| La sociedad mexicana, incluyendo a los de abajo y los de arriba, se ha sentido acosada por el quehacer político de los partidos y los movimientos con sus respectivos dirigentes. No es de extrañar, pues, que se exprese, repentinamente, un sonado rechazo a la política como tal. Me van a perdonar los eternos buscadores de utopías, pero la APPO y el EZLN son exactamente iguales al PRD, PRI o PAN, en este caso. Desarrollar una tesis como la de José Saramago sobre la APPO, exaltando las virtudes de la autoorganización del pueblo y la resistencia de más de 500 años, me parece que es caer en actos ciegos simplemente porque se quiere creer. Querer creer es un acto genuino, sin duda. Pero, sobre esa impronta, el querer meter con calzador a los autodenominados auténticos movimientos independentistas es un absurdo que no le sirve a nadie. Flavio Sosa y la gran mayoría de los dirigentes de la APPO o son del PRI o pasaron todas sus carreras políticas negociando dinero, puestos y/o poderes con el PRI. La APPO no es interesante por ser un movimiento novedoso e independiente, sino que lo es por ser representativo justamente de los estertores del PRI en la sociedad moderna y sus expresiones de decadencia. No nos equivoquemos en la ansiada búsqueda de la utopía. Así como el subcomandante Marcos se ha convertido en un inteligente comediante, y llevado con él al movimiento indigenista que dice representar a una brillante ridiculez, los dirigentes de la APPO están desesperados por ver cómo negocian con el gobierno federal, para atajar al estatal, y reconquistar algunas de sus posiciones anteriores. ¿Qué diferencia sustancial existe entre estos movimientos, sus métodos y sus líderes para con los partidos políticos tradicionales? Prácticamente ninguna. Tampoco quiero decir que son iguales, pero los supuestos sobre la decadencia de unos y la limpieza de otros son simples conjeturas sin fundamento en la realidad. Más bien, dichas conjeturas pretenden llevar a conclusiones previamente establecidas. En toda esta confrontación de "acuerpamientos interesados" (léase partidos y movimientos), quien sí queda al margen es la sociedad mayoritaria de México. Esa gran masa de mexicanos que, al margen de partidos y movimientos, y poco importantes para sus líderes, son quienes conforman el grosor social de la nación. Entre ellos existen diferencias de ingresos, educación, cultura, etcétera. Es decir, son una masa heterogénea, socialmente hablando. Pero lo que tienen en común es lo más importante: o son carne de cañón de partidos/movimientos o son ignorados totalmente por ellos. Es decir, en su ciudadanía son vulnerados por igual por los aparatos de poder político dentro de la sociedad. Al mismo tiempo, son los sujetos sociales en cuyo nombre hablan los "acuerpamientos interesados", sin freno alguno. Toda sociedad tiene instituciones y roles para coordinar la vida cotidiana de sus ciudadanos. Que exista una jerarquía política y de mando parece sorprender a algunos, quienes, a la vez, simplemente están proponiendo una estructura distinta de mando/obediencia, y no que ésta desaparezca. En realidad, lo que le hace falta a México urgentemente es la emergencia de una sociedad civil vigorosa y desafiante a los centros de poder. Para ello, hacen falta centros de poder capaces de escuchar a la sociedad. Esa relación dialéctica es de la mayor importancia para lograr una sociedad madura, reflexiva y capaz de dirimir conflictos. Que exista conflicto en la sociedad no puede sorprender a nadie. Lo importante, en todo caso, es que se cuente con una institucionalidad legitimada avocada a resolver situaciones de profundo, o superficial, diferendo entre ciudadanos y el poder político. La eficacia de un sistema político se mide por su capacidad para resolver conflictos, y no contenerlos o reprimirlos. Para que la sociedad no se sienta acosada por las prácticas y métodos de los agentes políticoses necesario construir los contrapesos que sirvan de dique de contención a la arbitrariedad y el abuso, de partidos y movimientos, en contra de los ciudadanos. Para ello, se debe elevar el rango de ciudadanía en México a fin de que todos ejerzan sus facultades, derechos y responsabilidades conforme a derecho, pero también conforme al pacto social vigente en el país. ricardopascoe@hotmail.com Analista político |