| Sobre el espectro radioeléctrico hay más mitos que sobre el cielo, ese destino que espera a las almas generosas y bien portadas en la tierra. En nombre del espectro se dice tanto que, de repente, o se le equipara con un tubo o se le compara con un paquete de pan de caja, para señalar a partir de las rebanadas las bandas de frecuencias por donde operan las señales; imágenes grotescas. Pero surgen de estas comparaciones mitos, dogmas y muchas mentiras: la indivisibilidad del espectro, la imposibilidad de coubicar señales, la saturación de las bandas, el mantenimiento de amplias guardas entre canales para evitar interferencias; todo ello porque los concesionarios dominantes se quieren afirmar como dueños o depositarios únicos de esa parte del espacio, la "nueva fe mediática", no como intercesores o intermediarios. Tocar esos temas, discutir la Norma Oficial Mexicana, o contradecir los argumentos de la saturación del espectro elevados a dogma por los industriales de la CIRT, causa anatema, envenena la relación con los barones de la tv. Y veneno puro es lo que ha colocado Marcelo Ebrard en su relación con el mundo de la tv en el DF. Al solicitar ante la SCT un permiso para la explotación de un canal de tv, el jefe del GDF va más allá de una simple solicitud; ha formulado uno de los temas más importantes a debatir en el presente mexicano en materia de radio y tv: la disponibilidad de espectro radioeléctrico para dar cabida a proyectos alternativos de tv pública y más competencia en el modelo comercial, y por supuesto, la obligación de la autoridad de informar sobre ello. El 28 de noviembre de 2006, la Cofeco estableció en su opinión sobre el acceso a los contenidos audiovisuales la necesidad de "adjudicar a la brevedad el espectro radioeléctrico disponible para el desarrollo de nuevos canales de televisión abierta mediante mecanismos de licitación pública que promuevan la competencia y eviten concentraciones contrarias al interés público", refiriéndose al régimen concesionario. Con mayor razón debería liberarse espectro al hablar del sistema permisonario, en franco desequilibrio con el modelo comercial. El 80% del espectro destinado a tv está bajo la operación de privados, y sólo 20% de entidades públicas. Lo hemos dicho, cualquier proyecto de acotar realmente al duopolio televisivo pasa por varios ejes, en el que además de la liberación del espectro para una tercera cadena de tv y el otorgamiento de concesiones para redes locales comerciales, se deben eliminar barreras de entrada y prácticas concentradoras en el asunto de los contenidos, y ampliarse los permisos a medios del Estado de servicio público. Estoy cierto que la informada y valiente opinión de la Cofeco se convertirá en referente para el proceso de adjudicación de nuevas señales de radio y tv. Por lo que se refiere a la solictud de Ebrard, es incuestionable el derecho de contar con un sistema de medios propio, pero tanto o más importante es que diga para qué lo quiere. Basta recordar los antecedentes del GDF en el manejo de su política de comunicación social; ello en nada prestigia a la institución, y no se diga la utilización que hizo de los 30 minutos dentro de la llamada Hora nacional, con un evidente manejo partidista. Por eso, además de poner sobre la mesa el tema de desmitificar la saturación del espectro, es muy importante definir el contenido programático de los medios de Estado: los valores que desde ahí se puede y debe fortalecer para fomentar la pluralidad, la democracia y la cultura de los ciudadanos, carentes de opciones reales para informarse y entretenerse. Algunos sistemas estatales de radio y tv en los estados persisten en la idea de comportarse como promotores de la imagen del gobernante o meros instrumentos de propaganda, aunque también debemos reconocer que cada vez son más los medios públicos que entienden la misión y función que están llamados a cumplir al recoger y difundir todas las voces. Ebrard tiene justificada la necesidad de contar con medios para el gobierno capitalino, pero debe decir para qué los va a utilizar y no repetir la utilización política de un medio que debe corresponder a los ciudadanos su gestión. Un canal de tv para el DF no debe ser visto, ni planteado, como una prerrogativa del gobierno, sino como derecho de los capitalinos. Los habitantes de la ciudad de México viven en medio de uno de los desequilibrios más patéticos en el mundo al encender su aparato televisivo y encontrar que una sola empresa acapara cuatro frecuencias y la otra posee otras dos. La solicitud de Ebrard debiera encerrar como premisa salvaguardar el derecho ciudadano de los habitantes del DF, y éstos ejercer la titularidad del mismo como parte fundamental en la conducción, con facultad de intervenir en la vigilancia, supervisión, evaluación y orientación de la programación a través de un órgano que les permita cumplir la tarea de servicio público. Total, si ya puso el tema del espectro, que también ponga el ejemplo. Profesor de la FCPyS de la UNAM |