 
Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde también es investigador. Sus líneas de estudio son democracia y derechos humanos, narcotráfico y seguridad nacional, así como política exterior de México.
 
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