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    ¿Alguna buena noticia en 2007?
Alberto Aziz Nassif
2 de enero de 2007

¿De qué forma se podría recuperar el país del deterioro político en el que lo han metido los principales actores de la trama del poder? Parece que ya nos hemos acostumbrado a las malas noticias como horizonte cotidiano. Las pésimas calificaciones que le da la ciudadanía a los partidos y al Congreso en las encuestas sobre cultura política, se han vuelto una expresión de desconfianza, una suerte de inercia rutinaria. ¿Existe espacio para modificar este proceso o nuestra vapuleada democracia inicial seguirá cuesta abajo?

Es una práctica común que los inicios sexenales sean un tiempo para renovar la confianza, aunque sea de forma moderada. Sin embargo, en esta ocasión el déficit de expectativas es tan grande que resulta complicado revertirlo. Prácticamente cualquier buena noticia, por más pequeña que sea, se vuelve una sorpresa. Si el gobierno de Calderón toma una decisión, inmediatamente se neutraliza porque no hay confianza suficiente. Si se aprueba la Ley de Ingresos o el Presupuesto inmediatamente surgen los problemas de fondo; no hay recursos suficientes y mientras no se haga una reforma fiscal, seguiremos sujetos a la política anual de parchar el Presupuesto, porque cada año alcanza menos. Es urgente la revisión a fondo del problema fiscal, porque la gran tabla de salvación, el petróleo, es un recurso declinante.

Por ninguna parte se ve un proyecto de país que haga viable un desarrollo para los próximos 20 años. Como un simple botón de muestra se puede ver que experiencias exitosas en otros países, como el caso de Corea del Sur, indican que la inversión en ciencia y tecnología y la política industrial fueron un proyecto de desarrollo que a la vuelta de dos décadas les ha dado resultados extraordinarios.

Hoy en día la comparación es lastimosa: a niveles de desarrollo inferiores o iguales a nuestro país hace unos años, hoy Corea tiene más de 3 mil científicos por cada millón de habitantes y México tiene menos de 300. Se vuelve a confirmar que nadie aprende en cabeza ajena, porque lo primero que hizo el nuevo gobierno panista fue bajar el presupuesto en educación, y en ciencia y tecnología.

Al inicio de este 2007 no sabemos cuáles vayan a ser los perfiles políticos del año, no se sabe cuál vaya a ser la agenda legislativa del Congreso y hasta dónde podremos avanzar como país. Las proyecciones económicas del año anuncian una disminución del crecimiento económico, a pesar de que las variables macroeconómicas se mantendrán en los niveles conocidos, tanto la inflación, como el tipo de cambio peso-dólar, o el déficit público, son variables que anuncian estabilidad. Sin embargo, el aumento del salario mínimo se manejó en niveles de sobrevivencia, apenas un 3.9%, con lo cual no se alcanza a recuperar ni siquiera la inflación del 2006, que fue un poco más alta. En materia laboral no hay ninguna novedad, sobre todo mientras no haya una reforma que fortalezca los mecanismos de negociación y transparencia de los sindicatos, para lo cual es necesario modificar los instrumentos y las reglas del juego, porque con lo que existe hoy en día seguiremos en el mundo de la simulación. Es patético, pero explicable, cómo el gobierno panista convive con el viejo corporativismo, y de qué forma ha incorporado a esa parte del poder priísta en puestos claves. Es una vergüenza la entrega de la educación básica a lo peor del sindicalismo corporativo. ¿Dónde quedaron las famosas manos limpias que presumía Calderón en campaña?

Lo más fácil para establecer las perspectivas del año que se inicia sería plantear la agenda que debería legislar en el Congreso; lo más complicado es establecer qué parte, cuál pedazo del amplio rezago formará parte de las novedades del 2007. Entre los pendientes que dejó el año pasado esperamos la decisión que tome la Suprema Corte de la Nación sobre la "Ley Televisa", que será uno de los temas esperados para saber si se ratifica la decisión facciosa que refuerza los monopolios y debilita la regulación estatal, o se rectifica esa polémica decisión.

Las señales que han dejado los partidos políticos en el Presupuesto no son alentadoras de que vaya a darse una reforma en el tema de financiamiento y gasto. Por ejemplo, en el recorte de 720 millones de pesos que se le hizo al IFE, los diputados dejaron la firma de la casa, es decir, se tendrán que ajustar todas las estructuras del organismo, lo cual es positivo, sobre todo por la reducción que posiblemente se hagan a los excesivos salarios de los niveles directivos, para entrar a la moda de la austeridad light que ha marcado Calderón; sin embargo, al mismo tiempo no se podrá reducir ni un peso a las prerrogativas de los partidos políticos, por lo cual recibirán la suma de 2 mil 899 millones de pesos (EL UNIVERSAL, 27/12/2006).

Quizá veremos que salga adelante la reforma para que el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI) tenga jurisdicción sobre todos los organismos gubernamentales y no sólo sobre el gobierno central. Con lo cual se dará un paso necesario para el fortalecimiento de la transparencia. Pero al mismo tiempo, no hay que perder de vista que las instituciones no sólo se consolidan mediante mejores reglas, sino que resultan indispensables los desempeños y las redes sociales que les exigen cuentas. Habrá que estar atentos a lo que suceda en materia de una reforma al Poder Judicial, al sistema de justicia penal, porque a pesar de la moda que se ha instalado sobre la autonomía del Ministerio Público y de los juicios orales, que algunos estados ya han empezado a implementar, no se puede dejar de lado la necesidad de apuntar hacia una reforma integral.

La lista de reformas pendientes sobrepasaría el espacio de este texto con una simple enumeración. Lo que se tiene que reconocer es que la institucionalidad del Estado mexicano es ruinosa y necesita una cirugía mayor para cualquier lado que se mire. Por eso nos preguntamos si los actores políticos, en los diversos niveles de responsabilidad pública, ya han tocado fondo o seguirán empeñados en la confrontación y el pleito que ha imposibilitado los pactos y consensos para transformar una institucionalidad que cada día emite más señales de alerta. ¿Podremos esperar alguna buena noticia en este 2007 que empieza?

Investigador del CIESAS

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.
 
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