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    República de las intransigencias
EDITORIAL DE EL UNIVERSAL
30 de noviembre de 2006

El país aguarda en vilo a que la Cámara de Diputados desatasque la negociación para buscar una salida a la ceremonia de protesta del presidente electo, Felipe Calderón Hinojosa, la cual constitucionalmente deberá celebrarse mañana. Abandonar las posiciones extremas debe ser el objetivo en estas últimas 24 horas, para no empantanarnos en la república de las intransigencias.

Con una tribuna del Congreso de la Unión disputada por centímetro cuadrado se decantaron, entre otras, dos posibilidades: una sede alterna, dentro de San Lázaro o como el Auditorio Nacional, y la no participación del presidente saliente Vicente Fox, a quienes los perredistas señalan como el que los ha agraviado una y otra vez con su conducta electoral.

En cualquier caso, nos encontramos ya en una disyuntiva altamente desagradable porque los argumentos torales parecieran de forma, no de fondo, pero las consecuencias de cualquiera de esas dos vías tienen el potencial de repercutir desfavorablemente en la confianza ciudadana en nuestras instituciones políticas.

Calderón será automáticamente presidente mañana, desde el primer segundo del día, pero la Constitución impone una protesta ante el Congreso.

Trecientos treinta y dos diputados de las fracciones del PAN y del PRD están trenzados en una lucha libre donde parece que sólo hay rudos y los técnicos brillan por su ausencia.

El resto de los legisladores, priístas en su mayoría, observan el conflicto como si no fuera suyo, como si estuvieran ajenos al daño que se le causa al país y ofrecen tímidos oficios negociadores cuando no sermones.

La incertidumbre ya ha tenido consecuencias. El presidente de Perú, Alan García, canceló su asistencia a la ceremonia y se teme que otros invitados de honor hagan lo mismo. El vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos tuvo que salir a expresar su confianza en que México superará el problema.

En la estridencia de posiciones irreductibles ante un acto y una ceremonia, problemas agravados durante el sexenio se desatienden, por ejemplo, mientras en San Lázaro se abofetean y se escupen y se empujan, los asesinatos relacionados con el crimen organizado rebasaron esta semana la cifra de 2 mil, un promedio de seis diarios, uno cada cuatro horas, y México fue señalado ayer como país "permisible" con el narco por César Gaviria, ex presidente de Colombia y ex secretario general de la OEA.

El deterioro y la crispación derivados de los resultados electorales del 2 de julio, no puede condenarnos indefinidamente a la falta de acuerdos cuando hay tanto que hacer por México.

El proceso de reconciliación pasa por tener empatía y confianza en el otro, apuntan los teóricos de la resolución de conflictos. Esto suena idealista, si no es que estúpido, ante lo que se está viviendo en San Lázaro. No lo es. Ha sido inclusive punto de partida para solucionar problemas tan serios como el del apartheid en Sudáfrica.

Alguien en nuestro país tiene que dar, por favor, el primer paso. Negociar implica no ganar el ciento por ciento. Cuando se ve a los diputados pelear, como lo han hecho estos días, no queda más que insistirles en que es necesario reconciliar el poder inmoral y la moral sin poder.

 
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