| En la última colaboración del año pasado compartía con usted la idea de aprovechar el final del 2006 para cerrar con ello una etapa, si quiere usted, el siglo XX. Resulta que los siglos, además de ser bloques de 100 años, son también ciclos que pueden ser más grandes, o más pequeños. Un famoso historiador hablaba del "corto siglo XX", que habría iniciado en la Primera Guerra Mundial para terminar antes de 1990. Para nosotros en México, el siglo pudo haber empezado igual, pero me parece que terminó el año pasado, y por eso creo que debemos empezar éste de manera muy diferente. Me explico. Usted ya sabe que identifico el inicio del proceso de cambio en México en 1986, cuando la política nacional se transformó, dejando atrás lo que habíamos vivido durante el resto del siglo. En ese año también tocamos fondo en materia económica, aunque afortunadamente no nos dimos cuenta porque estábamos más atentos al Mundial de futbol. Por si fuese poco, creo que ese año también implica una modificación sustantiva de los asuntos de seguridad, tanto pública como del Estado. Bueno, pues ese proceso de cambio iniciado en ese año terminó durante el 2006. En la política hemos logrado mantener un sistema democrático, que como todos tiene errores y defectos, pero funciona, y mejor que la mayoría de los que conocemos. Hemos empezado ya a reconocer el valor de la información y la transparencia, y también estamos bastante avanzados en la "colonización democrática" en varias entidades del país que se resisten. Ahora es tiempo de pasar a una nueva etapa en cuestión política. Como bien se empezó a discutir después de la elección, las instituciones tienen que modificarse. Pero esto no significa hacer otra reforma electoral, sino entrar a fondo en el problema de la administración del poder. En materia económica, también es momento de cambiar de etapa. No me refiero a que inventemos "modelos", sino a que tomemos algunas decisiones que hemos evitado por décadas. El gobierno mexicano es uno de los que tienen menos ingresos en el mundo, y es al mismo tiempo uno de los que más presiones de gasto soporta, porque somos más de 100 millones de mexicanos. Es momento de hacernos responsables de nuestro país, de dejar de culpar a otros por lo que nos pasa, y de esperar que nos caigan soluciones mágicas, como lo fue Cantarell, el manto petrolero hoy agotado. No queda más que hacer lo que hacen todos los países que funcionan: pagar impuestos, abrir empresas, trabajar diario, esforzarnos y competir. Y esto implica no sólo una transformación en cuestiones económicas, sino un cambio en la forma de ver el mundo. Necesitamos reconocer que México ha fracasado, por culpa nuestra. Uno de los países más grandes del planeta, con recursos, si no abundantes sí razonables, con 3 mil kilómetros de frontera con el mayor mercado del mundo durante el siglo XX, no pudo convertirse en medianamente desarrollado. Como quiera usted verlo, es un fracaso. Por cierto, mi colega Ricardo Raphael dedicó su colaboración del viernes pasado a comentar acerca de mi interpretación de hace una semana. En su artículo, Raphael defiende el discurso pobrista al que asocia con López Obrador, e incluso llega a usar como ejemplos a Gandhi, Mandela y Luther King. Pero ninguno de los tres usó como base de su discurso político la pobreza, sino la exclusión, algo que puede parecerse, pero que no es igual. Ni fueron, por cierto, políticos en busca del poder a toda costa. Ese es un debate que no tiene mucho sentido, porque no se trata de discutir lo atinado o no de un personaje político en particular, sino de nuestra posición como sociedad. Lo importante, insisto, es que comprendamos que lo que ocurre con México es un problema que proviene de nuestro rechazo a financiar adecuadamente el desarrollo nacional, es decir, a pagar impuestos. Lo importante es que entendamos que no hay manera de terminar con la pobreza a golpe de discurso, sino a través de esfuerzos concretos, financiados por todos, y orientados a competir en un mundo que no es de sueños ni de utopías. Es un mundo miserable, en el que hay que competir para ganar. Por eso, ¡Feliz 2007! macario@macarios.com.mx Profesor en la EGAP del ITESM-CCM |