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    Feliciano Béjar
Jesús González Schmal
3 de febrero de 2007

E ste 1 de febrero partió, hacia una nueva vida más plena, el artista, articulista, defensor sin concesiones de la verdadera ecología que se predica con el ejemplo. Feliciano Béjar deja un vacío imposible de ocupar porque es irrepetible en su creatividad, como también lo es su obra pictórica y escultórica, pero, sobre todo, porque ésta es armónica con su pensamiento y su acción comprometida siempre con la autenticidad y contra la mentira, la simulación y la falsificación.

Su peculiar capacidad innovadora no sólo produjo obras de prodigiosa belleza y profundo contenido expresivo, sino que son la elevación de una proclama por el reordenamiento del mundo para salvar en él no sólo el espíritu humano sensible al bien, sino el de la propia naturaleza que, con todo y su grandiosidad y esplendor, es víctima de la barbarie destructiva y despiadada de los peores hombres que, por ignorancia o la inclinación a la ganancia fácil, arrasan los bosques y vacían los lagos y ríos depredando el futuro y adelantando el apocalipsis.

Originario de Jiquilpan, Michoacán, vivió los años más oscuros de la posrevolución. Su niñez, transcurrida en las luchas fratricidas en su pueblo natal, contrastaba con las condiciones todavía vírgenes de su entorno natural. Como nos lo narra el historiador Martin Foley, su más fraternal y leal amigo, en su libro El recogedor de soles, Feliciano Béjar guardaba el cosmos en su sensibilidad creativa, y ese día en la tierna edad lo vio sintetizado en las ondas radiales del agua donde en la orilla de un jagüey se embelesaba Feliciano para ver el reflejo de las estrellas, los fulgores de la luz y la sintonía de la obra maestra del universo que se revelaba todo. Es en esas noches apacibles donde la vida interior del artista se fundía en el todo para concebir los paisajes, los colores y las formas más allá de lo que los seres humanos comunes podemos ver y sentir.

De ahí surge El magiscopio. La escultura nuclear de Béjar que le permite reproducir, siempre con nuevos destellos, la vivencia infantil más intensa donde se encuentra con la naturaleza, y consigo mismo. Esta experiencia estará impregnada en toda su vida como cuando lucha denodadamente contra la instalación de la planta atómica de Laguna Verde o cuando arremete contra los que ciegan los ríos y arroyos que dieron vida al majestuoso Valle de Anáhuac en sus días primitivos.

Hacedor de vergeles que fueron quedando gradualmente rodeados de cemento, pavimento y estructuras que en nombre del desarrollo urbano privan a los seres vivos de la flora y fauna de su medio ambiente. Pronosticaba que no muy tarde arrastrarán también al hombre a su propia extinción. En el sur de la ciudad y en Jiquilpan todavía quedan huellas de ese afán reivindicador de su vocación por la supervivencia del orden natural.

Los estragos del sufrimiento marcaron también su vida. Experimentó la colusión de la corrupción pública con la particular cuando fue secuestrado y paralizado con drogas y sedantes por un supuesto mal siquiátrico, diagnosticado por el médico David Nelson López Vargas, de quien fue rescatado por otros médicos honestos, que calificaron de irresponsable la reclusión forzada. La Comisión Nacional de Arbitraje Médico dirigida por Carlos Tena Tamayo se coludió también para negarle al afectado la bitácora de la estadía del maestro en el nosocomio particular. Todo ello lo afectó en su calidad de vida no sólo acortando el plazo de duración de ésta, sino que, desde entonces, estuvo agobiado por la impotencia frente a los hechos y la recurrencia del recuerdo y la desesperación de esos días que estuvo secuestrado.

Reconocido internacionalmente en las sedes artísticas más famosas en Norteamérica y Europa, no fue nunca víctima de la jactancia. Su humildad admitió que su obra debía servir al bien por la belleza, nunca a la mezquindad de la arrogancia fatua. Por ello censuró a los seudoartistas que con el auspicio de la publicidad y el esnobismo se hacen ricos y todavía consiguen becas vitalicias oficiales de 6 mil dólares mensuales, con cargo a la pobreza de tantos mexicanos que carecen de lo indispensable.

Obviamente, en el sexenio pasado, el de la mayor decadencia de Conaculta, Feliciano Béjar fue vetado para exaltar, en cambio, a artistas incondicionales de Sara Bermúdez, de dudoso valor estético. Sea este desprecio al verdadero creador mexicano parte del homenaje que le tributamos los mexicanos sensibles a lo que es la expresión viva del mejor arte mexicano y del más vigoroso sentido patriótico.

Abogado

 
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PERFIL
 
Abogado y analista político. Actualmente es diputado federal por el partido Convergencia. Asimismo, se ha desempeñado como diputado federal en la LI Legislatura por el estado de Coahuila y fungió como coordinador del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN) en la LIII Legislatura, participando en las Comisiones de Gobernación y Puntos Constitucionales, Justicia y Relaciones Exteriores.
 
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