| E n la vida pública nacional hay un protagonista que hasta ahora no hemos tomado debidamente en cuenta y, sin embargo, está adquiriendo cada vez mayor relevancia. La razón por la cual, a mi parecer, no le hemos dado la importancia debida a esa figura es que hemos puesto más interés en los actores y acontecimientos que se desenvuelven y registran en la esfera política y en la esfera económica. Me refiero a la sociedad civil. Ella, como dice Benjamín Barber, no es donde votamos o compramos, sino donde nos relacionamos con nuestros semejantes al margen de los intereses de poder y de lucro. A diferencia del Estado que por su naturaleza tiene un carácter unitario y formal, la sociedad civil es el reino de la pluralidad y de la espontaneidad. Asimismo, en contraste con el mercado que por su propia índole está caracterizado por la competencia y la ganancia, la sociedad civil es el ámbito de la cooperación y la ayuda mutua. A veces la hemos visto aparecer en momentos excepcionales como, para echar mano de casos relevantes, los terremotos del 19 y 20 de septiembre de 1985; en la manifestación del 24 da abril de 2005 en contra del desafuero de AMLO, o en las magnas protestas del 16 y 30 de julio de 2006 para denunciar el fraude electoral. En las referidas manifestaciones los participantes se condujeron pacíficamente; es decir, civilizadamente. No obstante, para ejemplificar la relevancia paradójica de este tema, también hemos sido testigos de la presencia de la sociedad, que podríamos llamar en contraste "incivil". Valga la mención de dos acontecimientos que han impactado vivamente a la ciudadanía: por una parte, las más de 400 mujeres asesinadas en Ciudad Juárez; por otra, los linchamientos de los oficiales de la PFP, Víctor Mireles Barrera y Cristóbal Bonilla, el 23 de noviembre de 2004 en San Juan Ixtayopan a manos de una turba enardecida. Muestras de la violencia e inseguridad que padecemos. En medio de este contraste dilemático, debemos reconocer que con más frecuencia, tanto la sociedad civil como la incivil se mueven en el silencio, fuera de los reflectores, estableciendo una lucha sorda pero cotidiana entre ellas. El asunto es que en la disputa entre ambas se está jugando el destino de la convivencia respetuosa y de la democracia que queremos construir. Nuestro paso a la modernidad. jfsantillan@itesm.mx Académico del ITESM-CCM |