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    Televisión plural
Javier Corral Jurado
26 de diciembre de 2006

E n mi anterior colabora ción señalé la necesidad de oponer al duopolio Televisa-TV Azteca una tercera cadena de tv comercial, liberar espectro para concesiones locales o cadenas regionales y reforzar la presencia de los canales 11 y 22 en los estados mediante la autorización de frecuencias repetidoras. Espectro hay para ello, lo demanda el mercado y lo necesita la democracia.

No sólo el estudio técnico que el anterior subsecretario de Comunicaciones, Jorge Álvarez Hot, dejó a la nueva administración confirma la disponibilidad de frecuencias para 600 estaciones de radio y 200 de tv "para una cadena más", como expresó en su última comparecencia en la Cámara de Diputados; también la Norma Oficial Mexicana 03-SCT1-93, modificada en enero de 2000, y que regula las especificaciones y operaciones de estaciones de televisión monocroma y a color en las bandas VHF y UHF, confirma la susceptibilidad de explotación de los canales 2 a 69, excepto el 37.

Ahí se incluyen las frecuencias empleadas y normas de emisión, se indica el ancho de banda y la separación entre canales. En la banda UHF es an la que se han asignado los canales espejo para el tránsito de la tv analógica a la digital. Pero la democratización de las comunicaciones, por lo menos en lo que se refiere a los servicios de tv en la realidad mexicana, necesita dos procesos paralelos: desconcentrar e imponer reglas de competencia económica.

Estados Unidos -nuestro vecino, amo y señor del mercado- abatió primero el duopolio. Hace 64 años, cuando aquí aún no aparecía la tv, su Congreso ordenó la desincorporación de una de las dos redes de la NBC, que dio paso a la ABC, para que, al lado de la CBS, compitieran en el mercado. Veintisiete años más tarde continuó ampliando la oferta comunicacional al liberar frecuencias regionales, y en los hechos operan siete cadenas grandes que combinan el sistema de tv abierta con la restringida, Fox Network, UPN, Warner Chanel y la tv pública PBS.

A la desconcentración de espectro deben venir reglas de competencia y libre concurrencia, sin las cuales tampoco será posible abatir los niveles de monopolización del actual modelo. Entre esas disposiciones deberían considerarse topes al número de frecuencias, restricciones y límites a la propiedad cruzada o simultánea de medios en una misma localidad o plaza.

"En todo el mundo el establecimiento de límites a la propiedad de medios es uno de los recursos más importantes para propiciar la diversidad, el contraste y la competencia comunicacionales", dice Raúl Trejo Delarbre al exponer en su libro Poderes salvajes datos del informe Communications outlook de la OCDE sobre las restricciones en 20 países: en Alemania una televisora no puede alcanzar una audiencia anual de más de 30%.

En Australia está prohibido que una sola empresa tenga licencias para transmitir a más de 75% de la población. En Bélgica no se permite que un inversionista tenga más de 24% de acciones en dos televisoras. En Canadá está prohibido que una misma entidad sea propietaria de una televisora que ofrezca sus servicios en el mismo mercado e idioma. En España una sola entidad no puede tener más de una licencia de transmisión ni controlar más de 25% del capital de una televisora. En Francia ninguna entidad puede poseer más de 49% de las acciones de una empresa de radiodifusión nacional. Al propietario de una televisora que transmita a un área con una población de más de 4 millones de personas no se le permite tener otra licencia de transmisión. En EU está prohibido que un grupo tenga, opere o controle televisoras que lleguen a más de 35% de la audiencia nacional.

"En materia de los medios de comunicación -dice Abraham Zabludovsky- no hay asunto que tenga mayor importancia que el relativo a la concentración de éstos en unas cuantas manos. Es un poder discrecional, por el criterio con que selecciona la información en los noticiarios y mesas redondas. Es discrecional cuando se propone exponer a las personas al ridículo público con el objetivo de acumular ratings, o cuando ataca la honorabilidad y buen nombre de las personas, o degrada la dignidad de seres humanos con desventajas físicas. Es discrecional en las consideraciones con que administra la crítica o la suprime, y en los mecanismos a través de los cuales dosifica el acceso y el derecho de réplica, si es que lo hubiera. Ese poder que entraña la capacidad de conjurar emociones y dibujar opiniones entre grandes sectores de la población ha sido preocupación permanente de autoridades y legisladores en países económicamente avanzados".

Sería deseable que en México algún día la clase política actuara en esa dimensión, con el valor y el compromiso que se requiere. La preocupación existe desde hace muchos años.

Profesor de la FCPyS de la UNAM

 
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PERFIL
 
Senador de la República por el Partido Acción Nacional (PAN). Ex candidato a gobernador del estado de Chihuaha por la coalición PAN-PRD-Convergencia. Actualmente es uno de los principales impulsores de la Nueva Ley de Radio y Televisión que se discute en el Senado. Fue diputado plurinominal por el PAN y presidente de la Comisión Permanente del Congreso de la LVII Legislatura. Ir a la Página de Javier Corral
 
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