| La invasión de Estados Unidos a Irak ha sido un error histórico. Después de los atentados terroristas del 11 de septiembre, la invasión a Afganistán tenía una explicación. Extenderla a Irak, no la tuvo. Fue un acto irracional cuyas consecuencias gravitarán sobre nuestro vecino por un largo tiempo. Para México, el desenlace de Irak tendrá consecuencias. La decisión de invadir ese país fue, como ocurrió de manera paradigmática con la Primera Guerra Mundial (Barbara Tuchmann), fue una auténtica "marcha de la tontería". Fue una calamidad que se conjugaran el poder de los extremistas de la derecha radical que veían en la ocupación la oportunidad de conformar al mundo árabe conforme a su visión ideológica, la explotación política del resentimiento y el miedo, y la interferencia de los intereses económicos asociados al petróleo. Cada quien veía lo que le interesaba, sin mirar al conjunto. Quienes no estuvieron de acuerdo con la intervención, no tuvieron suficiente poder como para oponerse o prefirieron callar para no ser calificados de traidores. El resultado ha sido catastrófico para Estados Unidos. Perdieron apoyos en la comunidad de las naciones y particularmente en Europa. Exacerbaron el odio del mundo árabe y potenciaron a los más radicales. Debilitaron la gobernabilidad en países aliados como Arabia Saudita. Desequilibraron el poder regional en favor de Irán. Han vuelto más expuesta la situación de Israel. No lograron un mayor acceso al petróleo, por el contrario, la intervención ha contribuido a aumentar el riesgo y los precios. Para Estados Unidos el costo directo es altísimo. El costo fiscal de la guerra contribuyó a agudizar su déficit fiscal y el de su balanza de pagos. Con ello ha contribuido a deteriorar aún más la solidez de su economía. Desde el punto de vista político, la sociedad se ha polarizado. Para el gobierno republicano, la guerra ya le costó la mayoría en ambas cámaras y le puede costar la Presidencia. Las instituciones y los consensos políticos estadounidenses son muy fuertes. Su mayor fortaleza está en su capacidad para reconocer los errores y corregir. El mejor ejemplo es el propio correctivo democrático que significaron las últimas elecciones. O la capacidad de reflexión de la que son capaces, como quedó demostrado en el reporte de la comisión bipartidista que reconoció la gravedad del problema y ha propuesto un camino de salida. Esa capacidad de reconocimiento de los errores, de corrección por método democrático y de propuesta seria como la que ha sido presentada como resultado de un consenso bipartidista, salvará a Estados Unidos, pero a un costo altísimo. En los próximos meses tendrá que haber una corrección fundamental. Tendrán que reconocer que su poder no es ilimitado y que están más seguros en un orden multilateral y donde el derecho internacional prevalezca, a lo que están en un orden unilateral y de fuerza. Que no hay Estados a los que convenga colocar en la lista de enemigos irreconciliables y permanentes y que, por lo tanto, para salir de Irak necesitarán negociar con Irán y Siria. Que la presencia de sus tropas es crecientemente disfuncional y que para salir de la trampa del vacío de poder y de la guerra civil, también tendrían que establecer nuevos equilibrios que incluyan a los sunnies del odiado antiguo régimen. Que el debilitamiento de la critica que ejerce la opinión pública y del respeto a los derechos fundamentales dentro de su país, lejos de fortalecerlos, contribuyó a prolongar esta aventura y a incrementar sus costos. El panorama para EU después de Irak no es halagüeño. No lo es para su poder mundial ni para la solidez de su economía. Este es un dato fundamental para nuestra política exterior e interna. A nosotros no nos conviene una situación de deterioro ni menos aún de catástrofe. Nos ayudaría más una salida ordenada, resultante de un consenso bipartidista que haga posible un reequilibramiento incluyente de todas las fuerzas en esa región. A cambio de recuperar el multilateralismo y el pluralismo cultural, la comunidad internacional debiera facilitarles la salida. Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista |