| Cada diciembre nos enfrentamos al problema económico más importante de México: la incapacidad del Estado para financiarse. Pero como es en diciembre, lo que todo mundo quiere es que se acabe el año, que lleguen las fiestas y que las cosas sigan igual, es decir, que no le toquen la bolsa. Así que al inicio del año siguiente nos olvidamos de este problema, y nos dedicamos a inventar otros, o a rescatarlos, para tener en qué ocuparnos. El problema es histórico. Los gobiernos del México recién independizado no lograban obtener recursos suficientes ni siquiera para pagarle a su ejército, de manera que duraban poco en el poder. Hubo 50 diferentes gobiernos desde que salió Iturbide hasta que empezó la Guerra de Reforma, poco menos de 34 años. Y eso sin contar los días en que este país estuvo gobernado por Estados Unidos, que fueron 10. En promedio, cada gobierno duró ocho meses. En buena medida, como decíamos, por no tener dinero. Las finanzas se ordenaron hasta 1884, 60 años después de la primera República, ya con Porfirio Díaz en el poder (en su segundo periodo, de hecho). Y por los siguientes 20 años más o menos funcionaron. No había en ese entonces un gasto social como el de hoy, aunque es Díaz el que empieza a gastar en educación, salud y también en la Universidad, por cierto. Con la Revolución, regresan los problemas, que apenas se empiezan a ordenar hacia 1925, aunque el gobierno realmente resuelve sus cuentas en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Inicia otro periodo en que el presupuesto alcanza, aunque sin excesos. Tampoco en esos años de la posguerra hay un gasto social muy grande, aunque eso crea la mayoría de los mexicanos. Se hace más o menos lo mismo que hacía Porfirio Díaz. De hecho, es el intento de incrementar el gasto social de manera acelerada lo que acaba con las finanzas públicas. Primero con Echeverría y luego con López Portillo, el gasto se dispara, sin que se recaudaran más impuestos. La crisis usted la recuerda. En todo este tiempo, México ha tenido una recaudación muy pequeña, comparado con cualquier país mediano o grande, más o menos conocido. Y el problema es que no hay manera de financiar un estado social, como los que se popularizaron en el siglo XX, con la miseria que se cobra de impuestos. Sobre todo después de la Segunda Guerra, la idea de que el Estado debería cubrir las necesidades básicas de toda la población se convirtió en verdad indiscutible. Antes de eso, no era común que el gobierno de algún país se preocupara por darle educación y salud a todos sus habitantes. Ahora se da por hecho. Nosotros hicimos lo mismo que todos los países: le cargamos al gobierno la obligación de educar y mantener sana a la población, y en muchos casos, también de mantenerla, como en el campo. Pero nunca aceptamos pagar por ello. Por eso los gobiernos de la posguerra no invertían mucho en cumplir lo que ya se había hecho una obligación: porque no tenían. Echeverría y López Portillo sí gastaron, aunque tampoco tenían. Y desde entonces venimos haciendo como que gastamos, para que la población haga como que aprende. El resultado está a la vista: México es uno de los países con peores resultados educativos (el peor de la OCDE, por ejemplo). Pero somos de los que más dinero gastamos. Como en cada diciembre, en unos días a todos se les olvidará la discusión del Presupuesto. Algunos lograrán evitar que les cobren más, y otros que les recorten subsidios. Pero este cuento de Navidad no es eterno, aunque lo parezca. México no se hundió más en los años 70 a porque nos salvó Cantarell, un inmenso manto petrolero que llevó a López Portillo a anunciarnos que el problema era "administrar la abundancia". La abundancia se acabó, espero que usted la haya disfrutado. Cantarell se ha terminado, y sin él México no es capaz de exportar petróleo. Y sin esas exportaciones, el gobierno mexicano no es capaz de pagar sus gastos mínimos. En tres años, si no hacemos nada, la crisis fiscal regresará, y la discusión no será un impuestito más o un pequeño recorte a un subsidio. En 2007, México tiene que reformar, de fondo, su situación fiscal. macario@macarios.com.mx Profesor en la EGAP del ITESM-CCM |