| México se encuentra lastimado. La campaña de descalificaciones que presenciamos en la contienda electoral junto a la gravedad de los problemas sociales que se agudizan, nos colocan en un momento delicado de nuestra larga transición a la democracia que puede significar su consolidación, si en conjunto nos empeñamos en ello; pero también existe el riesgo de retroceder si se pretende instalar una sola visión, una sola concepción del país. En la complejidad de estos momentos, es necesario establecer las bases de un trato republicano, respetuoso, no excluyente, que garantice que las principales causas de la nación sean atendidas. Y me refiero a la seguridad, al ejercicio pleno de los derechos de todas y todos, así como a la construcción de nuevas formas de relaciones políticas y normas institucionales que respondan a la diversidad que vivimos. Hoy el Estado debe hacer frente a uno de sus desafíos más graves y complejos por la creciente presencia de grupos del crimen organizado, principalmente vinculados al narcotráfico. Enfrentarlos requiere una estrategia común y acciones concertadas entre los distintos órdenes de gobierno, y de una clara y eficaz política federal. El reto principal es garantizar a la ciudadanía uno de los derechos que dio origen al Estado: la seguridad. Los grupos delictivos son cada vez más peligrosos, sus organizaciones se vuelven más complejas. Otra de las grandes causas de la irritación social es la desigualdad. Paradójicamente, con la alternancia, México amplió esta brecha: somos de los 15 países más desiguales del mundo, de acuerdo a las Naciones Unidas. Para que sea eficaz, la política social debe ir de la mano de otras que generen más y mejores empleos, que mejoren la calidad de la educación y que extiendan la cobertura y calidad de la atención a la salud. Esta es una prioridad clara para lograr un desarrollo equitativo. Respecto a los derechos humanos enfrentamos un déficit. En este tema había una gran esperanza de que avanzaríamos significativamente con un gobierno que por primera vez surgía del voto libre de la ciudadanía. Sin embargo, en estos últimos años encontramos violaciones graves, como las que se cometieron en San Salvador Atenco, especialmente a mujeres. Es urgente liberar a los detenidos y que se castiguen los abusos para que no haya impunidad. Un asunto del que estoy convencida es el de la necesidad de emprender, ahora sí, una reforma integral del Estado. En 2000, siendo presidenta nacional del PRD, insistí en la necesidad de iniciar un diálogo para transitar del régimen autoritario a uno plenamente democrático y con carácter social. Ahí están, también, los esfuerzos de Porfirio Muñoz Ledo y de un grupo importante de líderes sociales y académicos que presentaron un proyecto de reforma del Estado para darnos las instituciones que necesitamos para la democracia. Sin embargo, casi nada se pudo avanzar y hoy vemos los costos. No podemos permitir que siga el deterioro en el ámbito político. Urge poner un alto al derroche y la confrontación, para avanzar a nuevas formas que logren recomponer los puentes y la relación política con la sociedad. Uno de los instrumentos que han dejado más heridas en el tejido social es la forma de la competencia electoral porque en lugar de propuestas hay descalificaciones y agravios. Es necesario emprender reformas para que la legislación electoral establezca la forma de llevar a cabo las precampañas, ponga límites al dispendio y determine que sólo a través del IFE se contrate publicidad para garantizar que no habrá poderes fácticos que influyan en la decisión del ciudadano. Así, podremos cumplir los principios de transparencia y certeza. En Zacatecas y Veracruz ya se han dado los primeros pasos, pero es indispensable llevarla al ámbito federal. Los pendientes son graves y complejos. El apasionamiento que vivimos recuerda el siglo XIX, durante el nacimiento de la República, cuando dos corrientes de pensamiento, cada una con un proyecto de país, se enfrentaron por definir su rumbo. Una campaña con las características de la que concluyó, provoca agravios profundos. Muchos nos sentimos lastimados por el tono negativo que prevaleció, pero también por la ligereza con la cual se descalificaron nuestras convicciones políticas. Sin embargo, es urgente que todas las fuerzas pongamos por delante a México y logremos acuerdos concretos y puntuales para hacer del nuestro un país libertario, democrático, incluyente. Gobernadora de Zacatecas |