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    La gobernabilidad
Sara Sefchovich
8 de febrero de 2007

Uno de los temas centrales del debate actual es el que tiene que ver con la gobernabilidad. A diestra y siniestra escuchamos hablar de la urgencia de emprender reformas que permitan "una nueva gobernabilidad", aunque cada grupo y cada estudioso tienen una versión diferente de lo que ese concepto significa.

Según Carlos Elizondo Mayer-Serra, los factores que afectan a la gobernabilidad en México hoy día son:

1. Que no hay las condiciones económicas básicas, pues una economía que crezca es fundamental para poder gobernar.

2. Que estamos en una economía de mercado, pero sin las instituciones ni los elementos que la permitan y la regulen.

3. Que no tenemos instrumentos para que funcione una sociedad legal, eso que se llama el estado de derecho: ni instituciones, ni autoridades, ni policía, ni sistemas de procuración y aplicación de justicia. Dicho de otro modo, que no hay forma para que el gobierno haga efectivas sanciones a quienes no cumplen la ley.

4. Que el gobierno y los partidos están sumamente desprestigiados. Esto no solamente pesa para la legitimidad, como dice Samuel Huntington, sino incluso para lo económico, como sostiene Francis Fukuyama.

5. Que nadie quiere o puede o sabe cómo negociar y que no existen mecanismos de mediación adecuados y legítimos que permitan que esto se produzca.

6. Que a muchos no les interesa ni les conviene que las cosas funcionen de otro modo, porque tal y como son ahora, les resultan beneficiosas. Por ejemplo: ¿para qué quiere que se respete la ley un taxista pirata o el dirigente de un sindicato corporativo o el empresario de una fábrica contaminante?

El resultado es que todo lo anterior terminó por volverse contra la gobernabilidad. Hoy día tenemos "un Estado que no puede proveer derechos civiles básicos, (y que) no sólo ve su legitimidad erosionada, sino que es presa fácil de grupos organizados, capaces de violar sistemáticamente los derechos de terceros, secuestrando funcionarios en oficinas, bloqueando la circulación en vías de comunicación importantes, resistiendo con violencia decisiones legales de autoridades legítimas, etcétera".

El autor compara la situación actual con la de épocas anteriores, cuando había un régimen que dependía de pactos corporativos en los cuales el gobierno controlaba, distribuyendo discrecionalmente beneficios a sus clientes políticos y concluye (no le queda otra por la naturaleza de su argumentación) con que la democratización en México (cualquiera que sea su grado) ha afectado a la gobernabilidad. Esto es sumamente provocador.

Igualmente provocadora es la propuesta que hace para solucionar el problema: que es necesario un Estado fuerte. "No hay nada que resulte más opresor ni más injusto que un Estado débil", dice al elegir como epígrafe para su texto esta cita del pensador Edmund Burke. ¿No se suponía que veníamos de allí y que precisamente contra eso estábamos luchando? ¿No se suponía que la posibilidad de la democracia en nuestro país partía precisamente de la idea de acotar y limitar al Estado? ¿No es ese el mantra de los neoliberales? Y sin embargo, Elizondo dice lo contrario. Pero advierte que su afirmación no va en el sentido del Estado autoritario, sino de uno que cuente con herramientas que le permitan hacer efectivos los derechos de los ciudadanos, o sea, que ejerza el gobierno con decisión y fuerza, pero sin el autoritarismo, los abusos y las arbitrariedades y que cuente con instrumentos alternativos funcionales para canalizar satisfactoriamente los conflictos y las demandas sociales.

¿Puede México tener algo así?

Al autor le parece que sí. Es un optimista que afirma no vislumbrar una regresión autoritaria y, en cambio, sí una sociedad civil cada vez más demandante y mejor organizada que llevará al país por esta vía.

Yo, al contrario, soy pesimista. Por la historia nacional, por la forma de ser, de pensar y de funcionar de nuestra clase política y de nuestra sociedad, no veo cómo va a ser posible cumplir con esta utopía de un Estado fuerte, institucional y legítimo pero no autoritario. ¿Qué garantía tenemos contra la regresión autoritaria? ¿Dónde está esa sociedad civil que dicen que existe? ¿Cómo se puede hacer valer las instituciones y las leyes si no hay nadie que las respete? ¿De dónde saldrá la persona y el grupo que tengan la capacidad, la preparación, el liderazgo y la legitimidad social para lograrlo?

Desde mi perspectiva, no hay nada que apunte a darle fundamentos sólidos a la gobernabilidad. Me parecen propuestas teóricas muy bonitas, pero imposibles de llevar a la práctica en las circunstancias actuales del país.

sara.sefchovich@asu.edu

Escritora e investigadora en la UNAM

 
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PERFIL
 
Escritora. Investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su primera novela, Demasiado amor, le valió el Premio Agustín Yáñez en 1990. Fue becaria del INBA/FONAPAS en el área de ensayo durante el periodo de 1980-1981. Es autora también de La señora de los sueños (1993) y La suerte de la consorte (1999). Asimismo, ha escrito ensayos y colaboraciones en revistas.
 
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