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    La República de los intereses
EDITORIAL DE EL UNIVERSAL
13 de diciembre de 2006

Frente al Presupuesto 2007 presenciamos el desfile de la República de los intereses y no el interés de la República, pues quienes merodean en los espacios públicos medran de muchos modos con lo que pueden negociar; las asociaciones de particulares anteponiendo sus fines al bien social, los cabilderos cobrando sus altas tarifas, y los legisladores y partidos con sus votos.

Todo se mezcla: instrucciones de los líderes de la bancada, cabilderos al servicio de las grandes corporaciones, caras campañas de publicidad y negociaciones políticas.

Nos anuncian que no habrá impuesto al tabaco, pero a cambio se maquina un gravamen, un incremento en el precio de la cajetilla de dos pesos, "única solución" afirman, pero ¿sostiene quién? ¿Con base en qué investigación? ¿Proviene de partes interesadas? ¿De expertos dentro del Congreso?

Las multimillonarias embotelladoras de refrescos prefieren invertir parte de sus ganancias en campañas publicitarias para que no suba su contribución al fisco, que pagando más impuestos. Predicen resultados catastróficos en la economía, el empleo y hasta la nutrición familiar, pues el refresco integra, en su sentir, parte de la canasta básica.

El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, deberá seguir sangrando a Petróleos Mexicanos para completar el gasto, porque en San Lázaro más poder persuasivo que él parecen tener los cabilderos, que ahí se mueven a sus anchas, sin reglamento que los identifique y modere para permitir un juego limpio.

El mismo presidente Felipe Calderón Hinojosa, con experiencia en la brega legislativa, se arremangó la camisa para pedir ayer a los diputados de la comisión de seguridad que apoyen un solo sistema de información policial, un mando central de todas las policías federales y una coordinación nacional de seguridad.

Así, la responsabilidad sobre las finanzas del país, que recae en el Congreso de la Unión, está expuesta a presiones y consideraciones de todo tipo, excepto de los ciudadanos que votaron por sus representantes en el Poder Legislativo.

Los ciudadanos están ausentes física y mentalmente en las negociaciones. ¿Sabe usted cómo se llama su diputado? ¿Y cómo votó en el pasado? ¿Sabe usted cómo va a votar el senador de su entidad sobre el conflicto actual en Oaxaca, sobre el presupuesto de educación, de cultura?

Los registros de los votos ayudan a documentar la actitud de los legisladores, aunque en el caso de que sea uno de los pocos ciudadanos de alta densidad que respondió afirmativamente a las preguntas, la verdad es que importa poco, porque como lamentablemente no hay reelección, los legisladores no corren riesgo alguno con sus conductas, de tal suerte que apuestan tranquilos a su beneficio partidista o a su prosperidad personal.

Si deseamos tener un Estado fuerte, estable, que responda a sus altos fines, necesitamos aprender todos que alguien tiene que ceder. Necesitamos además vigilar y reformar el comportamiento de los actores legislativos y de quienes se acercan a ellos. No hay reelección, pero quienes ocupan curules quieren continuar su carrera. Su futuro debe estar en nuestras manos, como ahora ellos tienen el nuestro en las suyas.

 
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