| Hace calor en el hemisferio norte del planeta y el precio del barril de petróleo lo resiente, pero no tanto como lo resentiremos los humanos de aquí en más, porque aun si se tomaran hoy medidas para evitar el calentamiento global -que no se toman- los efectos negativos se seguirán sintiendo durante el próximo cuarto de siglo. ¿Ya vio usted el documental de Al Gore sobre el calentamiento global? ¿Lo comentó con sus amigos, con su familia? Es impactante. Bien dice el ex vicepresidente de Estados Unidos que lo que muestra "es una verdad incómoda", porque algunos, muchos, desearíamos no saber lo que nos espera en términos de devastación ecológica. Cuesta trabajo decir que fue bueno que George W. Bush esté hoy en la Casa Blanca y no Al Gore, sobre todo en esta semana en la que es políticamente incorrecto recordar las atrocidades de Saddam Hussein y no describirlo como una víctima inocente, pero sí, ¡qué bueno!, porque por no estar en la oficina oval Gore pudo hacer un documental sobre el calentamiento global en lugar de ayudar a provocarlo. Bush es indefendible por muchas razones, entre ellas, sin duda, la invasión a Irak. Llevarla a cabo transformó el apoyo irrestricto que había recibido Estados Unidos a causa de los ataques terroristas que sufrieron en su territorio el 11 de septiembre de 2001 en animadversión generalizada. El derecho a la defensa proporcional al ataque sufrido, elemento consagrado en el derecho internacional, se dio en Afganistán, que claramente no sólo protegía sino alentaba a los grupos como Al-Qaeda, con el fin de atacar a los infieles y particularmente a Estados Unidos. Irak fue un error, demostrado otra vez esta semana cuando los invasores no pudieron ni siquiera impedir que se filtrara un video de la ejecución en la horca de Hussein. El video mismo es prueba fehaciente del caos en el que está ese país y de lo mal que va la ocupación estadounidense que no controla ni a sus aliados. Pero aun con todos los problemas que pueda haber en el terreno, no hay que olvidar que históricamente los vencedores de las guerras determinan el fin de sus enemigos emblemáticos. De haber sido derrotados en la Segunda Guerra Mundial los aliados -Inglaterra, Francia, Estados Unidos-, los que hubieran llegado al patíbulo hubieran sido Stalin, De Gaulle y Roosevelt. Bush Jr., de haber sido derrotado por Hussein, habría sido pasado por las armas, qué duda cabe, si eso es lo que hacía el líder iraquí con todos sus enemigos, o los que sospechaba eran sus enemigos. Bajo su dictadura, más de un millón, sí, un millón de iraníes murieron por sus órdenes de ataque, invadió Kuwait, gaseó a los kurdos, de verdad que sin su presencia en la faz de la Tierra no perdió mucho la humanidad. El asunto es que Bush está ocupado en esa guerra que es lo urgente y Gore recorre el mundo hablando de lo importante. Este fin de semana es el más caliente desde hace 130 años en Nueva York, el primer enero sin nieve en todo ese tiempo, nada que celebrar porque quiere decir que, eventualmente, más al norte los glaciares empezarán a derretirse y esa maravillosa ciudad atacada por el odio del fundamentalismo árabe podría nuevamente verse expuesta a una tragedia de proporciones inmensas si sube el nivel del mar. Ya no hablemos de lo que le esperaría a Canadá, a los Países Bajos, un desastre ante el cual Al Gore nos pide a todos los humanos que reaccionemos y sugiere medidas concretas: no usar tanto el coche, no tirar tanta basura, una difícil para los amantes del aire acondicionado a todo lo que da, trabajar en organizaciones no gubernamentales, desde la política, o desde cualquier trinchera, para retrasar cuando menos la debacle. Qué bueno que en el centro de México se estén haciendo desarrollos inmobilarios y ciudades de albergue para posibles refugiados ecológicos, van a servir si las cosas en la frontera en 15 o 20 años se ponen difíciles y en lugar del documental de Gore se vuelve realidad aquella película de ficción que se llamaba El día después de mañana, ¿se acuerdan?, aquella en que un desastre ecológico hace que del norte se deje venir una ola de refugiados ambientales; eso no entra en el campo de la ciencia ficción, sino de la ciencia, que puede devenir en realidad si seguimos desatendiendo las advertencia sobre calentamiento globlal y pensando que es una exageración por parte de grupos ambientalistas. Periodista e investigadora del ITAM |