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    Crisis educativa
Sara Sefchovich
25 de enero de 2007

Según el investigador Adrián Acosta Silva, el sistema educativo público nacional atiende a unos 31 millones de alumnos con casi millón y medio de profesores en unas 200 mil escuelas en el territorio nacional. Estas cifras triplican las de 1970 y duplican las de 1980, lo cual no sólo indica que se trata de un sistema gigantesco y que sigue creciendo, sino también que el gobierno le da a la educación un lugar significativo.

Y sin embargo, no se ha logrado que ella sea ni suficiente en cobertura ni de buena calidad.

De acuerdo con los especialistas, suficiente significa que toda la población en edad escolar tenga acceso a la instrucción en niveles de primaria, educación media y superior. Y de calidad se refiere a que sea buena, aunque no todo el mundo está de acuerdo en lo que esto quiere decir, pues, ¿buena para qué? ¿Para entrar al mercado, con los sistemas de trabajo, productividad y competitividad que éste impone? ¿Para acumular conocimientos? ¿Para formar espíritus críticos? ¿Para crear nuevas tecnologías y avances científicos? ¿Para fomentar una visión humanista?

Valga por lo pronto la definición de Johanna Filip, según la cual calidad se refiere a "aprendizajes que permitan adquirir los suficientes conocimientos y habilidades como para integrarse y participar en la vida social y para desempeñarse eficientemente según las demandas del medio social, cultural y económico en que se vive".

Ahora bien: si tomamos los dos criterios anteriores, los datos apuntan a afirmar que en México la educación es insuficiente y de baja calidad. Insuficiente, porque su cobertura no alcanza para todos y porque es dispareja de acuerdo con las regiones del país y con los niveles.

Por ejemplo, aunque la educación primaria es obligatoria, muchos niños no acuden a las escuelas por una serie de razones, entre las cuales la pobreza es sin duda la más importante.

Por lo que se refiere a la educación media, Manuel Peimbert asegura que sólo 39% de jóvenes en la edad correspondiente tiene acceso a ella y un noticiario de la televisión señaló recientemente que apenas 44% estudia y el resto no.

Y sobre la educación superior, Acosta Silva afirma que sólo 22 de cada 100 personas entre los 19 y 23 años están inscritos en alguna institución. Además hay grandes diferencias regionales: si en el DF la cobertura es de más de 50%, hay estados como Oaxaca donde apenas llega a 14%.

A ello se agrega el problema de la fuerte deserción. Ésta sucede mucho en las primarias de zonas rurales y en la educación media y superior en todas partes: 12 de cada 100 alumnos abandonan la escuela antes de terminar el sexto grado, 25 de cada 100 antes de terminar el tercero de secundaria y cuatro de cada 10 en el bachillerato.

Según Axel Didrikson, la mitad de los que ingresan a la UNAM la habrá abandonado antes de concluir, y según el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, de los que sí terminan, sólo cuatro de cada 10 lograrán titularse.

Por lo que se refiere a la baja calidad, como afirma Isabel Reyes, la educación en México no ha estado encaminada a hacer a los alumnos entender y adquirir capacidad de abstracción y de síntesis, sino a aprender de memoria y repetir.

Los resultados de este método han sido tan desastrosos, que la encuesta PISA que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico para evaluar el panorama de la educación en el mundo colocó en el 2006 a México en el lugar número 38 de un total de 40 países medidos.

La razón de esta bajísima clasificación fue porque los alumnos que terminan la primaria no saben ni álgebra elemental ni copiar un párrafo sin errores. Una encuesta de la UNESCO aplicada a 8 millones de educandos mexicanos comprobó que aunque todos sabían leer, muy pocos comprendían lo que leían.

Y los resultados de la primera aplicación de los Exámenes de la Calidad y el Logro Educativos (Excale) elaborados por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación arrojaron que, a escala nacional, 80.6% de los estudiantes de tercero de secundaria no sabe lo mínimo indispensable en matemáticas; 71% se encuentra en la misma situación en español, y 56% de los que cursan el último año de secundaria no sabe copiar una palabra sin cometer un error ortográfico ni puede diferenciar un texto narrativo de uno científico.

En resumen, que en términos educativos, México, supuesta potencia latinoamericana, sólo puede compararse sin embargo con los países más pobres como Bolivia y, a nivel mundial, con algunos africanos. En la próxima entrega intentaremos encontrar las causas de esta desastrosa situación.

sara.sefchovich@asu.edu

Escritora e investigadora en la UNAM

 
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PERFIL
 
Escritora. Investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su primera novela, Demasiado amor, le valió el Premio Agustín Yáñez en 1990. Fue becaria del INBA/FONAPAS en el área de ensayo durante el periodo de 1980-1981. Es autora también de La señora de los sueños (1993) y La suerte de la consorte (1999). Asimismo, ha escrito ensayos y colaboraciones en revistas.
 
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