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    Tiempos de la diplomacia
Jorge Montaño
7 de febrero de 2007

La era foxiana dejó tantos vacíos en el quehacer internacional que se ha generado en nuestra sociedad urgencia por resolverlos. En forma legítima pero irreal, opinión pública, analistas y legisladores incurren en impaciencia exigiendo resultados instantáneos. Nada es suficiente ante la ansiedad social, que tiene plena conciencia que el sexenio concluido heredó un inédito aislamiento por haber navegado sin rumbo, lo que explica las críticas anecdóticas y el rumor malsano contra autoridades que inician su tercer mes de actividades. Es de reconocer que desde el inicio se corrigió la improvisación encomendando las decisiones en política exterior a profesionales del servicio de carrera, se anunciaron los primeros nombramientos de embajadores y cónsules, que, con una excepción, representan a los mejores cuadros en la materia. Tampoco se concede valor a los viajes presidenciales a Centroamérica donde se restablecieron, contactos olvidados con mandatarios de la región, y no se aprecia la extradición de narcotraficantes de peso, acto que reconoce las debilidades del sistema carcelario y complementa los esfuerzos en ciernes por controlar la seguridad nacional.

La reunión anual de los titulares de consulados y embajadas contó por primera vez con la presencia del Presidente de la República y del gabinete en la Cancillería, estímulo innegable para los representantes en el exterior. No es menor que en 60 días ya se realizaron encuentros de trabajo con los jefes de gobierno de Alemania, el Reino Unido y España o que se hubiera escuchado nuestra posición en el Foro Económico de Davos. La inconformidad ha dado lugar a especulaciones infundadas y peligrosas, en tanto deterioran a los encargados de formular las decisiones en el ámbito externo. Si bien el reclamo a los servidores públicos muestra madurez democrática, en este caso existe el inconveniente de que las negociaciones que permitirán el rescate de nuestra identidad perdida no pueden ocurrir en cuestión de horas. Se requiere trabajo discreto y constante, elementos esenciales del oficio diplomático, que no acepta que se violenten los procesos. La intemperancia del Senado frente a la Cancillería no coincide con su inmovilismo para reabrir el diálogo con las contrapartes estadounidenses, precedente valioso de la Legislatura anterior. Han pasado seis meses sin contacto, no obstante que la crisis del precio del maíz o la reforma migratoria son asuntos de alta prioridad de las comisiones respectivas.

Es evidente que el malestar también lo alimentan los interesados en mantener el legado de la administración pasada, basado en la falsa premisa de entregarse a los vecinos del norte a cambio de una supuesta "relación inmejorable". Esta alucinación muestra su falsedad con base en los hechos. Los esfuerzos por esa vía no dieron ningún resultado positivo como lo muestran las tensiones que se vivieron en los últimos años. Nuestra entrada a América Latina y el Caribe a través de Miami ha sido mal percibida en la región, confinándonos a una soledad desconocida. Esta línea de razonamiento político que muchos quieren privilegiar es la que debe cambiar, lo cual supone una actitud consecuente con este propósito de todas las autoridades, incluyendo al presidente Calderón. Los acercamientos progresivos para recuperar espacios no se pueden dar en un marco de estridencias, alusiones o de discusión pública como los escuchados en los últimos días. Las reglas básicas de la convivencia internacional confirman que el camino más seguro es el respeto a los principios constitucionales de la política exterior, concebidos éstos como marco de referencia y no como camisa de fuerza, como los descalifican sus críticos.

El diálogo con el Legislativo o con los medios de comunicación puede entenderse como debate abierto donde concurren con sus opiniones, sin que esto suponga que son estas voces las que definen la política exterior, ya que ésta es una facultad constitucional del titular del Ejecutivo. Es válida la preocupación y muy valioso el intercambio de opiniones, siempre que se haga con el respeto suficiente para no erosionar los procesos en marcha. La comparecencia de la canciller ante comisiones unidas de Relaciones Exteriores del Senado debe ser el escenario para fijar las líneas de acción que den contenido práctico a lo expresado en el texto presidencial en la reunión de embajadores. No puede ser nada diferente, salvo en los asuntos en que los legisladores requieran mayores precisiones.

montesco98@yahoo.com

Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

 
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PERFIL
 
Internacionalista, diplomático de carrera, consultor y profesor del ITAM.

Ex Embajador de México en Naciones Unidas y ante el gobierno de Estados Unidos. Es Vice Presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y Presidente del Consejo Editorial de Foreign Affairs en Español.

 
Editoriales anteriores
 
La entrega de narcotraficantes 24-enero-2007
 
Política exterior 10-enero-2007
 
Seguridad a la carta 27-diciembre-2006
 
 
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