| Tal como se había previsto, la conformación del gabinete, al menos en cuanto a las secretarías de los sectores económico y social, no muestra sorpresa y, por el contrario, confirma que el presidente electo Felipe Calderón comienza su sexenio con demasiadas ataduras que le impedirán desarrollar sus programas de gobierno. Se confirma que no cuenta con personajes en su círculo interno suficientemente preparados en el medio financiero, el más observado por todos y en especial por los organismos internacionales, y que no ha tenido más remedio que recurrir a funcionarios formados en los últimos gobiernos priístas, dominados por la más rígida tecnocracia. También se advierte que el panismo más conservador le ha ganado la partida y que le ha obligado a designar a militantes de reciente ingreso y sin carrera administrativa. Es verdad que Calderón, después de la desastrosa experiencia de Fox -que nombró como secretarios a amigos y recomendados, en su mayoría empresarios y gerentes alejados del priísmo como era esperable, pero igual del PAN- ha tratado de buscar funcionarios y políticos, pero este esfuerzo no significa que haya encontrado la fórmula para quedar bien con quienes lo apoyaron y, lo más importante, garantizar experiencia. Al final, Calderón se habrá separado de los empresarios foxistas pero ha llevado a panistas y economistas sin la necesaria preparación para gobernar. Lo más delicado es que con independencia de que se trate de tecnócratas o panistas, lo predominante es la inexperiencia de los designados. Del llamado gabinete económico, el único secretario que se aparta de esa generalidad es, sin duda alguna, Agustín Carstens, cuya trayectoria tanto en las finanzas públicas del país como en los organismos internacionales, revela que la economía nacional seguirá por el mismo camino y, sobre todo, que está garantizado su manejo responsable. Aun así, la mano del panismo calderonista se nota si, como todo parece indicar, el subsecretario de Egresos (nada menos que del ejercicio del gasto) estará en las manos de Ernesto Cordero, cuya única experiencia en los asuntos financieros se limita a su corto paso por la subsecretaría de Planeación en la Secretaría de Energía, precisamente cuando Calderón fue su titular. A cambio de experiencia, Cordero tiene las ventajas de ser panista y, por encima de todo, amigo del presidente electo. No es nada difícil prever que Carstens va a tener a su lado no a un colaborador sino a un vigilante presidencial, lo que puede provocar un conflicto de lealtades. El resto de funcionarios destacan porque no tienen experiencia o, al menos, no han sido colocados en los puestos adecuados. Entre todos sobresalen Luis Téllez y Eduardo Sojo. El primero es un claro ejemplo de la soberbia tecnocrática y de las limitaciones de esa generación para crear una auténtica especialización en los asuntos públicos. Téllez ha sido prácticamente de todo: desde analista hasta director general en Hacienda, sorpresivo subsecretario de Agricultura, jefe de la Oficina de la Presidencia (nada menos que el cargo que tuvo José Córdoba en los años de Salinas) con Zedillo, y por tres años, secretario de Energía. Con esa variada trayectoria no sorprende que Calderón le vea capacidades para ser el responsable de Comunicaciones y Transportes, lo que no significa, desde luego, que conozca el medio para desempeñarse más allá de lo rutinario. Sojo por fin tiene una secretaría que no pudo conseguir en el gobierno pasado a pesar de su cercanía con Fox. En su "extenso" currículum solamente figuran algunos puestos menores en el INEGI, la coordinación de Planeación Económica en el gobierno de Fox en Guanajuato y la coordinación de Políticas Públicas en la Presidencia que acaba. Con esos méritos Calderón lo ha llevado a la Secretaría de Economía, para encargarse de las políticas industrial y comercial. Tal vez la sociedad debería estar tranquila porque a cambio de su corta experiencia, Sojo ha colaborado en investigaciones con un Premio Nobel, como sus difusores se empeñan en señalar para compensar sus carencias en la administración pública. De Georgina Kessel, Javier Lozano y Rodolfo Elizondo se puede decir lo mismo: o son carreras cortas, como en el caso de Kessel y Elizondo, o dedicadas a otro asunto totalmente distinto del que se les ha encargado, como en el de Lozano. Aunque promete aprender pronto, no se ve cómo podrá enfrentar los asuntos laborales, nada sencillos, con una experiencia en comunicaciones. Lo más peligroso, sin embargo, está en el área social. Con la excepción de Vázquez Mota, el resto no tiene más de tres años en la administración, alguna diputación federal y un periodo como presidentes municipales. Son, a cambio, panistas reconocidos por su conservadurismo e incluso sus posiciones cerradas, como el caso del próximo secretario de Salud, José Angel Córdoba, sin la menor experiencia en el área, pero destacado por su oposición a la "píldora del día siguiente". La dependencia no va a tener proyección sustantiva, pero sí va a oponerse a cualquier medida que la derecha conservadora vea como un atentado a los principios cristianos. Vázquez Mota es un caso aparte. Sin experiencia alguna llegó a ser colaboradora de Fox y ahí se distinguió más que por su aplicación administrativa, por su habilidad política para emplear los recursos sociales al servicio panista y negociar con la oposición. Por eso llegó a ser la responsable de la campaña de Calderón. Perfilada para Gobernación, Vázquez Mota se ha visto marginada no sólo por el panismo sino por el propio presidente electo, quien la ha llevado a Educación Pública sin que tenga conocimiento alguno de la materia, pero con buenas relaciones con Elba Esther Gordillo. Los problemas educativos podrán esperar porque ambas señoras estarán ocupadas en otros menesteres sin duda más productivos. Falta todavía conocer la parte del gabinete más polémica y de la cual dependerán las posibilidades reales de que Calderón pueda acercarse y encontrar apoyo en la oposición. Pero los nombramientos que ha hecho ofrecen un mal precedente, si van a repetir las mismas pautas. Si Calderón privilegia los compromisos, ratificará la militancia panista, tan golpeada por Fox, pero sacrificará capacidad y experiencia. Necesita mucho más que reconocimiento al panismo conservador que lo apoyó. Requiere funcionarios competentes que puedan desarrollar programas de gobierno más allá de sus fobias y construir acuerdos políticos. Hasta ahora, Calderón parece más comprometido con la forma que con el fondo de su gobierno: alejarse de Fox y demostrarle al PAN que es un buen militante. Es seguro que lo consiga, pero por ese camino no habrá gobierno responsable con sus tareas. Investigador de El Colegio de México |