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    Fox y Calderón
Carlos Bazdresch
24 de noviembre de 2006

Hace seis años el presidente Fox se aprestaba a tomar el poder. Contaba con magníficos augurios: una amplia victoria electoral, la simpatía de la población, con la excepción del Subcomandante , el panorama político nacional estaba tranquilo. Además, había en el escenario internacional una actitud favorable al cambio político en México Por su parte, la economía, con la guía de Zedillo, había iniciado un ciclo de crecimiento acelerado. Aun con una deuda externa pesada, había optimismo sobre la posibilidad de aumentar el ritmo del crecimiento económico.

¿Qué pasó con todo eso? Hubo muchos... muchísimos... viajes del señor Presidente. Además de eso, la economía no logró crecer rápido. Por tanto, se experimentó un aumento considerable del desempleo, y de la presión por emigrar. La política migratoria americana evolucionó hacia una postura mucho menos favorable a México y sus emigrantes. Apareció un grave problema de seguridad interna, que, hasta la fecha, parece incontrolable.

El superávit en la balanza de pagos comercial se hizo mucho más dependiente que antes de las ventas de petróleo, y de las maquiladoras cuyas ventas dejaron de crecer en forma tan acelerada. Peor, ocurrió un fraccionamiento de las diversas fuerzas políticas, el cual amenaza con paralizar la vida política del país. Y muchas cosas más.

¿Cuál será el juicio que haremos los mexicanos sobre Fox? Es cierto que el pueblo no abandona a los que considera suyos, pero creo que, al final, este juicio no será halagüeño. Sin embargo, antes de juzgar, vale esperar, pues el consejo de los antiguos era que para juzgar la obra de un gobernante, hay que aguardar hasta que haya dejado el poder. Esperemos pues.

Calderón asumirá la Presidencia de la República en condiciones mucho menos favorables que Fox. El nuevo presidente tendrá que tratar con fuerzas políticas mucho más divididas que su antecesor.

Además, ahora, debe enfrentar un opositor que cuenta con un buen número de seguidores, y que es un político hábil y persistente. Las situaciones en que las fuerzas políticas se fraccionan, y se debilita la capacidad de acción del Estado, se han presentado más de una vez en la historia del país, y nunca han sido de fácil solución. De hecho, el sistema corporativo se originó, en parte, como un remedio frente a la pertinaz dispersión de las fuerzas políticas que ocurrió después de la Revolución.

Por otra parte, en el escenario económico, el panorama no es muy alentador, sobre todo si se toma en cuenta la posible desaceleración de la economía estadounidense, y la creciente competencia de China, Corea y otros países. Además, hay la necesidad de llevar a cabo las reformas: energética, laboral y fiscal, que en el sexenio pasado "no se pudo" realizar.

A esto habría que agregar la acción contra la delincuencia organizada que requiere, no de más pistolas y radios para las policías, pero sí de una mucho mejor comunicación entre la población y los cuerpos de seguridad. La reducción de este problema no es materia de coordinación de los cuerpos policiacos, sino de que haya un efectivo liderato político nacional para resolver este problema. Aquí la nación está en juego.

La atención de estos problemas requeriría que Calderón asuma un liderazgo fuerte sobre las tareas del gobierno, pero eso no basta. La burocracia, por sí misma, no es capaz de realizar la tarea política, pues tiene que pedir instrucciones, y suele tener su propia agenda. Posiblemente, los empresarios quieran ayudar a Calderón, pero tampoco basta, pues ese apoyo -como es natural- no es desinteresado, y no se ajustará del todo al interés nacional.

Calderón debe sumar esos apoyos, pero si no quiere terminar encerrado en Los Pinos, tiene que asumir, dándole el tiempo necesario, que la primera tarea del presidente de la República no es administrar, sino lograr que la mayoría de las distintas fuerzas políticas del país puedan agregar sus fuerzas y capacidades, a fin de construir una verdadera voluntad política nacional, con cuyo poder se pueda avanzar, en forma duradera, en la solución de los problemas importantes del país. De no hacerlo así, tarde o temprano, Calderón acabará sitiado por sus amigos y por sus competidores.

Profesor e investigador del CIDE

 
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PERFIL
 
Maestro en Economía y candidato a Doctor por parte de la Universidad de Harvard. Líneas de investigación: 1) Historia económica mexicana 2) Economía de la Ciencia y la Innovación.

Recientes publicaciones: El pensamiento de Juan F. Noyola, (compilador et. al.) Fondo de Cultura Económica, Noviembre 1984; México. Auge crisis y ajuste, tres volúmenes, Fondo de Cultura Económica, 1992; "La macroeconomía del populismo y la distribución del ingreso en América Latina" con Santiago Levy en E. Dornbush: Populism in Latin America, National Bureau of Economic Research, Chicago Illinois, Octubre 1991.

Correo electrónico: carlos.bazdresch@cide.edu

 
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