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    Maíz, petróleo y TLC
Ricardo Pascoe Pierce
28 de febrero de 2007

Una parte sustantiva de la dificultad que tenemos en México para repensarnos como país es producto de las profundas ataduras que significan nuestras preconcepciones culturales sobre nosotros mismos. Nos definen, en gran medida, nuestros temores. Temor al imperio colonial, miedo a la sombra estadounidense e, internamente, miedo (odio) a la autoridad. El rechazo al Estado y la defensa aferrada a la "cultura" nacional son apreciadas como la vía más eficaz de defensa de la mexicanidad.

Hoy nos aterra el TLC y la relación que significa con América del Norte, estamos aterrados de que nos vaya a acabar nuestra única riqueza nacional, el petróleo, y que la apertura en 2008 al mercado estadounidense va a destruir la producción del maíz nacional, al ejercer la venta de un maíz más barato en territorio nacional. De ahí, se pronostica, habrá mayor migración a Estados Unidos de los mexicanos más humildes. Se exacerba el nacionalismo retórico mientras el país de desgrana entre nuestras manos.

El problema del maíz es completamente diferente a lo que se piensa. Estados Unidos no hará dumping en nuestro país, pues todo el maíz que producen (no es suficiente y tendrán que comprar maíz allende sus fronteras) servirá para producir etanol. Se calcula que ese país tendrá que incrementar su producción en 10% simplemente para satisfacer la demanda interna de etanol durante los próximos tres años. Es más, los grandes productores mexicanos de maíz van a procurar vender su producto en Estados Unidos. El espectro que enfrenta México es que a partir de 2008 carecerá de maíz, y enfrentará un problema de precios del maíz y la tortilla, pero producto de la escasez y no de la sobreoferta del grano.

Es cosa de la globalización y la revolución tecnológica en el mundo. ¿Dónde está la clase política mexicana ante ello, y qué respuestas ofrece, ante una realidad que se nos impone?

Argentina quisiera tener el acceso al mercado interno estadounidense del maíz que sí tendrá México a partir de enero de 2008, siendo, como lo es, un gran productor de maíz. Pero Argentina no tiene un TLC con EU, como nosotros. Es integrante del Mercosur y eso excluye su inclusión en un acuerdo de libre comercio con EU, más por razones ideológicas (¿?) que económicas.

Ahora resulta que con una visión adecuada y eficaz del TLC, México puede encontrar las ventajas que hasta ahora se han presentado como desventajas del acuerdo comercial con América del Norte.

El petróleo ha sido, históricamente, el instrumento para financiar los planes del gobierno mexicano sin recurrir al cobro de los impuestos a los ciudadanos. Los mexicanos creemos que es nuestro derecho divino no pagar impuestos, además tomando en consideración que detestamos a la autoridad. Si no aceptamos pagar impuestos por el derecho sagrado a tomar, digamos, Coca-Cola, ¿cómo se puede esperar que paguemos por programas de educación, vivienda o la construcción de presas?

Es hora de cambiar radicalmente ese pensamiento que nos encarcela. Debemos dejar de usar recursos petroleros para financiar al gobierno y, en cambio, pagar impuestos para ello. Los mexicanos debemos convertirnos en lo que no hemos sido: contribuyentes. No existe otra forma de hacer de nuestra economía algo boyante y con capacidad de atender las necesidades de la sociedad en su conjunto. Es indispensable convertir a Pemex en una empresa lucrativa y exitosa, sin que sea que caja chica del gobierno. México tendrá futuro si Pemex lo tiene. Si no, estamos perdidos.

El TLC, el petróleo y el maíz pueden entenderse como un esquema integral para reconstruir el país en un plazo relativamente breve. Todo ello implica la audacia de pensarnos como ciudadanos que tenemos responsabilidades, primero, y derechos después. En ese orden.

No hay que temerle al futuro. Hay que tenerle miedo a nuestros temores y autorepresiones. Es la hora de liberarnos de formas de pensamiento que nos aprisionan. Hoy por hoy, el nacionalismo es una forma defensiva e ignorante de pensamiento que obstaculiza el desarrollo económico. Y si no cambiamos, la realidad lo hará por nosotros; incluso, en contra de nosotros. ¿Qué queremos?

ricardopascoe@hotmail.com

Analista político

 
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PERFIL
 
Miembro fundador del PRD y, durante mucho tiempo, uno de los hombres más cercanos a Cuauhtémoc Cárdenas: colaboró en la campaña presidencial de 1994, como coordinador de Relaciones Internacionales, y en la local de 1997, cuando el ex gobernador de Michoacán compitió por la Jefatura de Gobierno del DF. Además, fue miembro del CEN perredista de 1989 a 1999 en las administraciones de Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador. Fue delegado en Benito Juárez durante el periodo de Rosario Robles y, en diciembre del 2000, a pocos días de que Vicente Fox asumió el poder, fue nombrado embajador de México en Cuba. Al dejar su cargo, contendió por el partido México Posible para la jefatura delegacional en Benito Juárez.
 
Editoriales anteriores
 
Maíz, petróleo y TLC 28-febrero-2007
 
¿Qué reforma política? 14-febrero-2007
 
Políticos enanos 31-enero-2007
 
 
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