| L a Revolución Cubana de 1959, que derrocó al régimen de Fulgencio Batista, significó más, mucho más que una revolución como las habidas en tantos países que tienen que llegar a ello para deponer a tiranos y dictadores que se adueñan del poder. La Revolución Cubana sacudió no sólo al continente americano entero, sino al mundo, que se sorprendió cuando en la isla más grande del Caribe se escenificaba un cambio no sólo al interior de la nación, sino de todo un entorno geopolítico, que cambió la relación con Norteamérica. Es evidente que en la polarización mundial que existía entonces no había grandes opciones. Se asociaban a Estados Unidos para continuar en condiciones de colonia con más o menos las concesiones que le exigían a Batista o se lanzaban a buscar su independencia y posibilidades de mayor desarrollo en lo económico, político y social. La Unión Soviética les tendió la mano. Cuba, que prácticamente dependía de la producción del azúcar, café y tabaco, consiguió que el Kremlin se saliera de las cotizaciones internacionales de esos productos primarios y les retribuyó más justamente el pago de los mismos. Obligadamente, la relación de intercambio comercial y afinidad política se tuvo que dar en las décadas sucesivas. EU, en obediencia del destino manifiesto, intentó invadir Cuba con el patrocinio directo de John Kennedy, que concluyó en el fracaso más rotundo en Bahía de Cochinos. Más tarde, con la mala fe fraguaron los embargos comerciales para estrangular a Castro y al pueblo cubano, que tuvo que sufrir las condiciones más difíciles de escasez y que, con estoicismo, aguantó los embates del cierre hasta del envío de remesas en dólares que pudieran recibir los cubanos de sus familiares radicados en otros países del continente. Sistemáticamente, año con año, EU acudía a la entonces Comisión de Derechos Humanos de la ONU para tratar de obtener una condena al régimen de Castro por violación a los derechos fundamentales de los cubanos. Nadie reparaba, hasta ahora (a raíz de la invasión de EU a Irak, cuando se volvió a hablar de Guantánamo como campo de concentración, donde se recluye y tortura a prisioneros de guerra y a opositores a la intervención estadounidense) que esa ocupación territorial de Cuba, originalmente como base militar, es no sólo un despojo, sino la misma violación al elemental derecho de los cubanos al ejercicio pleno de su soberanía. Ello implica el sometimiento de cualquier gobierno cubano a un permanente estado de amenaza de golpe de Estado o derrocamiento ipso facto mediante el despliegue armado que, en horas, se apoderaría de la isla con el consiguiente precio de sangre que seguramente derramaría la heroica resistencia que harían los cubanos en defensa de su patria. México (hasta el gobierno foxista y seguramente con el calderonismo) había tenido plena conciencia y solidaridad con Cuba para no convertirse en esquirol de EU. Se trata de un país hermano ocupado por fuerzas armadas extranjeras y asediado por embargos comerciales y amenazas cotidianas y que, por dicha condición, está impedido para ejercer plenamente sus derechos políticos. Nadie puede pensar que ello no tiene importancia y se puede bajar la línea defensiva permitiendo así la inmediata intervención estadounidense a través de los recalcitrantes anticastristas de Miami. El riesgo de un golpe de Estado a Cuba desde EU es un agobio que se ha mantenido ininterrumpidamente durante 48 años y, en la vida diaria, los cubanos han tenido que aprender a soportar ese amago que a veces se intensifica crudamente. No será difícil imaginarnos lo que hubiera sido de Latinoamérica sin la resistencia cubana. Seríamos ingratos con los cubanos que aun a costa de grandes sufrimientos han contenido la voracidad de EU y le han demostrado con grandeza de espíritu que la independencia no se vende. Ya hemos probado los mexicanos lo que la estrategia de Fox (y ahora de Calderón) como amigo de Bush nos ha traído, que es la deshonra de poner un muro en el territorio que hace 160 años era mexicano. Castro tendrá que dejarnos (cuando muera, que esperamos no sea pronto) el legado de aprecio a nuestra dignidad y a la defensa de la patria. Estoy seguro que los cubanos seguirán honrando en los hechos la memoria del gran latinoamericanista. Cuba seguirá de pie y jamás se arrodillará ante la amenaza del gobierno estadounidense. Abogado |