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    La otra presidencia
Alberto Aziz Nassif
28 de noviembre de 2006

Las preguntas se multiplican: ¿A qué le tira Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con su presidencia legítima? ¿Qué gana y qué pierde AMLO con transitar una ruta tan polémica que genera una gran desaprobación social? ¿Cuánto perderá el PRD con este proceso político que desafía la institucionalidad de la que forma parte este partido? Las respuestas no están a la vuelta de la esquina. Se puede tener una mirada inmediata, pero las consecuencias a mediano plazo resultan completamente desconocidas.

Por lo pronto, conviene separar en dos niveles este complicado proceso; por una parte queda el ritual y la simbolización, y por la otra una agenda pública y el programa político. La ritualización rompe esquemas, molesta, irrita, genera una descalificación rotunda de amplios sectores de la sociedad; para otros simplemente provoca indiferencia.

También están las bases de apoyo, para quienes todo el acto del 20 de noviembre es una fantasía hecha realidad, un deseo autocumplido. Si la política se hace con símbolos y escenificaciones, AMLO es un maestro del ilusionismo. La banda presidencial, el águila juarista y el templete, el discurso y la protesta, todo para crear un clima, un tono, para evidenciar la ruptura institucional.

Pero al mismo, queda una estrategia política definida, esa que va a ocupar el espacio público y por supuesto, el espacio simbólico. Que se diga que hay dos presidentes, dos gobiernos, dos gabinetes, no un gobierno y una oposición, como hubiera sido deseable.

La crítica es feroz en la opinión pública y en el extranjero: se le califica de pataleo, de un absurdo, un mal perdedor, lloriqueo, iluminado, mesiánico y otros adjetivos. Con esta estrategia AMLO ha perdido apoyos, lo desaprueban mayoritariamente. Incluso se ha llegado a pensar que si alguna vez la izquierda estuvo a punto de ganar la Presidencia fue con AMLO en 2006, y que todo lo ganado se está tirando a la basura. Sin embargo, otras opiniones consideran que este personaje será un dardo al corazón para el próximo gobierno, un contrapeso permanente que lo vigilará de forma constante y sistemática.

Este líder tabasqueño, contradictorio y enigmático, es un hábil jugador que arriesga su capital político y prefiere perder apoyo antes que retroceder, quizá también porque ya no está formalmente en campaña. AMLO es capaz de jugar un papel ridiculizable, como una "presidencia legítima", antes que aceptar la derrota y volver a competir en la siguiente elección, como hicieron otros líderes de izquierda -Lula, Allende, Mitterrand y el mismo Cárdenas-. AMLO hace su autoproclamación y crea un extraño esquema para organizar a sus bases de apoyo: todo el que quiera puede ser su representante; pretende organizar a los ciudadanos en una línea de vinculación directa entre líder y pueblo, sin ninguna mediación. ¿Cómo se van a vincular y a organizar el Frente Amplio Progresista, la Convención Nacional Democrática y el presidente "legítimo"? ¿Cómo funcionará el movimiento social con los gobiernos constituidos, como el del Distrito Federal, al que ya se le empezó a "tirar línea"? ¿Cómo se transitará de la informalidad política de un movimiento social a la política representativa de reglas y leyes en donde participan los diputados, senadores y gobernadores del PRD?

La lucha política continúa sin descanso y todo anuncia que esta rivalidad por ocupar el espacio público será permanente. Un día AMLO asume su presidencia "legítima" y al día siguiente Calderón anuncia a su gabinete económico, sus primeros seis secretarios de Estado. Otro día, AMLO plantea una ley para regular precios y combatir a los monopolios y al día siguiente Calderón da a conocer otra parte de su gabinete. La estrategia política de AMLO es llevar sus proyectos al Congreso de la Unión -en donde no tiene mayoría-, ya que con el Poder Ejecutivo no hay ninguna relación y, por lo que se observa, no la habrá en los próximos años. Se desconoce a Felipe Calderón y a su gobierno.

Las primeras 20 propuestas no sólo son más de lo mismo de la plataforma de campaña, también hay resortes que tienen resonancia social. Se trata de un programa que puede ser algo más que buenas intenciones o una buena causa, la propuesta puede ser un referente para una parte de la sociedad, para los que votaron por esa opción. Será un diferenciador en las políticas públicas y en los proyectos de reforma legislativa. Si la "derecha panista" quiere subir la leche de Liconsa, la "izquierda" tratará de mantener el precio; si para la derecha la patria se puede vender, "nosotros", dice el discurso de AMLO, la defenderemos. Donde Calderón ve la flexibilidad laboral para la competencia económica, AMLO plantea democracia sindical y salario remunerador.

Resulta interesante que la primera ley que plantea AMLO sea para acabar con los precios altos al consumidor y combatir a los monopolios. Cada una de las propuestas formará opinión y marcará la agenda política, así como lo hizo en las conferencias mañaneras desde la jefatura del Distrito Federal. ¿Cuánto puede durar ese protagonismo, antes que los otros líderes de su partido lo resientan? Al final de cuentas, un lugar simbólico no tiene materialidad, se trata de un gobierno sin presupuesto, burocracia, ni aparato. Es la otra presidencia, la que se nutre del ritual y el voluntarismo, la que es incapaz de hacer autocrítica, como ya hizo el mismo PRD. A pesar de todo, AMLO tendrá que reinventarse de forma cotidiana, porque fácilmente puede decaer su movimiento.

La otra presidencia podrá ser un contrapeso importante para el gobierno de Felipe Calderón. Pero cuando se termine de instalar el nuevo gobierno, la inercia del poder y la fuerza del aparato, a pesar de todas las debilidades con las que llegará la próxima administración, podrán ser mucho más fuertes que el movimiento opositor que está destinado a perder vigor y fuerza, porque la gente no puede estar todo el tiempo en la calle y en la marcha. ¿Tendrá AMLO la capacidad de transformar su movimiento en una amplia coalición política opositora, que obtenga resultados? De no ser así, después de semanas y meses, el ritual simbólico se desgastará y la otra presidencia puede quedar sólo en una escenificación fársica.

Investigador del CIESAS

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.
 
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