| Los científicos más brillantes en el tema ecológico, reunidos en París, ya no tienen duda: el daño al clima mundial, provocado por el hombre es irreversible. Preocupa, sin embargo, que pese a tan apocalípticas conclusiones haya todavía resistencia al cambio, amparada en el falso dilema de proteger el ambiente o fomentar el desarrollo. México y Estados Unidos son ejemplo de ello. En Francia, científicos prominentes impulsan la creación de una organización de la ONU para el ambiente, y el primer ministro francés, Jacques Chirac, llama a una triple revolución -política, económica y de conciencias-, para salvar al planeta, mientras que el gobierno de Estados Unidos reitera que limitar las emisiones de dióxido de carbono traería "consecuencias indeseables" como la pérdida de empleos. En México no nos quedamos atrás. Esta semana, el gobierno federal tuvo a bien promulgar cambios a la Ley General de Vida Silvestre para proteger a los manglares, la medida se dio en medio de una gran inconformidad de empresarios, fundamentalmente del sector turístico, que dicen ver amenazadas sus inversiones en zonas de playa por tal decisión. Aquí es el sector privado el que equipara protección al medio con atentado a la creación de empleos. Aunque lo que el gobierno federal da con una mano lo quita con la otra, hoy, EL UNIVERSAL publica una entrevista con Francisco García, director forestal y de Suelos de la Semarnat, quien reconoce que el año pasado se autorizó el cambio de uso de suelo en 11 mil 613 hectáreas, en las que solían encontrarse ecosistemas variados, algunos de ellos irrecuperables. Si existe conciencia a nivel gubernamental de la importancia de proteger el ambiente, ¿es congruente que se autoricen cambios de uso de suelo con tanta facilidad? No lo parece. México debe ser visionario en este tema. Hay que estudiar el informe resultante de la conferencia para un Gobierno Ecológico Mundial, para coordinar medidas en los tres niveles del Estado, proteger nuestra rica biodiversidad y asegurar un ambiente limpio para generaciones futuras, pero también, debe hacerlo, para tomar de él lo que le favorezca. Establecer las bases de un crecimiento económico sustentable puede ser motor de desarrollo y, por tanto, empleo, y no lo contrario. Por ejemplo, el cambio climático ya provocó heladas en California, que ayudaron a que nuestros productores de aguacate volvieran a exportar. Especialistas de la Secretaría de Agricultura deberían desmenuzar el informe, igual que los grandes agroindustriales mexicanos para encontrar en él patrones que les permitan adelantarse a este tipo de oportunidades. Los fríos glaciares del casquete norte del continente "empujarán" literalmente a sus habitantes hacia lugares cálidos como México. Turismo y bienes raíces pueden beneficiarse de este flujo. No es oponerse al progreso argumentar a favor de la ecología. Tampoco es deseable para nadie invocar el regreso radical a las etapas de la naturaleza primigenia o a la figura del hombre como buen salvaje. Lo que se debe hacer es armonizar crecimiento y ecología, idea en la que parecen estar ya más conscientes las sociedades que los gobiernos. |