| Celebramos el aniversario número 96 del inicio de la Revolución Mexicana. Para la inmensa mayoría de los mexicanos, lo que se recuerda es un confuso proceso mediante el cual nos libramos de un dictador para darle paso a un nuevo régimen, verdadera representación de los deseos del pueblo mexicano. Después de muchos años de adoctrinamiento escolar, los mexicanos pueden repetir lo aprendido: que la Revolución desplazó a un gobierno que vendía el país a los extranjeros, un gobierno bajo el cual la desigualdad era inmensa, un gobierno represor. Basta rascar un poco para que los conocimientos escolares choquen con la realidad: resulta que durante el siglo XX ni mejoramos la distribución, ni estuvimos libres de represión, ni dejó de existir inversión extranjera en el país. Sin embargo, la escuela deja marcas difíciles de borrar. Frente a la evidencia, lo que hacen los mexicanos es buscar, en el siglo XX, razones para defender su creencia en que la Revolución fue un proceso que nos ayudó a mejorar. Y uno puede escuchar cualquier cantidad de excusas: la creación del Seguro Social, el "milagro económico mexicano" del tercer cuarto del siglo, hasta la Reforma Agraria aparece entre ellas. Cuando se enteran de que México no logró crecer, en ese famoso milagro, más de lo que creció Perú, ni llegó cerca de lo que lograron muchos otros países del mundo, uno empieza a ver cómo el enojo inicial se transforma en desazón. No parece posible, para un mexicano, que durante el siglo XX hubiese decenas de países que construyeron sistemas de seguridad social y salud comparables, y mejores, que el mexicano. No suena lógico que haya también decenas de países que crecieron lo mismo o más que nosotros. Es inaceptable que la Reforma Agraria haya repartido pobreza y problemas de tierras. El choque entre la realidad y la creencia es fuerte, y no es extraño que el interlocutor pierda la ecuanimidad, y acabe insultando al inquisidor. Como puede imaginarse, los insultos más comunes tienen que ver con la posición política: "derechista" o "neoliberal" es lo que obtiene uno como respuesta cuando se invita a pensar a un mexicano normal acerca de lo que ocurrió durante el siglo XX. No cabe duda de que el sistema educativo mexicano ha sido un éxito absoluto. Como usted sabe, la educación sirve para dos cosas: para fijar en las mentes de los niños la fuente de legitimidad del Estado y para darles la posibilidad de ganarse la vida. En México, sólo el primer objetivo ha tenido importancia. Nuestra escuela se dedicó a fijar en los niños una explicación del porqué del México actual que consiste en una visión simplista y maniquea del pasado, aderezada de decenas de cuentos, con el fin de que, de mayores, no tuviesen la capacidad de criticar al régimen revolucionario. Entre los mayores de 40 años, es difícil encontrar alguien que haya podido sobrevivir a este adoctrinamiento. Hasta los más acérrimos adversarios del priísmo sufren para criticar la Revolución Mexicana. En parte por la reforma educativa de los años 70, que destrozó al sistema, y en parte por la profunda crisis sufrida por el régimen a inicios de los años 80, los nacidos después de 1960 pudieron escapar, al menos en parte, al adoctrinamiento de sus mayores. Es por ello que es más fácil encontrar, entre menores de 40 años, a mexicanos para los que la Revolución no significa nada. Así que hemos logrado tener dos grupos: uno para el que la Revolución fundó México y otro para el que nada significa. Lo que no hemos logrado hacer es evaluar críticamente a la Revolución y a su régimen. Y esto es indispensable para poder construir un futuro viable. Ignorar la Revolución significa menospreciar un proceso cultural que está grabado con fuego en la mente de millones de mexicanos. Seguir adorándola, o al menos defendiéndola, es un absurdo. Intentar rehacerla, como el "legítimo", es estulticia. Nada surge en el vacío. El México del siglo XXI se construirá sobre la Revolución. Y esto sólo podrá ocurrir cuando evaluemos críticamente el siglo pasado. El siglo de la Revolución. macario@macarios.com.mx Profesor en la EGAP del ITESM-CCM |