| Los presidentes de los dos países más grandes de América Latina se presentaron en el foro económico de Davos. Calderón y Lula fijaron sus prioridades en los grandes temas de la agenda regional y mundial. Más allá de las estridencias de Hugo Chávez , México y Brasil son los países que por razones demográficas, territoriales y económicas obvias son los que pueden inclinar la balanza en la región. En el foro suizo Calderón y Lula trataron con acentos muy diferentes el tema de la integración del subcontinente, y contrariamente a lo que algunos sostienen, la posibilidad de una integración franca y directa en los próximos años no parece algo asequible en la medida en que los objetivos de los dos colosos van en sentidos diferentes. Mientras Brasil intenta maximizar sus objetivos nacionales de tipo económico, México intenta aproximarse a la región para balancear políticamente su relación con Estados Unidos. Los brasileños tienen un potente aparato de propaganda que impulsa la idea de seducir a los proclives a la idea de Latinoamérica; sin embargo, no pueden ocultar los objetivos nacionales que su gobierno persigue. Lula no esconde que como gran potencia de América del Sur quiere una integración de la parte meridional del continente por motivos lejanamente altruistas. Para Brasil integración significa principalmente garantizar su hegemonía económica y comercial en los países de Sudamérica. No hay país en la región, por una cuestión de escala, que esté en condiciones de contrapesar al coloso. Tampoco es tan difícil ocultar que detrás del gasoducto sudamericano (recientemente anunciado) está la seguridad energética del coloso del sur como primer objetivo. Por eso rehuyó calificar a Chávez como un fenómeno disruptivo y minimizar la expropiación de Evo Morales. El objetivo superior del Estado puede perfectamente pasar por alto la expropiación de los activos de Petrobras en Bolivia o hacer la vista gorda con prácticas difícilmente aprobables por un demócrata o las injerencias en procesos ajenos (como en Perú) o la fractura de formas de integración ya dadas como el G3 y el pacto andino. Todo ello, sin embargo, sin dejar de proclamarse el primer integrador del continente. Cuando Chávez habla de integrar América Latina tiene la credibilidad de un ateo pontificando desde el tabernáculo. Integrar no quiere decir imponer una ideología o los intereses nacionales de un país a los demás; eso, en todo caso podría llamarse absorción. Muchos sectores y países de Sudamérica ven con desconfianza el peso de Brasil y no les vendría mal un contrapeso más efectivo. Integrar significa, en todo caso, compartir un creciente círculo de valores y de intereses. La integración de América Latina no es un problema de química entre los mandatarios, es básicamente un problema de prioridades nacionales. Mientras Brasil exhibe sin demasiado pudor sus objetivos energéticos y de expansión, México, absolutamente atrapado en la órbita comercial estadounidense, mantiene su tesis de la integración múltiple (con fines de equilibrar). No parece haber punto de convergencia en el mediano plazo aunque los dos países hablen de esquemas de integración. Mientras que México está interesado en la diversificación y el balance político, los brasileños pugnan por una proyección de su poder nacional sobre el sur del continente. La razón de Estado no debe ser medida con criterios morales. Los estados tienen intereses que se despliegan con independencia de lo que la corrección política exija, y las dos potencias, hoy por hoy, tienen intereses diferentes. Analista político |