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    Será un año difícil
Jesús González Schmal
30 de diciembre de 2006

N o cabe duda que 2007 será un año difícil para México y para el mundo entero. Contra el pronóstico que se hizo a la conclusión del siglo XX, de que la nueva centuria significaría un reencuentro del hombre con su vocación natural al bien y la superación de los atavismos y antagonismos ancestrales, la verdad es que el primer lustro se inició con la agudización de enfrentamientos, invasiones, guerras y desastres ecológicos que auguran complicaciones, cuyas dimensiones todavía no podemos imaginar.

Para México, 2001 también constituyó toda una renovación que nos dispuso a una nueva convivencia en la democracia, para situarnos en la era del desarrollo y la civilización. El resultado ha sido frustrante. No sólo lo esperado no se alcanzó, sino, con el foxismo, lo obtenido se perdió en gran proporción. El primero de los logros que fue el respeto al voto público apenas un sexenio después se ha visto manchado precisamente por quien, con su triunfo presidencial, había sido el beneficiario de ese avance democrático. La gran abundancia de recursos económicos para el país a partir del precio del petróleo crudo y de las remesas de los migrantes nacionales también se dilapidó en improvisaciones, malos manejos y dispendios al por mayor. El prestigio internacional de México confirmado con el cambio democrático pacífico se echó por la borda con las frivolidades y manifiestas incapacidades del presidente Fox.

En este escenario, las probabilidades y el potencial de México hacia una etapa de mayor justicia, equidad y desarrollo económico productivo se verán dramáticamente limitados para el año que se inicia y los subsecuentes. No se puede soslayar que el gobierno cuestionado que inicia Calderón reincide en atender primero lo que sus promotores de publicidad le aconsejan para causar buena impresión en el exterior, en vez de lo que es sustantivo y constructivo hacia adentro, que supone gobernar sin sectarismos, ni despliegues arrogantes de fuerza militar.

Nadie duda que la primera necesidad de los mexicanos sea la sobrevivencia frente a la inseguridad que se extendió por todas las latitudes de la República ante la incompetencia del foxismo, pero también se sabe que, al margen de los efectismos del militarismo para dar la sensación de control de la delincuencia, se da la realidad de que dicha fuerza sirva más para reprimir disidencias políticas que para contener las redes de mafias y cárteles que son inmunes a este tipo de acciones y que, en cambio, como la experiencia lo enseña, logran someter al Ejército vía la propia corrupción e implicación de protección a las propias redes.

Parece necio que el propio Calderón no recoja la única propuesta inteligente que tuvo Fox al inicio de su sexenio, y que fue la de un coordinador civil de seguridad nacional de la calificación y autoridad de Adolfo Aguilar Zínser y que no supo aprovechar por los revanchismos de Jorge Castañeda. Es cierto que hoy no está Adolfo, pero está su proyecto y debe haber otro mexicano de ese nivel que pueda asumir la responsabilidad que implicaba coordinar a la Defensa Nacional, Marina, PGR, AFI, PFP y policías locales y municipales a un objetivo común pero sin fusionar mandos que a la larga revierten en la ineficiencia por gigantismo y atrofiamiento.

Se ha dicho por expertos en todo el mundo que el narcotráfico, la industria de secuestros, los robos al erario, el contrabando a gran escala, etcétera, deben ser combatidos desde el ámbito financiero (así lo había concebido Aguilar Zínser). Si la inteligencia de un gobierno no se inicia en este vértice, todo lo que se haga para su combate con fuerza militar es sólo alarde infructuoso que a la larga es contraproducente.

México no puede jugar a lo que hacen Estados Unidos y España, que persiguen a los minoristas de drogas en su país, pero dejan que los grandes financieros se sigan haciendo ricos con los inmensos depósitos clandestinos de las organizaciones delictivas que ofrecen gigantescas comisiones, por los manejos discretos de los titulares de las cuentas y cuando el depositante es ejecutado o encarcelado, los ejecutivos de los consorcios bancarios son los que dispondrán finalmente de dichos fondos.

Un año difícil. Remontar el lastre de un gobierno constituido con duda fundada de su legitimidad de origen, en un entorno de injusticia social creciente y de crónica incompetencia en la preservación de la seguridad pública, será el signo de los próximos días.

Abogado

 
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PERFIL
 
Abogado y analista político. Actualmente es diputado federal por el partido Convergencia. Asimismo, se ha desempeñado como diputado federal en la LI Legislatura por el estado de Coahuila y fungió como coordinador del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN) en la LIII Legislatura, participando en las Comisiones de Gobernación y Puntos Constitucionales, Justicia y Relaciones Exteriores.
 
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