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    El futuro del PRI
Jorge Chabat
23 de febrero de 2007

Durante años se ha hablado del fin del Partido Revolucionario Institucional. Durante años se ha predecido su fin y lo cierto es que el PRI no ha desaparecido, aunque claramente no es lo que era. Y la pregunta inevitable en este momento es si tiene posibilidades de ser lo que era antes: el partido hegemónico, el que gobernó durante 71 años, el que desarrolló el sistema político mexicano autoritario del cual quedan todavía muchas reminiscencias.

Y si bien no existe una respuesta contundente, lo cierto es que en la política, como en la vida, nada vuelve a ser lo que era antes.

Eso no significa que el PRI no tenga futuro o esté destinado a desaparecer, pero el PRI que conocimos, el “partidazo”, la máquina de captar votos —no siempre legales— ya se fue para siempre. Y el futuro que tiene ese partido está lejos de ser tan exitoso políticamente hablando como lo fue en el siglo pasado.

La elección de Beatriz Paredes como Presidenta del CEN del PRI constituye, sin duda, una buena noticia. Es de lo mejor que tiene el PRI. Paredes es una mujer inteligente con idea de Estado y que sin duda va a buscar rescatar al PRI del tobogán en que está.

El problema es que no tiene los instrumentos para ello. El problema es que nadie tiene los instrumentos para rescatarlo. La decadencia del partido tricolor en las últimas dos décadas no es sólo un asunto de errores coyunturales o de personalidades. El PRI comenzó a perder apoyo entre los votantes porque el voto de los ciudadanos comenzó a contar, porque hubo otras opciones y porque la ideología priísta se desgastó en un mar de corrupción. Así de simple.

En algún sentido, el PRI fue víctima de su propio éxito. En la medida que el país se modernizó, el PRI perdió apoyo. En la medida en que el país se globalizó, a pesar de algunas corrientes dentro del PRI que sabiamente se oponían a ello, la ideología del “nacionalismo revolucionario” perdió atractivo y, peor aún, se volvió disfuncional.

De la oferta original que tenía ese partido: una ideología revolucionaria, reforzada día y noche por todos los aparatos ideológicos del estado, una estabilidad política, un estado populista que repartía las migajas del desarrollo entre los pobres, una agencia de empleos para los leales a la causa, una red de relaciones clientelares y una gran dosis de corrupción, el PRI se quedó sólo con los últimos dos elementos.

Ciertamente, muchos dirán que el PRI sigue siendo un partido importante: el tercero en el país y el primero en las gubernaturas de muchos estados. Es cierto, pero ya no es lo que era y la tendencia apunta a que será un partido que no desaparecerá pero que no va a ser un partido que compita con posibilidades por la Presidencia de la República. Será un partido que conservará varias gubernaturas y municipios en los estados en los que sus redes clientelares están bien aceitadas, pero no más.

Al PRI le está pasando algo similar a lo que le ocurrió a la cadena de supermercados Sumesa. Esta fue la primera cadena de tiendas de autoservicio que se estableció en México en 1945 y fue muy exitosa hasta que llegó la competencia, lo que le hizo perder una parte importante del mercado a fines de los setentas.

De hecho, la propaganda de estas tiendas en esa época era como la del PRI: reconocían haberle fallado al público pero prometían enmendarse. Dicho mensaje no fue muy exitoso y Sumesa tuvo que reubicarse en el mercado. Ahora es una cadena con un nicho muy definido: zonas de clase media y media alta en la ciudad de México y claramente no va a desaparecer del mercado. Sin embargo ya no compite con las grandes cadenas a nivel nacional. Y lo bueno para esta tienda y su clientela es que no lo pretende. Están perfectamente ubicados en el mercado.

Y ése es el reto para el PRI: ubicarse en el mercado nacional. El PRI no tiene una ideología que ofrecerle a la población. Repetir las propuestas de hace medio siglo resulta ahora muy poco efectivo para captar votos. Eso ya lo hizo López Obrador con más gracia y credibilidad que el PRI, aunque sin éxito. Y ése es el espacio que está disputando el PRI, el de una izquierda obsoleta, con la desventaja del desgaste de haber estado 71 años en el poder.

Lo único que tiene el PRI es la presencia local en muchas partes del país, algo que los otros partidos no han podido lograr. Eso le permitirá al tricolor seguir ganado algunas alcaldías y gubernaturas.

Esa es su oferta y ése es su futuro: un partido con presencia regional sin una oferta de país convincente. Pero tampoco la requiere para subsistir como partido. Así que no hace falta que los priístas se quiebren más la cabeza en busca de una ideología para el México del siglo XXI. Para ser el partido que pueden ser, no la necesitan.

jorge.chabat@cide.edu

Analista político e investigador del CIDE.

 
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PERFIL
 
Analista político y profesor de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde también es investigador. Sus líneas de estudio son democracia y derechos humanos, narcotráfico y seguridad nacional, así como política exterior de México.
 
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