| La competitividad electoral que hoy recorre a todo el país ha puesto a los partidos políticos ante el dilema de cómo conservar espacios de poder sin generar conflictos o rupturas internas, motivadas por el despunte de las ambiciones de los diversos cuadros dirigentes. La pregunta está en cómo lograr que la selección de candidatos para un partido en el poder no se convierta en la imposición del delfín del gobernante saliente, es decir, que no sea un proceso excluyente. Este problema se le presentó al PAN en Yucatán, donde por primera vez compite por la gubernatura desde el poder. La renuncia de Ana Rosa Payán a las filas de Acción Nacional, después de 23 años de militancia y reconocido liderazgo en su estado natal de Yucatán, es una muestra de lo que puede pasarle a un partido cuando se vive como hegemónico en una entidad. En efecto, cuando un partido considera que tiene asegurado el triunfo electoral porque no existen adversarios con la fuerza suficiente para disputarle el poder, la arrogancia puede llevar a sus dirigentes a cerrar espacios para las diferentes corrientes en su seno, provocando inconformidad, cuando no francas escisiones, como en el caso de la ex presidenta municipal de Mérida y ex directora del DIF. Aunque con antecedentes que se remontan a los 60, durante los últimos 20 años el PAN fue el partido de oposición por excelencia al dominio del PRI en Yucatán, y Ana Rosa Payán encabezó movilizaciones y valientes protestas en contra del fraude y las prácticas caciquiles, con objeto de que se reconociera el respaldo social con el que contaba su partido en el estado. Sin duda, su compromiso con la causa democrática, junto con el desgaste de la oferta electoral del PRI, permitieron que en 1991 Payán ganara la alcaldía de Mérida, y en 2001, uno de sus discípulos políticos, Patricio Patrón Laviada, se convirtiera en gobernador del estado, apoyado por una alianza del PAN y el PRD. Es cierto que estar en la oposición facilita mantener la cohesión de un partido, mientras que los triunfos abren aspiraciones nuevas de poder, pero se antoja prematuro que, con una sola experiencia en el gobierno estatal, los dirigentes actuales de AN en Yucatán, encabezados por el gobernador saliente, hagan cálculos hegemónicos y adopten conductas excluyentes respecto de otros grupos y corrientes de su mismo partido. Más preocupante aún es que este comportamiento ocurra en el PAN, que se ha caracterizado por tener mayores niveles de institucionalidad, es decir, por contar con estatutos y reglas de selección de candidatos y de dirigentes mejor estructurados y que han probado su vigencia, al aplicarse y convalidarse. Puede ser que a pesar de que algunos cuadros municipales yucatecos se han sumado a su causa, Payán no logre impedir el triunfo de Xavier Abreu Sierra, como el mismo candidato blanquiazul ha dicho, minimizando los efectos de la escisión, en buena medida porque no se vislumbra una fuerza capaz de hacerle frente con eficacia. El antiguo partido hegemónico en la entidad atraviesa hoy por una crisis que le ha impedido sortear la postulación al gobierno del estado sin conflictos internos, y el PRD,que ha ofrecido a Payán la candidatura, posee una base electoral prácticamente inexistente. Quizás la apuesta de Ana Rosa Payán esté en otro lado, o como ella misma ha dicho, en una candidatura de "coalición ciudadana", que no implique afiliación a partido político alguno, y eso ya es posible en Yucatán. La controvertida reforma electoral de mayo pasado, que finalmente fue declarada constitucional por la Suprema Corte de Justicia, abrió la puerta para que ciudadanos se postulen a cargos de elección en el estado con la firma del 2% de los inscritos en el padrón, es decir, sin necesidad de contar con el aval de un partido político. Cabe recordar que el liderazgo de Payán dentro del PAN se forjó a partir de su capacidad para aglutinar una oposición al PRI que no era sólo partidaria, sino que incluía a organizaciones ciudadanas. La salida de Ana Rosa Payán de AN puede abrir la puerta a la primera candidatura independiente en el país, y aunque no es una buena noticia para nuestra vida institucional , la posibilidad de que se rompa el monopolio de los partidos en la postulación de candidatos puede ser una lección que los lleve a explorar en serio mecanismos para adecuarse a la nueva realidad que ha provocado la pluralidad política que hoy existe en México. Profesora de la FCPyS de la UNAM |