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    Políticos para conjurar pleitos
EDITORIAL DE EL UNIVERSAL
29 de noviembre de 2006

La enorme tarea de reconstruir nuestras relaciones con el exterior y entre nosotros mismos recaerá en el gabinete político que ayer nombró el presidente electo Felipe Calderón. El reto es enorme, porque al término del sexenio lo que prevalece es la política del choque y no la de construcción de acuerdos.

Un primer mensaje derivado del gabinete político dado a conocer ayer es que Calderón Hinojosa integró a este equipo con personas muy próximas a su confianza y a su temperamento, antes que con base en cualquier otra consideración. La lectura que se desprende es que él llevará el timón, directamente, más que en cualquier otra parcela del gobierno.

Francisco Javier Ramírez Acuña va a Gobernación; Patricia Espinosa Cantellano, Relaciones Exteriores; Germán Martínez Cázares, Función Pública, y Juan Camilo Mouriño estará encargado de la Oficina de la Presidencia. Si bien ningún gabinete puede satisfacer a todos por igual, y algunos de los anteriores son cuestionados por buenas y malas razones, lo innegable es la facultad del jefe del Ejecutivo respecto a configurar su equipo bajo la premisa de darles la oportunidad de legitimar, en los hechos, su función.

Atrajo de manera particular la atención el nombramiento como secretario de Gobernación de Ramírez Acuña, ex gobernador de Jalisco, cuestionado por sus antecedentes de trato duro con grupos opositores, lo que, al parecer, el futuro gobierno considera más una virtud que un defecto.

Sin embargo, en su nueva encomienda, Ramírez deberá dar prioridad a tender puentes. Si hay algo descompuesto en el país es precisamente la convivencia social y política.

Sólo ayer tuvimos, como ejemplo, el vergonzoso espectáculo de diputados de PAN y PRD liados a golpes por apropiarse de la tribuna del recinto de San Lázaro, en previsión a la ceremonia de toma de protesta del próximo viernes.

Nadie debe negar el uso legítimo de la fuerza del Estado en caso de requerirse, pero el conjunto de los actores políticos y sobre todo el nuevo inquilino del Palacio de Covián deberán darle a la operación política una dimensión de Estado, moderna, dinámica e incluyente, sacar a la política de las calles y de los empellones para encauzarla por canales institucionales. Su tarea será difícil en un entorno crispado, pero inevitable en una sociedad democrática.

Por su parte, la secretaria de Relaciones Exteriores, la embajadora de carrera Espinosa Cantellano, tiene frente a sí la tarea de restaurar un sistema encomendado en los últimos años a diplomáticos no profesionales que estropearon relaciones constructivas tanto por desconocimiento como por protagonismo.

El trato con Estados Unidos, que como pocos reclama conocimiento y esmero, estará a cargo de Arturo Sarukhán, quien se perfila como embajador en Washington.

Dos operadores, los más cercanos al círculo del futuro presidente, Martínez Cázares y Mouriño asumirán, respectivamente, la Secretaría de la Función Pública, entidad que tiene que orientarse más a la eficiencia administrativa que al peculado y el prevaricato, y la Oficina de la Presidencia, que habrá de dibujarse como traje a la medida para lograr lo que faltó este sexenio: cohesión y orden en todo el gabinete .

 
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