| Con sus primeras formulaciones de política exterior el Presidente ha interpretado correctamente el sentir de un sector importante de la opinión pública al plantear, entre otras cosas, un acercamiento discursivo con América Latina y una descentralización del tema migratorio en las relaciones con Estados Unidos. Este despeje inicial abre un compás para empezar a tomar algunas decisiones sin tanta presión política, pero aún falta que se pronuncie con mayor detalle sobre los temas centrales de la agenda exterior del país. Lo esbozado hasta ahora es absolutamente genérico. De momento esto puede ser útil, pero a medida que avance el sexenio será necesario ir tomando definiciones. Aunque no es un tema muy popular entre nuestra clase política, es imperativo abrir un gran debate sobre el papel que México puede y quiere jugar en el mundo. Así sea con objetivos mínimos debemos saber qué queremos. Decir que procuraremos llevarnos bien con todo el mundo es un buen principio, pero en algún momento se deberá empezar a hablar de objetivos, y allí empezarán las fricciones y los intereses en pugna. El trabajo del conductor de política exterior se trata más del trabajo de un jardinero que tiene que ir cuidando sus plantas y el entorno, que el de un ejecutivo de relaciones públicas que eternamente sonría y se proclame como el vecino ideal que vive y deja vivir. Por nuestras dimensiones somos un país que puede ser molesto en el vecindario y que también tiene aspiraciones e intereses allende sus fronteras. En la formulación calderonista se ha quitado la centralidad del tema migratorio en la relación bilateral con Estados Unidos. Con esta decisión se ha extirpado ese tumor -en forma de enchilada- sembrado por la gestión de Castañeda. Fue tan descomunal la influencia de la enchilada que muchos de los observadores la ponderaron más a la hora de hacer sus evaluaciones del sexenio anterior que la participación de México en el Consejo de Seguridad de la ONU durante la crisis de Irak y su defensa sistemática del multilateralismo. Ya sin enchilada en el imaginario colectivo habrá más espacio para evaluar con más ecuanimidad otros campos. Lo crucial ahora es definir qué objetivos perseguimos en Norteamérica y supongo que cuando entre en funciones Arturo Sarukhán, designado por el Presidente para llevar directamente tan delicado asunto, sabremos algo más. En relación con América Latina el planteamiento inicial es igualmente útil para reducir el barullo. Proclamar cercanía con América Latina siempre es muy útil, especialmente en el campo de la política interior. A los partidos tradicionales y a un amplio sector de la sociedad le reconforta escuchar estos posicionamientos. Lo que no se sabe es qué queremos con América Latina. Además del peace and love supongo que tendremos otros objetivos. Podremos flotar en muchos temas con la ambigüedad que fue tan útil en el pasado, pero hay uno que no podemos eludir: Cuba. Yo supongo que a estas alturas ya estarán muy avanzadas las discusiones sobre la hoja de ruta de lo que México quisiera que fuera el proceso cubano e intentar influir en el mismo. No sólo Caracas, Washington y Madrid tienen intereses directos y cercanía con la isla, por distintas razones México es un actor que no puede jugar al avestruz en ese caso y más valdría ir poniendo sobre la mesa cuáles son nuestros intereses ante la nueva realidad de la isla. Ya veremos. Analista político |