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    Partido en el gobierno
Jacqueline Peschard
28 de noviembre de 2006

La forma en que la dirección nacional del PAN ha venido presionando a quien en unos días más se convertirá en presidente constitucional para que incorpore en su gabinete a cuadros del partido muestra cómo Acción Nacional finalmente se ha asumido como partido en el gobierno. Sin embargo, en el contexto actual de tensión e incertidumbre sobre el relevo en el poder, este aprendizaje no está generando circuitos virtuosos de comunicación política entre el futuro gobierno y la directiva del PAN, ni consecuentemente entre éstos, la comunidad política y la sociedad en general. Manuel Espino ha vuelto a insistir en que el gobierno del PAN se expresa en el número de carteras ocupadas por cuadros partidistas, y éste no parece ser el momento más apropiado para reivindicar una agenda de partido por encima de la agenda del futuro gobierno.

Hace seis años, cuando el PAN conquistó el poder presidencial por primera vez, su directiva nacional se resistía a concebirse como partido en el gobierno, en buena medida por su afán de distinguirse claramente del esquema autoritario priísta en el que el gobierno y su partido se confundían, pues, en efecto, el PRI era el partido del gobierno. La pretensión del PAN, entonces, fue la de ser un vigilante celoso del ejercicio de gobierno foxista para asegurar fidelidad a los postulados doctrinarios y programáticos del partido. Esta actitud se acomodaba bien con el carácter y con la concepción del poder que tenía el presidente Fox, que ni se sentía comprometido con el PAN, ni estaba dispuesto a compartir con sus dirigentes el cargo que, en su opinión, él había ganado personalmente. La experiencia mostró que no era suficiente el "bono democrático" para gobernar, y que se requería el respaldo del partido gobernante no sólo para la formulación de las políticas públicas, sino para la operación política misma.

Hoy, las cosas han cambiado, no sólo porque Felipe Calderón es un hombre que pertenece a la "familia panista" y porque ha hecho su carrera dentro del partido, sino porque la propia experiencia en el poder y la competitividad que ha alcanzado Acción Nacional han alimentado las legítimas ambiciones de sus cuadros dirigentes.

Si la conformación de un gabinete es siempre un proceso complicado, porque se requieren figuras que conjuguen capacidades técnicas, habilidades políticas y confiabilidad, en el contexto actual lo es doblemente, porque Felipe Calderón asumirá la Presidencia con una legitimidad mermada por el prolongado litigio electoral, a lo que se suma las expectativas que levantó durante la campaña electoral, al ofrecer que formaría un gobierno de coalición.

La imagen más simple de un gobierno de coalición es de uno que incorpora en su gabinete a miembros destacados de otros partidos, a imagen y semejanza de lo que sucede en regímenes parlamentarios cuando el partido ganador carece de mayoría para formar gobierno. Sin embargo, en un sistema presidencial, esta es una falsa expectativa porque ahí los integrantes del gabinete son exclusivamente colaboradores del Presidente que tienen encomendado desarrollar, en sus respectivas dependencias, la política del titular del Ejecutivo. Los secretarios de Estado no tienen responsabilidad colegiada, ni mucho menos política propia, como sí la tienen los ministros en un régimen parlamentario, ya que el único facultado para diseñarla es el Presidente de la República.

No es casual, por ello, que cuando se ha manejado la posibilidad de que Calderón invite a su equipo de trabajo a algún miembro destacado de otro partido, la respuesta inmediata de la directiva partidaria correspondiente sea que tal eventualidad no compromete al partido, ni puede leerse como producto de acuerdos interpartidarios, o de promesas de respaldar reformas o políticas públicas. De tal suerte, la presencia en el gabinete, por ejemplo, de algún miembro del PRI solamente tendría un peso simbólico, reflejo de la apertura del gobernante y de su disposición al diálogo y a la búsqueda de acuerdos, pero sin impacto para la gobernabilidad.

En mi opinión, parece más significativo en el momento actual un pronunciamiento claro y sin ambages, de parte de la directiva nacional panista a favor de la unidad del PAN, es decir, por asumirse cabalmente como partido en el poder, promoviendo una agenda de gobierno consistente desde las diversas esferas locales, estatales y nacional en las que actúa Acción Nacional.

Profesora de la FCPyS de la UNAM

 
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PERFIL
 
Doctora en Ciencias Sociales por el Colegio de Michoacán. Ex consejera electoral del Instituto Federal Electoral (IFE). Es profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y desempeñó idénticos papeles en el Colegio de México de 1992 a 1996. Es autora de La cultura política democrática (1994) y coautora de La voz de los votos: un análisis crítico de las elecciones de 1994 (1995), Representación política y democracia (1998), entre otros.
 
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