| Después de un largo período de batallas postelectorales, la espera para el día de la toma de posesión de Felipe Calderón como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos parecía eterna. Crear esa sensación ha sido parte de la guerra de símbolos que inició Andrés Manuel López Obrador autoproclamándose presidente legítimo. Para fortuna de la vida institucional, el objetivo anunciado de AMLO no se cumplió. Felipe Calderón sí pudo hacer su promesa solemne frente a los diputados y senadores del Congreso de la Unión. Las palabras mágicas que logró pronunciar tal y como lo indica nuestra Constitución no son algo gratuito o parte de un protocolo. Su significado es profundo. Para empezar, mientras va enunciando cada una de ellas, el ciudadano común y corriente deja de serlo para transformarse en una persona que encarna al jefe de gobierno y jefe del Estado mexicano. Al prometer que guardará y hará "guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñará leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo le confiere, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión.", también se obliga a subordinar su persona y sus intereses al cargo. Aquí posiblemente radicó la falla de origen de Vicente Fox. Recordemos que hace seis años, Fox le agregó al texto constitucional material de su cosecha. Lejos de disciplinarse, añadió un compromiso con los pobres. Si bien era loable, pudo contenerse unos momentos para hacerlo explícito en su mensaje a la Nación. Se recuerda, sin embargo, que a quien se dirigió primero fue a los integrantes de su familia. Lo propio era entender que estaba en casa ajena y que por cortesía mínima le correspondía respetarla. Desde el primer minuto del 1 de diciembre de 2006, Felipe Calderón logró diferenciarse de su antecesor. No sólo eso, se empeñó por ganarle en la guerra de símbolos a AMLO y a los diputados y senadores del Frente Amplio Progresista, que agrupa al PRD, Partido del Trabajo y Convergencia, y lo logró. Esto a su vez también es muy significativo. Con ello logra desde el inicio imprimirle a su sexenio el sello de actuar con decisión en el marco de la legalidad. Ante las circunstancias de incertidumbre, se diseñó un nuevo rito para dar la certeza que el cambio en el relevo de poder se estaba dando a partir del último minuto del gobierno de Fox. Por televisión presenciamos cómo en Los Pinos, Vicente Fox se quitó la banda presidencial para transformarse en expresidente y entregarla a un cadete del Colegio Militar. La concepción de esta ceremonia fue atinada, sobretodo que en ese momento Felipe Calderón no se puso dicho emblema, sino que esperó hasta encontrarse en la tribuna de la Cámara de Diputados. Así se evitóuna muestra de precipitación. Es hasta que el Presidente del Congreso de la Unión, Jorge Zermeño, después de recibir de manos de Vicente Fox, cuando se entrega la banda presidencial a Felipe Calderón, quien procedió a ponérsela en una tribuna en la que no cabía un alfiler más. Todavía no eran las 10 de la mañana y con la banda colocada sobre el pecho, Felipe Calderón inició la toma de protesta que no llevó más de tres minutos. La tomó rodeado por legisladores y miembros del Estado Mayor Presidencial. Su mensaje al país es desde el Auditorio Nacional, en un escenario adornado con un logo para su presidencia que nos devuelve a los mexicanos al escudo nacional con el águila, la serpiente y los nopales en su totalidad. El discurso breve y preciso lo enfocó a no despertar expectativas inalcanzables. Cabe destacar que marcó con toda claridad que gobernará cerca del PAN y que lo hará respetando a la oposición. Para diferenciarse de Fox y arrancarle la bandera a AMLO, se manifestó a favor de una austeridad que empieza por la reducción del sueldo del presidente, a la cual le dará contenido próximamente a través de una iniciativa de ley. Además, estableció tres prioridades: seguridad pública y legalidad; superación de la pobreza, y creación de empleos. Para esto último, en materia económica se propone revertir la exportación de gente, para lo cual promoverá la inversión, condición necesaria en la generación de fuentes de trabajo. También anunció facilitarle la vida a las micro y pequeñas empresas, que es donde se concentra tanto el empleo potencial como el existente. Y de manera contundente ofreció mejorar las condiciones de competencia en las actividades productivas para satisfacer en cantidad y calidad la demanda de bienes y servicios públicos. Afortundadamente la agenda de gobierno propuesta no es amplia, pero no por ello las tareas a realizar son sencillas. Requerirán que su gabinete siga el ejemplo que Felipe Calderón ha puesto: claridad en el rumbo, constancia y esfuerzo. jachpresa@yahoo.com.mx Economista |