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    Educación para los pobres
Roger Díaz de Cossío
25 de enero de 2007

Hace muchísimos años escuché el famoso apotegma atribuido a Confucio, "no me des pescado, enséñame a pescar", que me impresionó profundamente. Me parecía, en sus siete palabras, la justificación más completa de la educación, sobre todo frente a embates de autoridades hacendarias y economistas que piensan que la educación es un gasto, no una inversión, y entonces ¿para qué invertimos en los pobres, si no son rentables?

El gobierno federal ha continuado con los programas educativos para los pobres, pero sin dar indicios de que vayan a tener una gran prioridad. A ninguno se le asignó un presupuesto mayor en 2007 que en 2006. Además, cada uno trabaja por su lado, con muy poca coordinación entre ellos.

El Programa Oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social entrega directamente 100 ó 200 pesos mensuales a más de un millón de las familias más pobres de este país, que incluyen una gran parte de familias indígenas: logra de esta manera que los niños permanezcan en la escuela y les da recomendaciones sobre salud y alimentación. Nunca se ha pensado que una de las tareas centrales de este programa es la educación de los padres, con lo que saldrían más pronto de la pobreza. Existieron muy débiles esfuerzos por personal del INEA en Zacatecas y otros estados.

Entre los programas del Consejo Nacional de Fomento Educativo, Conafe, los más importantes son los de cursos comunitarios impartidos por jóvenes instructores en comunidades menores de 100 habitantes y los compensatorios, financiados por el Banco Mundial, que consisten en enviar paquetes de material escolar y otros elementos a las escuelas más pobres del país, para mejorar su calidad. El trabajo que se hace es bueno, pero insuficiente. Tenemos más de 100 mil comunidades de 100 habitantes o menos y el Conafe atiende a 15 mil. Existe un leve contacto con las familias del programa Oportunidades cuyos hijos asisten a escuelas apoyadas por Conafe.

El Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), cuya misión es lograr que adultos mayores de 15 años tengan la oportunidad de terminar primaria y secundaria, atiende a poco más de un millón y medio de adultos y otorga cerca de medio millón de certificados de primaria y secundaria por año, cifra con la cual nunca se terminará el rezago educativo de más de 35 millones de mexicanos mayores de 15 años que no han terminado la secundaria, porque cada año cumplen 15 de edad cerca de 800 mil jóvenes sin terminarla, los cuales aumentan el rezago. La cifra mínima para que el rezago disminuyera gradualmente cada año, es poder otorgar 600 mil certificados de secundaria, para lo cual el INEA necesitaría por lo menos tres veces más presupuesto del que le ha sido asignado.

La telesecundaria es el modelo que se aplica en regiones rurales y pobres que no pueden mantener una escuela de muchos profesores por grado. Aquí también la calidad es la más baja de todas las secundarias, pero por razones distintas. El modelo se echó a perder a partir de 1983 por un proceso indiscriminado de engorda: más contenidos hasta llegar a más de 6 mil páginas por grado y más programas de televisión hasta llegar a siete por día. Los alumnos y los maestros acaban turulatos. Ojalá pronto cambie.

Los indígenas representan 11% de la población, tienden a vivir en las zonas más alejadas del país y tienen la mayor tasa de pobreza. La atención educativa a los indígenas está repartida. Por un lado está la Dirección General de Educación Indígena que coordina las escuelas en los estados y produce libros de texto gratuitos en 44 lenguas. Tiene muchos problemas porque no todos los maestros son hablantes de la lengua donde enseñan, aunque ésta no es causa definitiva para mejorar el aprendizaje.

Por otra parte está la Coordinación de Educación Intercultural Bilingüe que fija políticas para las escuelas. Los resultados de estas escuelas son los peores del país. Aquí no basta con mejorar las escuelas, estos procesos deben darse en conjunto con proyectos eficaces de desarrollo productivo en las comunidades. Esta debe ser una de las tareas importantes de don Luis H. Álvarez, recién designado por el Presidente de la República.

rogerdc@prodigy.net.mx

Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana

 
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PERFIL
 
Es presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana (FSMA), vicepresidente de la Fundación Javier Barros Sierra, y asesor del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA). Además, es profesor e investigador del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en donde también fungió como director. Del mismo modo, fue subsecretario de Educación Pública (SEP).
 
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