| Se está terminando un año que ha marcado profundamente al país. Las elecciones presidenciales generaron un encono que no se había manifestado desde hace mucho tiempo en México. Como en cualquier sistema democrático, el proceso electoral nos fue develando, al correr de los días, semanas y meses de este 2006, que hay un universo de derecha y otro de izquierda, y que sus proporciones en votos fueron casi idénticas. La diferencia con las democracias consolidadas fue que aquí la contraposición política tuvo dos piezas que descompusieron el escenario: un ingrediente de exclusión de una parte hacia la otra y un sistema de reglas y operadores electorales que no logró un arbitraje profesional, objetivo y sembró dudas sobre un resultado que empató las preferencias y dejó insatisfecha a una de las partes. Lo que se ha denominado como polarización fue la profunda diferencia de proyectos de país que dividen a México, y fue el catalizador que se hizo visible con este proceso electoral. Izquierdas y derechas, o simplemente la oposición entre un proyecto redistributivo y otro más de corte competitivo. Lo dos polos que empujaron la transición democrática desde los años ochenta, el centro izquierda y el centro derecha, hicieron del proceso de 2006 una encrucijada, una operación de suma cero, en donde la diferencia llevó al centro derecha a intentar la exclusión del centro izquierda. Los antecedentes del pleito, que tuvo momentos de una lucha patética entre dos liderazgos, Fox versus AMLO y AMLO versus Fox, hicieron todo lo posible por alterar a su favor la lucha. Desde el poder presidencial se montó la estrategia de exclusión del desafuero en 2005 y desde la oposición se usó el poder local como plataforma de lanzamiento del proyecto presidencial. De enero a junio la ciudadanía presenció un escenario de confrontación mediática entre dos rivales que usaron y abusaron de un conjunto de reglas del juego para sacar adelante su proyecto. Un árbitro completamente débil y rebasado que pensó que la institucionalidad podía funcionar en automático. La mitad del año político se fue en una campaña de spots que redujo el debate a una confrontación sucia y que sólo fue parcialmente detenida cuando el daño y sus efectos ya habían hecho su trabajo en las preferencias ciudadanas. Para rematar el cuadro, hubo actores que no deberían de haber participado y que de forma ilegal rompieron la legalidad y produjeron una ruptura de la equidad en la competencia, con lo cual el pacto que había producido la alternancia, la equidad y la autonomía del sistema electoral, se fracturó. El día de las elecciones entramos a un terreno de incertidumbre que poco a poco se transformó en una larga y conflictiva crisis postelectoral. En lugar de saber los resultados el mismo 2 de julio, el país tuvo un resultado en firme hasta dos meses después, el 5 de septiembre, cuando el Trife hizo el anuncio oficial de la calificación electoral. Esos dos meses llegaron después de cinco meses y medio de una campaña de propaganda sucia, miles y miles de spots y por lo menos unos cinco mil millones de pesos invertidos. El récord no se hizo esperar, la misión de observación de la Unión Europea señaló que México tiene la democracia electoral más cara del mundo. Ahora podemos añadir, y además con resultados muy cuestionados, y un gran déficit de legitimidad. Con este proceso se vino abajo la tesis de que las elecciones mexicanas eran muy costosas porque era necesario revertir la desconfianza, por eso las reglas estaban llenas de alarmas, signos defensivos, blindajes e instrumentos complicados. Sin embargo, después de mirar lo que pasó con el 2006 y la versión del árbitro, se puede decir, como lo dijo un observador internacional: ´La operación fue un éxito, pero el paciente murió´. Que cada uno de los participantes asuma su responsabilidad, unos por reventar la equidad y otros por reventar los resultados. Las acusaciones no se hicieron esperar, de un lado quedaron los ´traidores´ y del otro los que no ´saben perder´. El poder la televisión y el de la calle fueron los dos ejes de la confrontación, los medios modularon y modelaron la confrontación y los otros tomaron la calle para hacer de una larga protesta, una estrategia de presión y sacudimiento institucional. Al final de cuentas, nos quedamos con un conflicto que no pudo tener una salida satisfactoria para la parte perdedora, con una atmósfera de impunidad porque los que violentaron la legalidad se quedaron tan campantes, y con una parte de la sociedad muy irritada, para 4 de cada 10 mexicanos las elecciones fueron fraudulentas y eso reprueba cualquier base institucional. El desempeño de las autoridades electorales quedó cuestionado y la certidumbre final no llegó. A partir de septiembre, el congreso actualizó en la 60 Legislatura los límites de un sistema presidencial en donde el gobierno dividido fue de nuevo la traducción de votos en escaños. Un mes para repartirse las comisiones y las condiciones de privilegio, otro mes para procesar el último informe presidencial, que sólo pudo ser entregado a las puertas de San Lázaro, y un mes más para preparar las estrategias de la toma de posesión del 1° de diciembre, la otra fecha minada. La toma de la tribuna como escenario de un espectáculo circense. En el último mes del año tenemos los primeros pasos de un gobierno que define su perfil diariamente. Así los primeros pasos se dan entre la necesidad de encontrar bases de legitimidad, porque las urnas no terminaron de darle un bono democrático, y un marcado pragmatismo. Calderón ha pagado las facturas políticas para integrar el gabinete, por eso entregó la educación básica al sindicato magisterial. Presentó un presupuesto lleno de parches y huecos y ha mostrado mano dura. Fue 2006 un año muy complicado porque cambió las imágenes de satisfacción sobre nuestra incipiente democracia. De aquí en adelante se tendrá que calcular la política a partir de la crisis electoral de este año, de sus saldos y el enorme déficit que nos dejó en términos de legitimidad. Quedaron lastimadas las instituciones y la división estructura el escenario político. Habrá que pensar en las perspectivas para el 2007. Seguiremos. Investigador del CIESAS |